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Aquellos “alucines” de Ferreria y un servidor

9 Agosto 2026 at 20:23

Por Pedro “Chory” Carmona

Corría el año de 1990 cuando, en pleno diálogo con Enrique Ferreira en la ciudad de Guadalajara y a punto de terminar ambos la carrera de directores técnicos de fútbol, en la escuela que dirigía Diego Mercado, comentábamos que fuimos los primeros de Hermosillo en buscar un carnet para dirigir equipos profesionales de soccer. No es que fuéramos «muy buenos», pero aventarnos a estudiar fútbol fuera de nuestra ciudad no era nada fácil.

Teníamos la ilusión de que algún día podríamos dirigir algún equipo de ascenso en Hermosillo, ya que, tarde o temprano, el fútbol profesional llegaría a esta ciudad. Alucinábamos con que empresarios hermosillenses, como los Tonella, Gutiérrez o Camou, pudieran entrarle al quite para que la capital de Sonora no solo tuviera béisbol.

La verdad es que Ferreira y un servidor veíamos una oportunidad de desarrollo: crecer como profes en preparación física, técnica y estrategia de este deporte, y poner en práctica lo que habíamos aprendido en nuestra tierra. Éramos conscientes del talento que existía, pues ya se habían exportado jugadores surgidos de los polvorosos campos locales, como el «Fena» Bernal, Aarón Gamal, el «Súper» Ramírez, Martín «Pigüi» Estrella y hasta un servidor, que habíamos estado en el Atlas de Guadalajara. Nos dimos cuenta de que muchos de nuestros compañeros de la Selección Sonora podían haber llegado a algún equipo profesional; solo faltaba «pulirlos». Practicábamos un fútbol «en greña», pero efectivo en muchas ocasiones. El talento ahí estaba: Salim Gataz, «Jícama» Acuña, «El Chayel», Meño Muñoz, Chacho, el «Buy», Rogelio González, Mario Ríos, Carlingas Labandera, Guerra, el «Gallina» Peralta, Germán Moreno, el Pito Gaytán y el «Pico Chulo», por mencionar solo algunos.

Con el tiempo, en Hermosillo se hicieron grandes esfuerzos por tener una franquicia de Tercera División Promocional y nacieron los Seris y los Soles. Pequeños empresarios futboleros le metieron alma, corazón y bofe; por supuesto, también dinero, de acuerdo con sus posibilidades. Sin embargo, la falta de apoyo oficial, la inexperiencia y, súmele, los vivales de la FMF en la rama de la Tercera División —que, como siempre, nunca pierden— dieron al traste con el proyecto.

Más adelante llegaron algunas promociones con equipos de Primera División que disputaron partidos amistosos en el estadio Héroe de Nacozari. Vinieron Chivas, Pumas, Irapuato e incluso la Selección Mexicana de Bora Milutinović. Durante el sexenio de Manlio Fabio Beltrones se anunció que Hermosillo sería la nueva casa del Puebla, de Emilio Maurer. Beltrones emocionó a la afición; sin embargo, Maurer traía serios problemas con la Federación Mexicana de Fútbol y el equipo nunca se quedó. Al final de cuentas, Maurer terminó pisando la cárcel. ¿El motivo? Solo ellos se entienden.

En la era «moderna», la empresa Megacable vio que nuestra ciudad era factible para tener un equipo de ascenso y trajo a los Académicos, filial del Atlas, a los que llamaron Coyotes de Sonora. Recuerdo a su presidente, Juan Íñigo. Era un equipo modesto, pero que practicaba buen fútbol bajo la dirección técnica de Jorge Humberto «Negro» Torres, quien fuera nuestro compañero de equipo en Guadalajara. Tuvieron éxito: llegaron a meter 13 mil personas con boleto pagado. La raza se metió al juego y el equipo calificó a las finales, pero fue eliminado en Querétaro. Entonces el gozo se vino al pozo. Diferencias con la directiva provocaron que Megacable dejara el proyecto y el equipo nunca volvió.

Antes de ellos ya habían estado los Gallos Blancos, que también alborotaron el «gallinero», dirigidos por el «Charal» Domínguez, dándole la oportunidad de jugar al hermosillense Beto Ocejo. Sin embargo, también se los llevaron a la tierra de La Corregidora.

El tiempo no se detiene. En el año 2012 reaparece Enrique Ferreira. Sí, ese que fue mi compañero en la carrera de director técnico; aquel con quien había platicado como estudiante a principios de los noventa. Él, con un camino recorrido dirigiendo con éxito a las Selecciones Sonora, se presentó con un equipo de Tercera División: los Rayos del Poblado Miguel Alemán, a quienes llevó a ser bicampeones nacionales. Primero consiguió el ascenso y posteriormente los convirtió en campeones de la categoría de filiales de equipos de Primera División, lo cual no era cualquier cosa.

Invité al «Súper» Ramírez a ir a verlos jugar a la calle 12. Ahí le llamaron la atención tres jugadores. Uno de ellos era César Montes, cuya historia ya todos conocen; otro era el goleador Rai Villa, quien también hizo carrera en el fútbol profesional; y el tercero era el «Argentino», como él bautizó a Willy Salazar, un mediocampista fino, aunque al final no le alcanzó para consolidarse.

Ese equipo se convirtió en lo que hasta hace poco fueron los Cimarrones de Sonora. Con el tiempo fue adquirido por don Saúl Rojo, un empresario local serio. Anteriormente habían pasado otros empresarios de la localidad, como Félix Tonella e incluso Servando Carvajal, quien se anunció como propietario y hoy se encuentra recluido en un penal de Nayarit, acusado de fraude. Cimarrones fue de más a menos. En resumidas cuentas, el proyecto no resultó el negocio que sus dueños imaginaron.

 

¡Argentina no jugó mal! ¿O sí?

24 Julio 2026 at 15:08

Por Pedro “Chory” Carmona

Cayó el telón y, con ello, ganó el mejor equipo del pasado Mundial: España, la selección que mejor fútbol desarrolló, dinámico y preciso, con un sistema de «toque y rol» (no prestar el balón al rival), un esquema que manejaban de memoria gracias al seguimiento y al buen trabajo que traían los jugadores bajo la dirección técnica de Luis de la Fuente, quien desde 2015 ha dirigido selecciones Sub-15 hasta llegar a la mayor, con grandes resultados en campeonatos internacionales. En logros como este nada es casualidad, aunque a veces la suerte también juega; no fue el caso de España, que ganó con todos los méritos.

Por su parte, a Argentina no le alcanzó, aunque planteó bien su juego. El técnico Lionel Scaloni sabía que tenía pocas posibilidades de triunfo si le jugaba de tú por tú a España. De ahí que planteara un partido largo, dejando correr el tiempo y esperando que apareciera una genialidad de Messi. Sin embargo, el capitán argentino fue marcado por zonas, algo que no resultó tan difícil porque, a sus 39 años, ya no le daban las piernas para soportar la dinámica de una final de Copa del Mundo frente a jugadores como Rodri, Dani Olmo, Oyarzabal y compañía. Súmele que, cuando tomaba el balón, de inmediato le caían uno o dos rivales, lo cometían falta y el juego se detenía. Era evidente que había indicaciones precisas para neutralizarlo.

Aquella final de Italia 90

Fíjense, mis escasos lectores, que esa final me hizo recordar la de Italia 90. En aquel entonces, los argentinos dirigidos por Carlos Salvador Bilardo llegaron a la final frente a Alemania. Diego Armando Maradona era la gran esperanza de la Albiceleste. Ese mismo año había llevado al Napoli al campeonato; anteriormente, en 1987, también los había conducido al «scudetto» y, de paso, a conquistar la Copa de la UEFA. En esos años, solo Dios sabe cuánta cocaína consumió, pero aun así le alcanzaba y todos confiaban en su enorme talento. Algo parecido ocurrió el domingo pasado con Leo Messi.

Y aunque Alemania no jugaba ni la mitad de lo que hoy juega España, ustedes saben lo que siempre han sido los alemanes: tres veces campeones del mundo y con una mentalidad ganadora. Siempre serán peligrosos. La verdad es que Argentina llegaba con pocas posibilidades de llevarse el triunfo, algo parecido a lo sucedido en la pasada final, pues varios de sus principales hombres arribaban «tocados». Ruggeri y Burruchaga solo jugaron el primer tiempo; no pudieron continuar. Maradona, si usted recuerda, disputó ese Mundial infiltrado debido a un esguince de tobillo y su rendimiento no fue el mismo. Además, Caniggia y Olarticoechea estaban suspendidos, pese a haber sido titulares durante el torneo.

Por ello, Carlos Salvador Bilardo planteó el partido de manera muy similar a como lo hizo Scaloni. En Italia 90 estaban en desventaja por todo lo que les he contado y confiaban en una genialidad de Maradona. Déjeme decirle que por poco les salía, porque ese partido lo perdieron 1-0 con gol de Andreas Brehme al minuto 85. De haberse ido a los penales, quién sabe quién habría ganado. Aunque muchos dicen que los penales son una lotería, no estoy de acuerdo. Se necesita capacidad, concentración y que al cobrador no le tiemblen las piernas. Llegados a esa instancia, ya no hay favorito y las cosas se emparejan. Ya no importa si uno de los equipos desarrolló un fútbol más bonito y dinámico.

Eso sí, los porteros influyen muchísimo. Últimamente hay arqueros especialistas en penales y ahí el tema cambia por completo. Ambos guardametas del pasado domingo son muy buenos. El español fue catalogado como el mejor portero del Mundial y, de haber ganado Argentina, no me queda la menor duda de que el «Dibu» Martínez se habría llevado esa distinción.

De ahí que piense que Argentina planteó bien su partido y su estrategia ese domingo. Déjeme decirle que no le convenía hacer presión alta. ¿Qué quiere decir eso? No ir a presionar la salida de España, que es lo que hoy se acostumbra para no dejar jugar al rival. ¿Qué le convenía entonces? Pararse bien atrás, esperarlos como lo hizo, reservar energías y cuidar a Messi para que, al final, «hiciera una de las suyas». Y por poco le salía, porque en tiempos extra hubo una gran llegada iniciada por el número 10 argentino; sin embargo, el jugador que remató envió el balón por encima del arco. No recuerdo su nombre, y con ello se fue la esperanza de empatar e irse a los penales. ¿Qué habría pasado? Imposible saberlo.

Se dice que, para saber quién es quién, estos partidos hay que jugarlos. Argentina hizo lo suyo y España dio cátedra de cómo se debe jugar. Como ya es costumbre, nosotros, como siempre, respetamos su punto de vista.

Lo que ha venido realizando España con su deporte en general durante los últimos 15 años es, sin duda, un ejemplo a seguir. Me pregunto: ¿no sería conveniente que nuestros federativos y directivos del fútbol se echaran un clavado para ver cómo le están haciendo? ¿No creen? ¿O seguimos igual? Y aquí, en Sonora, esperando que salgan otros jugadores para la Selección Mexicana, a la buena de Dios.

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