A tres décadas del “trenazo” que cobró la vida de 34 personas en el cruce ferroviario de la Avenida Santa Rosa en Mazatlán, familiares de las víctimas lamentaron que las autoridades no cumplieran las promesas realizadas tras la tragedia y advirtieron que las imprudencias de algunos choferes del transporte público continúan poniendo en riesgo a la población.
María Estela Cruz Lizárraga, quien perdió a sus hijos Óscar Mauricio García Cruz, de 18 años, y Yuniria Elidied García Cruz, de 14, en el accidente ocurrido el 31 de mayo de 1996, señaló que uno de los principales compromisos asumidos por las autoridades fue la construcción de un paso a desnivel en la zona, obra que nunca se concretó.
“No se ha cumplido lo que se prometió, que iban a hacer un paso a desnivel; ya son 30 años y no lo hicieron. Los choferes de los camiones todavía siguen en lo mismo, con su música alta, vienen con el teléfono, viendo el celular, no hacen caso, vienen acelerados, van jugando carreritas, o sea, es algo que no ha tenido una buena solución para nadie a pesar de todo lo que ha pasado”, dijo Cruz Lizárraga.
La madre de familia recordó que incluso antes de la tragedia ya se había registrado un accidente similar en el mismo cruce ferroviarios de la ciudad, por lo que consideró que las autoridades no actuaron con la seriedad necesaria para prevenir una catástrofe de mayores dimensiones.
“Anteriormente a este accidente ya había habido otro, y a pesar de todo eso, no hubo algo que detuviera, que frenara esos hechos para que no volviera a ocurrir. Sin embargo ocurrió, y fue más grande, lo que todos sabemos que pasó”, manifestó.
Al recordar el accidente ocurrido hace 30 años, Cruz Lizárraga reconoció que el dolor permanece intacto pese al paso del tiempo.
“Muy dolida; porque a pesar de que ya son 30 años, para mí parece que fue ayer. Me faltan mis hijos, mi familia no está completa y me duele todavía. Trato de sobrellevarlo, porque no lo puedo olvidar, no he logrado superarlo, la verdad”, confesó.
Ante la falta de cumplimiento de las promesas realizadas tras la tragedia, pidió a las autoridades asumir su responsabilidad y reforzar las acciones de prevención en los cruces ferroviarios de la ciudad.
“Que tomen cartas en el asunto, que hagan lo que tengan que hacer, que hagan su trabajo, porque no lo están haciendo. Siguen dándose accidentes de este tipo en todas las vías que hay en la ciudad”, reclamó.
Como sobreviviente, relató que las secuelas del accidente no fueron únicamente emocionales.
Explicó que sufrió una tromboflebitis derivada de los golpes que recibió durante el impacto y que posteriormente enfrentó cáncer de mama, enfermedad que relaciona con las lesiones sufridas aquel día.
“Yo el único apoyo que tengo es venir y pedirle a Dios que me dé la fortaleza para seguir adelante, porque todavía tengo un hijo que me quedó vivo de ese accidente. Él iba a cumplir 5 años y ahorita ya tiene 35. Con el favor de Dios me dejó uno todavía, y por él sigo adelante, por él le hecho ganas a pesar de todo. Yo he sufrido mucho después de ese accidente”.
Las alertas que pudieron cambiar la historia
Compartió además, que una serie de situaciones que hoy interpreta como señales, pudieron haber evitado que abordara el camión de la ruta Jabalíes involucrado en el accidente.
Sin embargo, no logró percatarse ni imaginarse lo que después vendría.
Recordó que una demora para comprar hamburguesas, la invitación de unos conocidos para esperar un viaje posterior y la intención de bajar antes para hacer compras fueron circunstancias que finalmente no ocurrieron y que terminaron llevándola a abordar la unidad.
Agregó que a pesar de haber perdido a dos de sus hijos, María Estela encontró fuerzas para seguir adelante por el menor de ellos, quien sobrevivió al accidente gracias a la ayuda de su hermano mayor, quien en ese momento era parte de los Bomberos y tenía conocimiento sobre rescate.
A 30 años del trágico accidente conocido como el “trenazo”, que cobró la vida de 34 personas el 31 de mayo de 1996, familiares de las víctimas se reunieron este domingo para honrar la memoria de sus seres queridos mediante una misa conmemorativa celebrada en la Parroquia del Divino Redentor, en la colonia Fovissste Jabalíes.
Decenas de personas participaron en la eucaristía para pedir por el descanso eterno de quienes fallecieron aquella noche, entre ellos numerosos estudiantes que viajaban a bordo del camión urbano Jabalíes cuando fue impactado por el tren en el cruce de la avenida Santa Rosa, en el Infonavit Jabalíes.
Durante la ceremonia, los asistentes llevaron fotografías, cuadros y mantas con los rostros de las víctimas, en un ambiente marcado por los recuerdos, la nostalgia y el acompañamiento mutuo entre familias que continúan enfrentando la ausencia de sus seres queridos.
El Padre Heriberto Gastélum, encargado de oficiar la misa, dirigió un mensaje de consuelo a los presentes y destacó la importancia de mantener viva la esperanza desde la fe cristiana para no perderse en la tristeza y melancolía.
“Hoy recordamos a los que por desgracia fallecieron en el “trenazo” de aquel 31 de mayo de 1996. Recordarlo no es ponerle un limón en la herida, sino reconocer el sufrimiento que envolvió, y de manera muy particular, a esta comunidad, donde se respiraba un aire de tristeza, de desilusión”, expresó el Padre.
El presbítero señaló que, aunque han transcurrido tres décadas desde la tragedia, el acontecimiento sigue presente en la memoria colectiva de la ciudad y especialmente de las colonias cercanas a las vías del tren.
“Fue un acontecimiento que aunque han pasado 30 años, lo seguimos recordando año con año por las redes sociales o los reportajes de los medios de comunicación; sin embargo, nuestra mirada no puede adelantarse únicamente en el pasado, un pasado oscuro, que evidentemente ha dejado heridas que difícilmente pueden sanar”, añadió.
Asimismo, invitó a los familiares a aferrarse a la esperanza de la vida eterna. “Sabemos que la vida del ser humano no termina en el sepulcro, ya que si creemos en Cristo, morimos con él, vamos a resucitar también con él”, manifestó durante la homilía.
Al concluir la celebración religiosa, los asistentes permanecieron algunos minutos en el templo para realizar oraciones y compartir recuerdos con otras personas que también perdieron familiares en el accidente que marcó la historia reciente de Mazatlán.
30 AÑOS DE UNA PROMESA A SU HIJA
Por otro lado, el señor Juan López cumplió una vez más con la tradición que ha mantenido durante tres décadas: acudir al sitio donde ocurrió la tragedia para rendir homenaje a su hija, Mireya Magdalena López Osuna, una de las jóvenes que perdió la vida en el accidente.
Mireya tenía 18 años de edad, estudiaba Trabajo Social en la UAS y realizaba prácticas en el IMSS cuando falleció. Cada 31 de mayo, así como cada 4 de octubre, fecha de su cumpleaños, su padre acude a recordarla con flores, manteniendo vivo el vínculo con su memoria a 30 años de aquella tragedia que dejó una profunda huella en la comunidad mazatleca.
MAZATLÁN._ Hace 30 años, en el cruce de las vías del ferrocarril y la avenida Santa Rosa, el tren arrolló a un camión de pasajeros dejando 34 personas muertas de un total de 48 pasajeros que llevaba, lo que lo convirtió en una de las mayores tragedias registradas en Mazatlán.
Eran cerca de las 21:20 horas del 31 de mayo de 1996 cuando un camión urbano de los denominados “Colosio” cubría su ruta del Centro al norte de la ciudad y, al llegar a dicho cruce del ferrocarril, su conductor no hizo alto, por lo que la unidad fue impactada en su costado derecho por la locomotora, arrastrándolo unos 200 metros.
De acuerdo con la información que se dio a conocer en su momento, de las diligencias de los sobrevivientes, el exceso de velocidad con que era conducido el camión, el sobrecupo de pasajeros, la imprudencia del chofer y el equipo de sonido con alto volumen que llevaba fueron las causas de la tragedia.
El conductor del camión no detuvo su marcha antes de cruzar las vías del ferrocarril en la avenida Santa Rosa, por lo que se le atravesó al tren que se movía a entre 50 y 70 kilómetros por hora y la unidad de pasajeros fue arrastrada más de 200 metros rumbo al norte, dejando a los lados los cuerpos de 34 pasajeros que fallecieron, 14 más lograron sobrevivir y fueron trasladadas por equipos de emergencia a diferentes hospitales.
Los tripulantes del tren, en ese entonces Ferrocarriles Nacionales de México, declararon ante el Ministerio Público que salieron momentos antes de la Estación en Mazatlán y que aplicaron todas las medidas de seguridad necesarias para evitar el impacto, pero parar una máquina de 180 toneladas y tres vagones más del mismo peso, a una velocidad de entre 50 a 70 kilómetros por hora en un tramo de 35 metros, fue una tarea imposible.
“Cuando iba aproximadamente a 100 metros del crucero me di cuenta que un camión de pasajeros de los denominado ‘Colosio’, blanco con verde, venía de poniente a oriente, pero pensé que se iba a detener, ya que el tren tiene derecho de paso”, relató Elías Flores Peña, maquinista del convoy conocido como Tren Bala ante la autoridad ministerial.
“Pero el camión comenzó a subir la cuesta, nunca se detuvo y ya estando a 35 metros aproximadamente apliqué el freno de emergencia, pero no respondió por el peso de la máquina y de los vagones. Me impacté con el frente del tren en el centro del lado derecho del autobús, y como el tren no lograba pararse, arrastró al autobús aproximadamente 300 metros hacia el norte, por la vía principal, hasta que se detuvo”.
Por testimonios emitidos tras el percance, se supo que lo primero para los pasajeros del camión urbano fue el golpe, después los gritos, la pérdida de conciencia y para 34 de ellos la muerte.
Por estos hechos fue procesado como el principal responsable de la tragedia el chofer de la unidad tipo “Colosio”, Juan Carlos Ramírez de los Ángeles, quien declaró ante el Ministerio Público que nunca vio que se acercaba el tren.
“Ya en la noche recuerdo que eché la última vuelta y recuerdo que no llevaba mucho pasaje, que llevaba como 15 pasajeros sentados y al llegar a las vías hice alto total tal como siempre lo hacía, abajo de las vías”, declaró ante el Ministerio Público, de acuerdo con lo que se difundió públicamente en su momento.
“Recuerdo que no vi nada, por lo que me dejé ir a cruzar las vías y no recuerdo que alguien me haya dicho algo, pero de repente sentí un despegón de mi lado, es decir un golpe, y ya no recuerdo nada de lo que pasó después”.
Ramírez de los Santos fue condenado a purgar cuatro años y seis meses de prisión, de los cuales solamente compurgó la mitad por presentar buena conducta en el entonces Centro de Readaptación Social, ahora Centro Penitenciario El Castillo.
A 30 años de esta tragedia, este jueves 28 de mayo personal del Ayuntamiento de Mazatlán realizó labores de limpieza a orillas del ferrocarril donde ocurrió la tragedia y el área donde al año siguiente se construyó un memorial en honor a las víctimas de estos hechos.
Ahí fueron inscritos los nombres de cada una de las 34 víctimas mortales de este accidente conocido como “el trenazo” en la avenida Santa Rosa.
Por eso ahora ya no hay basura sobre las cruces en memoria de algunas de las víctimas que fueron colocadas a orillas de las vías como hasta principios de esta semana, en espera de que familiares de las víctimas acudan a llevarles ofrendas florales o veladoras a 30 años de estos hechos trágicos.
Testigos de la zona
El señor Arturo Castro recuerda que vivía en el fraccionamiento Fovissste Playa Azul, ubicado al costado sur de las vías, y la noche de la tragedia le tocó apoyar alumbrando a los elementos de los cuerpos de emergencia para buscar a las personas heridas y llevarlas a hospitales para su atención médica.
“Me tocó andar ahí, fíjese, yo vivía aquí en el Fovissste y estaba en la casa cuando se oyó el ruido, fui a un mandado y cuando regresé fue cuando me enteré, yo creo que salí cuando mucho unos 20 minutos, y cuando regresé a la casa fue cuando me enteré que había pasado ese accidente, sería como las 09:00 y feria cuando sucedió, yo cuando me enteré la eran como las 10:00 (de la noche), pero estaba reciente”, recordó en entrevista.
“De hecho me tocó ayudar (en las labores de rescate), lo que pasa es que yo antes tenía un vicio de la luz, de las lámparas y todo eso, hicimos un equipo ahí de baterías de carro para traer luz, incluso cuando llegamos a la barda perimetral de aquí del Fovissste nos pararon los soldados y nos dijeron aquí no pueden pasar, y les dijimos traemos luz, lámparas y eso para ayudar, porque en ese tiempo era puro monte y sí accedimos con un soldado cuidándonos a nosotros y ya después nos inmiscuimos ahí en ayudar, más que nada en aluzar y eso”.
Arturo dijo que en su caso se abocó a ayudar alumbrando a quienes realizaban las labores de rescate, pero sí fue algo muy fuerte. Se retiró cerca de la 01:00 de la mañana, después de que terminó el movimiento de los cuerpos de rescate, ya lo demás fueron diligencias a cargo del Ministerio Público en caso de las personas que perdieron la vida.
También manifestó que a lo largo de estas tres décadas ha habido varios accidentes en los cruces del ferrocarril, de hecho fue socorrista de la Comisión Nacional de Emergencias y le tocó atender el caso en el que el tren arrolló a un camión de transporte de personal en el área de Cerritos el 22 de diciembre de 2015, que dejó cinco personas fallecidas y más de 20 trabajadores heridos.
“En ese tiempo del trenazo yo empezaba más en el grupo de Comisión Nacional de Emergencias, y sí ahí empezamos en abanderamiento y todo eso, ya poco a poco fue creciendo el grupo, ambulancias y eso y ya empezamos con el socorrismo”, recordó.
A tres décadas de la tragedia en las vías del ferrocarril de la avenida Santa Rosa, dijo que la misma gente provoca que fallen las medidas de seguridad porque si ponen las plumas en los cruces ferroviarios los mismos conductores las chocan con sus unidades y se quiebran y dura mucho tiempo para que las repongan.
“Como estas hay veces que jalan y hay veces que no (en la avenida Santa Rosa), si se va a la avenida Atlántico las plumas ya no están, o sea, las medidas de seguridad falta mucho y más conciencia de la gente”, agregó Arturo.
“La consciencia está en uno, uno es el que trae el vehículo, es el que debe tener la mayor medida de seguridad al cruzar las vías del ferrocarril, ahora estas vías que están ahí (en la avenida Santa Rosa) están muy separadas, ya ha habido gente que se ha caído últimamente, entonces hace falta arreglar ahí, en la separación que tiene ya ha habido personas que se han caído, incluso un carro se quebró ahí, esa es una de las prioridades ahorita, arreglar bien ahí”.
Precisó que el vehículo que se quedó entre las vías duró como 10 minutos en ese lugar, pero varias personas apoyaron y lo movieron, por lo que se debe acondicionar mejor el sitio.
“Se debe crear conciencia con la gente también porque somos los primeros, somos los más burros, la verdad”, continuó Arturo, “y la otra es que ellos (quienes operan los ferrocarriles) deben tomar sus medidas de seguridad también para que no haya ese tipo de incidentes, más que nada está en la gente”.