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Received today — 7 Marzo 2026

Furia Épica fue un error geopolítico

7 Marzo 2026 at 07:35

Si los resultados militares resultan adversos, aunque la dupla Israel-Estados Unidos obtenga la victoria técnica, Irán logrará efectos desequilibrantes en el interior de EE. UU. La población reprobará la aventura

 

Por Manuel Gutiérrez

Ciertamente, sea como sea, Irán sufrirá imposiciones en su forma de gobierno y en el control de sus riquezas petroleras. Estados Unidos, que no escuchó las voces de sus expertos militares, planteó mal la operación en Irán, la cual afecta a una región estratégica en el Medio Oriente y a catorce países.

Trump salió con “sus otros datos” y, con la ligereza propia de los autócratas, estima que en cuatro semanas el teatro de operaciones estará resuelto. Para ello, movilizó dos grupos de tarea (task forces) que incluyen los portaaviones Gerald Ford y el Lincoln, los cuales en conjunto suman 180 aviones para operaciones de caza y bombardeo en la zona; además, cuenta con ese “tercer portaaviones” en tierra llamado Israel.

Sin embargo, los resultados no están saliendo como deberían. La necesidad de más fuerzas amplió la demanda de bases que Inglaterra cedió, como era de esperarse, pero no así España. La guerra coloca en un dilema a algunos socios de la OTAN, tanto por la naturaleza de sus gobiernos como porque no es una guerra en la que la seguridad de esos Estados haya sido amenazada.

Claramente, no hay un motivo para la operación que cubra los aspectos de legalidad y moralidad en la intervención. Trump busca el petróleo, ciertamente, pero su jugada pretende lograr la solidaridad de los judíos estadounidenses al alinearse con el proyecto sionista. Este último pretende usar el poder militar estadounidense para eliminar a sus rivales regionales y continuar con su expansión territorial y las campañas de exterminio emprendidas en Gaza, por ejemplo. Es como si el Israel antiguo hubiera logrado manipular y asociarse con la Roma de su tiempo, usando su poder bélico para arreglar el panorama regional a su favor.

Irán no es una república atrasada con rebaños en el desierto y torres de petróleo. Tiene ciudades modernas, una gran densidad poblacional e identidad propia. Sobre todas las cosas, se recomienda no invadir a Irán, porque es una pesadilla de logística y de control territorial.

Estados Unidos eliminó a Sadam Hussein y finalmente desmanteló al partido panárabe Baaz y al liderazgo de Irak; sin embargo, ese país —que primero emprendió una larga guerra contra Irán— terminó cayendo bajo su influjo. Es decir, la “Tormenta del Desierto” y todas las cruzadas rimbombantes de la era de Bush (quien mintió sobre la existencia de armas nucleares en Irak) terminaron siendo mediatizadas por la realidad: la vecindad con Irán, que sacó provecho y respaldo de su anterior enemigo religioso.

Los expertos militares consideran que no es fácil ni recomendable invadir Irán por su extensión, sus cordilleras montañosas y sus amplios desiertos, que convierten las campañas en una pesadilla. Aquí es donde parte el primer error de Furia Épica: subestima totalmente la capacidad de los pueblos árabes (y persas), que en el peor de los escenarios pueden unirse Si bien se puede tener el dominio militar, no se logra el control real, social y funcional de los pueblos. Esto llevaría a una guerra popular-religiosa prolongada, asimétrica pero arraigada y justificada, para dificultar el aprovechamiento del petróleo y las riquezas de Irán.

Los costos son altos, no solo por el desplazamiento de miles de hombres, barcos y aviones que están en la fase aeronaval de la guerra. El “golpe de mano” que destruyó en su totalidad el edificio en que se encontraba el Ayatolá Jamenei no se ha leído con precisión en Occidente. Millones lloraron por el mártir y se preparan para otra prueba más en la milenaria e historia de la región.

Ciertamente hay prosperidad, clases cultas y bienestar en las clases medias y altas de Irán que ven con buenos ojos la idea de una democracia, pero también proponen cambios en las formas de vida. Hay dos formas de abordar a Irán: como un coto medieval teocrático, cerrado, atrasado y reprimido, o como una sociedad islámica compleja con deseos de reformas. En ambos casos, el régimen —ya sea el del pasado Sah de Irán con su policía Savak, o el de Jamenei con su Guardia Revolucionaria— genera represión sobre miles de personas, pero no la suficiente como para alterar las bases del Estado de manera directa e inmediata. La represión parece ser una forma adjunta de la vida en la sociedad iraní; aunque no sea natural, es una costumbre.

Pero no se emprendió “Furia Épica” por eso. Se emprendió porque Trump desea tomar el poder político de esa sociedad, creando un espejismo de retorno a la monarquía con el hijo del Sah, Mohammad Reza Pahlavi, probablemente si les alcanza para una monarquía acotada constitucionalmente. Trump se dejó manipular por el aventurerismo de Netanyahu y por los “halcones” de Israel, por su propio lobby y porque es una manera de asegurarse un apoyo judío-americano que fluctúa frente a sus diversas políticas internas y externas. Sin embargo, ni a Israel le alcanzaría para una dominación directa de Irán.

La idea de Furia Épica fue precipitada y la resistencia de Irán ha sido mejor de lo esperado. Lanzaron ataques sobre el portaaviones Lincoln, que la Marina estadounidense reduce a “daños menores” (versión única y no comprobada). Las bajas de Estados Unidos en la aventura ya implican tres modernos F-15EX que se dice fueron derribados por las defensas antiaéreas; los pilotos habrían quedado a salvo al eyectarse de los aparatos envueltos en llamas.

Los ataques con misiles impactaron tanto en Qatar como en Kuwait y Arabia Saudita, específicamente en depósitos de petróleo. Incluso algunos misiles llegaron a Chipre, pretexto para que Inglaterra se involucre, ya que pretendían dañar (o dañaron) su base. Hezbolá, desde el Líbano, aprovechó para lanzar misiles contra Israel ocasionando daños y muertes civiles, lo que ya provocó represalias con bombardeos israelíes sobre sus posiciones.

Mientras tanto, sin que Furia Épica lo haya previsto —aunque era una consecuencia lógica—, se cerró el Estrecho de Ormuz, bloqueando el 20% de la navegación mundial y los suministros de crudo. Esto causó una elevación del precio por barril; incluso a Pemex le viene bien esa crisis mundial por el aumento de ingresos, si estuviera en condiciones de aprovecharla.

En el resto del mundo, la posibilidad de escasez de combustible es alarmante y no está asegurada por más de quince días. Por ello, Alemania, Francia e Inglaterra, de forma individual, pretenden sumarse a la fuerza de Israel y Estados Unidos ante la posibilidad de ganar parte del botín y derechos en la región. Pero pensar en eso es todavía ingenuo.

Es el objetivo, pero en Occidente no entendemos la mente de los guerreros orientales. La posibilidad de una guerra santa, de resistencias y actos de terrorismo se elevó exponencialmente. Por otra parte, Rusia no está en posibilidad de mover piezas en el tablero sin involucrar su poder nuclear. China se mantiene a la expectativa, dado que Irán era su principal proveedor de petróleo; pero no por ello jugarán a favor de un Irán que dio “campanazos” tecnológicos con sus drones, atormentando a Ucrania y generando un nuevo modo de guerra. Los misiles hipersónicos son más alarde que realidad, porque no son fáciles de construir ni baratos.

Lo cierto es que, para muchas agencias de información regionales, la aventura —que oficialmente habla de 600 muertos hasta el 2 de marzo en Irán— considera que los estadounidenses ya tienen sus primeras 300 bajas no oficiales, que el mando reduce a solo tres. El segundo error de Furia Épica fue no creer en la capacidad de Irán para dañar blancos estratégicos y concentraciones de tropas. Y eso salió mal.

La operación no desmanteló la unidad de Irán; al contrario, los fortaleció pese a sus diferencias bajo la premisa del ataque “sionista-americano”. De nueva cuenta, reinar sobre un cementerio implica costos de bajas altos y, aunque sean pocos, habrá golpes certeros de Irán en naves significativas. Eso daña la pretensión de guerra y el respaldo a unos Estados Unidos que se meten en un conflicto contra un rival que no representa un riesgo real para su territorio.

Si los resultados militares resultan adversos, aunque la dupla Israel-Estados Unidos obtenga la victoria técnica, Irán logrará efectos desequilibrantes en el interior de EE. UU. La población reprobará la aventura, no justificará la intervención y mucho menos respaldará con votos a Trump. Esta es la tercera indicación de error: provocar un conflicto que tiene repercusión en el escenario electoral nacional.

Lo cierto es que Estados Unidos está actuando como un “pirata” en el escenario geopolítico, pero el sustento de las decisiones es convencer al público de que se está “salvando a los iraníes de un régimen teocrático opresor”, mientras se obtienen beneficios por el control del petróleo y se elimina a un enemigo que dista mucho de tener armas nucleares.

Mientras tanto, para complicar el escenario, Pakistán reacciona contra los talibanes en las zonas fronterizas. Afganistán presenta el mismo problema que la URSS y EE. UU. ya conocieron: lo difícil que es invadirlos y dominarlos por tierra. En el caso afgano, prefirieron dejarlos por su cuenta, al margen de la ética de los talibanes en materia de represión. Por ello, actualmente, nadie quiere ir a una guerra de ese tipo.

Esta vez Trump deseó un “pastel de tres pisos” y su voracidad lo hizo pretender arrancarle partes con las manos. Eso desbarató todo el pastel. La ingesta resulta excesiva y provocará dolor de estómago y hartazgo; queda la sensación de que las cosas no resultaron como se esperaba y no saben cómo salir del embrollo.

Creo que el problema involucrará a más países y fuerzas, con bajas para todos en aras de ganancias hipotéticas. Trump no cambia formas de gobierno ni usa una medida de moralidad; simplemente pone a sus títeres, administra el beneficio y deja todo igual o peor (el caso de Venezuela es elocuente). No es el “campeón de la democracia”.

Privarse del escudo moral para una intervención armada hace vulnerable toda aspiración de dominio. No hubo unas Torres Gemelas, ni un Pearl Harbor, ni una provocación prefabricada; esta vez no hubo ni siquiera una escalada iniciada por terceros. Ese es otro fallo de Furia Épica: los estadounidenses que mueran por intereses de millonarios carecen del consuelo de una causa justa.

México, como parte del bloque y vecino obligado al aventurerismo, debe “besar sapos” y cerrar los ojos, como propone el presidente del PRI, Alejandro Moreno, con gran pragmatismo. Por desgracia, el mundo es un lugar injusto y muchos pueblos están en encrucijadas de las que deberán salir solos o ser hábiles para prevalecer con alianzas precisas, como lo hicimos en el siglo XIX. Es doloroso, pero es el mundo de siempre. Los intereses de los poderosos no son semejantes a los de los mortales comunes.

Queda claro que Furia Épica es una regresión a un orden de cosas inmoral, imperial e intervencionista, sin que ninguno de los otros escenarios se haya resuelto: Gaza, Ucrania, Venezuela o Cuba. Lo importante para ellos es provocar la sorpresa mundial y vender la imagen de un dirigente pleno de poder, pero con muy poca visión de realismo estratégico. Esto le puede costar más caro de lo que cree. Irán puede intentar “ganar perdiendo”.

Pase lo que pase, Irán no desaparecerá. Trump jugó mal su partida con Furia Épica. Lo cierto es que es el gran fracaso de las instancias de derecho internacional y de la misma ONU, organismo que Trump ha desplazado. La idea del gobierno mundial y del consorcio de naciones para resolver crisis mediante el diálogo se fue por el caño, como en el siglo XIX.

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Genocidio católico en Nigeria

21 Febrero 2026 at 08:15

Por Ing. Fernando Gallardo Ybarra

La piragua flotaba como queriendo pasar desapercibida. Veía a los pasajeros contener el aliento, mientras el padre Shanahan desgranaba las cuentas del rosario. El esplendor del Níger pasaba a nuestro alrededor cuando el guía advirtió que una canoa de esclavos se aproximaba.

Era el año 1902; habían pasado solo dos años de la ordenación del espiritano (gentilicio dado a quienes pertenecen a la Congregación del Espíritu Santo) Joseph Shanahan en Dublín, y ya se encontraba camino a su obra misional en Onitsha, Nigeria. La canoa era enorme; rozó nuestra piragua y pudimos ver, bajo cubierta, a decenas de aterrorizados pobladores de esa región de África, hacinados en bodegas, con grilletes en sus tobillos. ¿Su destino? El mercado de esclavos de Badagry.

Transitar por el río en esos tiempos era especialmente peligroso. Esa región era conocida mundialmente como el “cementerio de los blancos”, por el alto índice de mortandad debido a enfermedades como la malaria y la fiebre amarilla. Y el peligro se había multiplicado porque, tras una sangrienta guerra, los británicos habían desmantelado la Confederación Aro, una unión política y económica derivada de la etnia igbo, que había monopolizado el infame comercio de esclavos en los reinos subsaharianos por más de dos siglos.

Llegamos al pueblo de Onitsha. Podía ver el aura del padre. Esa aura ya la había visto antes; la había visto en las catacumbas durante el Imperio romano; la había visto en las Indias y en el Oriente lejano; la había visto en las Américas y en las estepas rusas. Y cuando la veía, sabía que estaba frente a un apóstol de la fe, y sabía que en las tierras del Níger se abriría un nuevo frente de la batalla metafísica.

Hay distintas formas de ver, analizar y estudiar la historia del mundo y las naciones. Dentro de una visión distorsionada y limitada, hay unos que colocan al poder y a los imperios como el eje central; hay otros que ponen a la economía y a la ciencia; y hay quienes inventaron una supuesta lucha de clases y la colocan como el eje principal. La verdad es que absolutamente todos los hitos y hechos relevantes de la historia están subordinados y supeditados a solo dos grandes acontecimientos, y todo lo que pasa, indefectiblemente, apunta a ellos: el primero ya pasó hace 1996 años en la cima del Gólgota y el segundo, que solo Dios sabe cuándo llegará, lo llamamos parusía.

En ese devenir histórico existe una lucha que muy pocos quieren ver. Una lucha que quedó clara en Quarantania, el monte de la tentación, donde Satanás tentó a Nuestro Señor. Es una batalla metafísica por las almas. Es una guerra que se desarrolla dentro de cada individuo, como el gran Job sabiamente lo dijera, y dentro de cada familia, comunidad, Estado y nación. Es una batalla universal y perenne, y es mi labor andar por el mundo haciendo registro de los eventos donde esta lucha se manifiesta con mayor trascendencia.

En la tarde del día 3 de febrero de 2026, un comando de extremistas islámicos llamados Lacurawa, una facción del grupo terrorista Boko Haram, irrumpió en los pueblos de Woro y Nuku y asesinó a sangre fría a 168 pobladores; 23 eran católicos… Días después, en Karku, los mismos terroristas asesinaron a 3 católicos y secuestraron a 11, entre ellos, a un sacerdote.

En Nigeria está ocurriendo un genocidio de católicos del que pocos hablan. Desde el surgimiento de la secta terrorista islámica yihadista Boko Haram han sido asesinados más de 53 mil católicos: niños, ancianos, mujeres, jóvenes, religiosas y sacerdotes; miles de iglesias y escuelas han sido incineradas, y más de 8 millones de católicos han sido desplazados. Y es que, donde la obra de Cristo empieza a florecer, aparece luego el mal para destruirla.

Ya ha transcurrido más de un siglo desde la llegada de Su Excelencia, el obispo Joseph Shanahan, a Nigeria, y se pueden ver los frutos de la fe, el trabajo persistente y el enorme valor y caridad de los misioneros. Ellos fueron los primeros en defender y cuidar a los pobladores del secuestro y la venta como esclavos, hasta detener esta horrorosa práctica con la bula y condena del Obispo de Roma. Hoy, en el año 2026 del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, esta nación es la segunda con mayor población católica de África: más de 35 millones de almas bautizadas. Y es una de las regiones del mundo que más conversiones tiene, mientras que, en lo que queda de los grandes reinos católicos occidentales, hay cada día menos creyentes.

Esta milenaria y perpetua guerra seguirá, porque el odio transformado en ser inmortal nunca dejará de impulsar los gatillos del feroz anticristianismo, así como impulsó a Nerón y Diocleciano en Roma, a los almohades en el al-Ándalus, a los bajás en Armenia y a Lenin y Stalin en Rusia. Seguirá contagiando el odio, el terror y la muerte contra el cuerpo místico conformado por quienes han recibido el bautismo. Nuestro Divino Maestro, con su vida, pasión y muerte, dejó muy clara la senda del católico. E instruyéndonos también con su palabra, nos advertía: «Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo». Marcos 13:13. No. 3

 

*Coordinador del club de liderazgo Jaguares y Águilas

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EL PROFETA: Davos y un nuevo orden mundial

8 Febrero 2026 at 14:20

“En lo más secreto de los libros de la vida hay escrita una ley: si miras una cosa novecientas noventa y nueve veces no corres ningún peligro, pero si la miras de nuevo, la vez número mil, entonces corres el espantoso riesgo de verla por primera vez”. 

—G. K. Chesterton

 

Por Fernando Gallardo

Solo observo y analizo para guardar registro; por siglos es la tarea que se me ha encomendado. ¿Bendición la mía? No lo sé. Así estaba escrito: esta es su voluntad y me someto a ella porque ¿cómo podría no ser así, si yo vi al Hijo cargando el peso y la culpa de toda la malicia, perversidad, crueldad y hedonismo de la humanidad? Lo vi desde Getsemaní al Gólgota; lo vi aceptar con su humanidad esa carga, sometiéndose a la voluntad de su Padre; lo vi sacrificarse y sufrir lo indecible por un amor que nuestro lenguaje no puede describir.

Tengo que andar por todos los rincones del mundo y por todos los siglos hasta la parusía. Me pueden ver, escuchar y tocar, pero algo sobrenatural impide que mi presencia guarde registro en la mente de quien interactúa conmigo y en todo artefacto también: una fotografía no captura mi imagen; un aparato de grabación de audio no almacena ningún sonido que produzca. Y si muevo algo, cualquier cosa, esta regresa a la posición original, como si nada hubiera hecho.

Es el año 2026 del nacimiento del Salvador, el año 6786 del nacimiento de nuestro padre Adán. Llevo 3816 años andando por el mundo, pero no soy el judío errante —él sí está maldito y más adelante daré cuenta de su historia—. En uno de los lugares en los que estoy en este momento se está llevando a cabo una reunión de jefes de Estado y propietarios de fortunas gigantescas. En otro lugar en el que también estoy, pobladores de Minnesota protestan por el trato brutal del personal responsable de controlar la migración ilegal, quienes ya mataron a dos pobladores a sangre fría. ¿Qué puedo decir? He visto tantas armas arrancando la vida de millones y millones de personas… Ojalá pudieran entender, pero esto no va a pasar.

Corre el mes de enero del calendario gregoriano. En la reunión hay mucho alboroto derivado de un discurso emitido por el actual jefe del pueblo canadiense —creo que nunca podré acostumbrarme a eso de los países, presidentes y primeros ministros—. Se llama Mark: un sujeto educado que tuvo la bendición de nacer en una familia, lugar y tiempo con beneficios y satisfactores que tan solo un pequeño porcentaje de las más de 107 mil millones de personas nacidas en toda la historia pudo disfrutar. Incluso tuvo la oportunidad de abrevar sus altos estudios en Harvard y Oxford, dos de los institutos donde confluyen los hijos de las élites de los pueblos anglicanos y puritanos.

¿Y qué con el discurso? Que lo he escuchado tantas veces como generaciones, naciones y pueblos ha habido. Y es que en el poder es más común encontrarse con estercoleros morales llenos de muerte, corrupción y demagogia que con paisajes de virtud colmados de vida, armonía y transparencia. Yo vi al Sr. Mark Carney: él fue operador y promotor del modelo político y económico que causó los males de los que ahora se queja en el discurso. Modelo político y económico con el que se amasaron fortunas personales más grandes que economías de naciones completas, a costa del sacrificio, sufrimiento, trabajo y vida de millones de seres humanos en toda latitud. Ahora, de forma hipócrita y oportunista, rompen con el viejo orden que ese mismo grupo promovió. Carney actúa como vocero del poder económico internacional y ahora invita a los pueblos más desafortunados a construir otro nuevo orden. El mundo lo escuchó decir: “…construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados”. Y es aquí donde la demagogia se vuelve protagonista. Aquí es donde los eventos se repiten.

Al viejo orden lo antecedió otro orden y antes hubo otro; y en cada cambio de orden salió un vocero del poder en turno, en algún foro donde se juntan las élites, a dictar, en esencia, el mismo discurso: romper con el viejo orden para instalar uno nuevo. A la distancia puede verse como un juego, y en el fondo sí lo es: un juego perverso donde los únicos beneficiados son las élites que se reúnen en esos eventos. Yo he estado ahí; he escuchado los cuchicheos jactanciosos en los que se reparten el fruto del trabajo y la vida de quienes se supone deberían cuidar. No les importa nada más que el poder, el dinero, el placer y la fama.

Los pecados capitales de Luzbel perviven y traspasan los siglos para pervertir a quienes tienen la responsabilidad de guiar y cuidar a sus pueblos; así como a Nerón en Roma, Yang de Sui en China, Ahuízotl en Mesoamérica o Stalin en Rusia. Para aquellos jefes de los pueblos actuales, invadidos por la soberbia, la envidia y la ira, las personas son solo súbditos: un número, un registro estadístico, un costo y, sobre todo, el combustible que se quema para mover la maquinaria que sostiene los feudos de las élites.

Mientras en Davos se difunde el nuevo engaño, el nuevo enemigo a vencer, el nuevo orden mundial a seguir para que la maquinaria continúe trabajando a su favor, en otros lugares una madre ayuda a sus pequeños con las tareas de la escuela; un joven se cultiva con un buen libro; un pequeño empresario motiva a su equipo a crecer; un padre de familia termina satisfactoriamente su jornada de trabajo; un sacerdote oficia una misa, y una abuela reza un rosario por el alma de sus nietos.

¿Mi identidad…? Eso luego lo veremos… A seguir mi andar por el mundo. A seguir observando y escuchando para guardar cuidadoso registro de los eventos más importantes de la batalla metafísica; que si miras de nuevo, la número mil, la verás entonces con toda claridad. No. 1

*Ing. Fernando Gallardo Ybarra

Coordinador del club de liderazgo Jaguares y Águilas

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