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Received today — 12 Marzo 2026

El kakapo, el loro de Nueva Zelanda al borde de la extinción que tiene su propio directo 24 horas: la especie no se reproducía desde 2022

12 Marzo 2026 at 03:50
Ejemplar de kakapo. (Departamento de Conservación/Wikimedia Commons)

En la actualidad, solamente quedan 236 ejemplares de kakapos (Strigops habroptilus), un loro nocturno de Nueva Zelanda de grandes dimensiones y que entre sus particularidades se encuentra la imposibilidad de volar. Esta cifra, aunque muy reducida, es considerada entre los conservacionistas de la especie como todo un éxito, ya que en los años 90 del siglo XX únicamente se contaban 51 individuos.

Esta extraña ave ha experimentado un importante hito a principios de este 2026: se ha producido la primera temporada de reproducción y cría desde 2022, por lo que la última vez que el kakapo había tenido descendencia había sido hace cuatro años.

Aunque la fascinación por esta especie no es nueva, ya que sus inusuales rituales de apareamiento y el hecho de ser un ave extremadamente rara han cautivado durante años a amantes de la naturaleza, en las últimas semanas se ha incrementado. Uno de los motivos principales de este interés en aumento es el hecho de que el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda ha lanzado una transmisión en vivo para observar el comportamiento de una hembra con sus recién nacidas crías.

Este directo, nombrado Kākāpō Cam y que puede seguirse las 24 horas del día, agrupa audiencias de cientos o miles de espectadores que cada minuto comentan en el chat como si asistiesen a un verdadero reality show.

El kakapo no tenía descendencia desde 2022

“Siempre es emocionante cuando comienza oficialmente la temporada de cría, pero este año se siente especialmente esperado después de un lapso tan grande desde la última temporada en 2022″, ha señalado Deidre Vercoe, gerente de operaciones para la recuperación del kakapo del Departamento de Conservación (DOC). “Ahora que está en marcha, esperamos más apareamientos durante el próximo mes y nos estamos preparando para lo que podría ser la temporada de reproducción más grande desde que comenzó el programa hace 30 años.

El éxito reproductivo que la especie está teniendo este 2026 se debe a su sincronización con la naturaleza local, que resulta fundamental para que tenga crías. El kakapo se reproduce cada dos a cuatro años, coincidiendo con la fructificación masiva de los árboles rimu (Dacrydium cupressinum), una conífera autóctona de Nueva Zelanda. La abundancia de su fruto, de un color rojo brillante, es lo que motiva que se active el ciclo vital del loro.

Ejemplar de kakapo. (Oscar Thomas/iNaturalist CC BY-NC-ND 4.0)

Un ave en peligro crítico de extinción

Pese a que antiguamente el kakapo gozó de una gran extensión por toda Nueva Zelanda, su población sufrió un grave declive debido a la caza, los depredadores y la pérdida de hábitat, por lo que a mediados del siglo XX llegó casi a desaparecer. Es por este motivo por el que en la actualidad se encuentra catalogado como “en peligro crítico de extinción” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el grado de amenaza más elevado antes de su desaparición en estado salvaje.

Según señala el organismo en su Lista Roja, el kakapo se ha visto afectado por gatos, armiños introducidos (Mustela erminea) y ratas negras (Rattus rattus), que atacan los huevos y a los polluelos. Además, “la fertilidad anormalmente baja de los huevos y las tasas de reproducción natural y reclutamiento extremadamente bajas son preocupaciones importantes”. Algunas enfermedades han contribuido a su disminución.

En la actualidad y desde hace ya 30 años, el Programa de Recuperación de Kakapo del DOC y Ngāi Tahu trabaja por la conservación de la especie. De hecho, consiguieron que la población aumentase de 51 a 252 en 2022. Para llevar a cabo estas labores, se monitoriza permanentemente a los ejemplares con pequeños transmisores de radio colocados a sus espaldas. Las tres islas costeras en las habitan se encuentran protegidas: Isla Codfish (Whenua Hou), Isla Anchor (Pukenui) e Isla Chalky (Te Kāhaku).

Ejemplar de kakapo. (Oscar Thomas/iNaturalist CC BY-NC-ND 4.0)

Kakapo Cam: el directo 24 horas de Rakiura

La transmisión en vivo permite seguir el día a día de Rakiura, una hembra de Kakapo de 24 años que ha tenido recientemente dos crías: Vori-A1-2026, nacida el pasado 24 de febrero y transferida a otra madre de acogida, y Nora A2-2026, el 2 de marzo, que se encuentra con Rakiura en el nido subterráneo, escondido bajo las raíces de un árbol rata.

Según señala el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda, esta cámara en vivo tiene tres funciones: en primer lugar, ayudar a los científicos a aprender sobre el comportamiento de anidación; en segundo lugar, permitir a las personas de todo el mundo observar sin molestar a las aves, y, en tercer lugar, generar apoyo para proteger “una de las aves más singulares de Aotearoa”. De esta manera, se genera conocimiento y conciencia, fundamentales para que la idea de que es necesario proteger la biodiversidad se extienda.

El objetivo del programa de recuperación de la especie no es únicamente que aumente el censo de polluelos, sino que poco a poco los kakapos recuperen su autonomía en el medio natural sin intervención humana intensiva. Por este motivo, durante esta temporada de reproducción han optado por “priorizar la revisión de huevos y polluelos con valor genético, dejar más huevos para que eclosionen en nidos en lugar de incubadoras, reducir la interferencia con los nidos para las madres que crían varios polluelos y reducir la alimentación suplementaria”.

Marta Jiménez, neuropsicóloga: “Tú puedes pedirle a alguien que cambie algo, pero eso no te garantiza que vaya a hacerlo”

12 Marzo 2026 at 01:43
La neuropsicóloga Marta Jiménez explica la diferencia entre una petición y un límite. (Freepik)

En el terreno de las relaciones personales, no siempre es fácil identificar dónde termina la comprensión hacia los demás y dónde empieza la necesidad de protegerse a uno mismo. Muchas personas se encuentran en situaciones en las que algo les incomoda o les hace daño, pero aun así dudan a la hora de reaccionar. No siempre resulta sencillo saber qué hacer cuando el malestar se repite y la otra persona no modifica su comportamiento.

Poner límites es una de esas habilidades emocionales que, aunque se mencionan con frecuencia en el discurso sobre bienestar psicológico, a menudo generan dudas en la práctica. A veces se confunde con ser tajante, con generar conflictos o incluso con romper vínculos. Sin embargo, en muchos casos se trata de una herramienta para preservar el propio bienestar sin necesidad de confrontaciones innecesarias.

En ese contexto aparece también otra idea que suele mezclarse con la anterior: la de hacer peticiones. Pedir algo a otra persona, expresar una incomodidad o manifestar una necesidad forma parte de cualquier relación interpersonal. Sin embargo, no siempre está claro qué diferencia existe entre pedir algo y marcar un límite cuando ese pedido no se cumple.

Establecer límites es fundamental para el bienestar personal. (Freepik)

La neuropsicóloga Marta Jiménez (@martajimenezpsicologia en TikTok) propone una forma sencilla de entender esta diferencia a través de un ejemplo cotidiano. “Hoy quiero que aprendas la diferencia entre una petición y un límite”, explica.

La diferencia entre la petición y el límite

“Imagínate que una madre y un hijo están en un ascensor y que el niño empieza a pulsar todos los botones”, plantea. En ese momento, según explica, la madre puede optar por formular una petición. “‘Oye, por favor, me gustaría que no pulsaras los botones del ascensor’”. La petición consiste en expresar lo que uno desea que ocurra, confiando en que la otra persona atienda a esa solicitud.

Cuando una persona no atiende a una petición, es momento de establecer un límite para priorizarse. (Freepik)

Sin embargo, una petición no implica necesariamente que el comportamiento vaya a cambiar. La otra persona puede escucharla, ignorarla o simplemente no ser capaz de modificar su conducta. “Puedes volver a entrar en el ascensor con el niño y el niño seguramente vuelva a pulsar todos los botones”, explica Jiménez.

Es en ese momento cuando aparece el segundo concepto: el límite. Mientras que la petición depende de la respuesta del otro, el límite se centra en la propia acción para impedir que la situación vuelva a repetirse. “Ahí es donde entra el concepto de límite, que sería cuando la madre se interpone entre los botones del ascensor y el niño y no le va a permitir ejecutar la acción”, afirma.

El ejemplo ilustra una diferencia que también se reproduce en las relaciones. Muchas personas expresan su malestar o piden cambios en determinadas conductas, pero se quedan bloqueadas cuando esos cambios no llegan. La especialista traslada el mismo razonamiento al ámbito interpersonal. “Tú puedes pedirle a alguien que cambie algo, pero eso no te garantiza que vaya a cambiar”, señala.

El punto clave, según explica, aparece cuando la petición no obtiene respuesta. En ese momento, la decisión ya no depende de la otra persona, sino de uno mismo y de la capacidad de proteger el propio bienestar. “Si no lo hace, ahí tú tienes el poder y la elección de poner un límite y no volver a quedar con esa persona o no comentarle ya ciertos temas”, explica Jiménez.

La diferencia, por tanto, radica en quién tiene el control de la situación. Mientras que la petición busca que el otro modifique su comportamiento, el límite implica decidir qué hará uno mismo si ese cambio no ocurre. No se trata de obligar al otro a actuar de determinada manera, sino de establecer qué situaciones se está dispuesto a aceptar y cuáles no. “La próxima vez prueba con la petición y, si no funciona, ponte un límite a ti mismo para protegerte y priorizarte”, concluye.

Jessica Peñaranda, psicóloga: “No se trata de eliminar el malestar, sino de aprender a vivir con él”

12 Marzo 2026 at 01:02
La psicóloga Jessica Peñaranda explica que no hay que huir del malestar, sino aprender a vivir con él. (Freepik)

Muchas personas persiguen una idea muy concreta de bienestar: la ausencia total de emociones desagradables. En un imaginario colectivo cada vez más vinculado al autocuidado, parece lógico pensar que sentirse bien implica eliminar por completo la tristeza, el enfado o la frustración, como si la vida emocional pudiera organizarse para quedarse solo con aquello que resulta cómodo.

Sin embargo, la experiencia cotidiana muestra algo diferente. Las emociones incómodas aparecen con frecuencia, incluso en etapas que, en principio, deberían ser tranquilas o felices. La pérdida, los conflictos o las expectativas frustradas forman parte de la vida diaria y generan reacciones que no siempre resultan agradables.

Aun así, muchas personas siguen intentando evitarlas. Se buscan estrategias para apartarlas, distraerse o hacerlas desaparecer cuanto antes. Pero ¿qué ocurre cuando esa búsqueda de bienestar se basa precisamente en intentar borrar una parte inevitable de la experiencia humana?

Emociones desagradables como la tristeza, el enfado o la frustración forman parte de la vida. (Freepik)

La psicóloga Jessica Peñaranda (@jessicapsicologa en TikTok) plantea esta cuestión en uno de sus vídeos: “Yo entiendo que a nadie nos apetezca sentirnos mal. Es decir, ¿a quién le va a gustar sentir tristeza, rabia, celos, envidia, ira?”. Según explica, el rechazo a estas emociones es completamente comprensible. “Es muy normal que no quieras exponerte a esas emociones, que quieras que desaparezcan de tu vida”, añade.

El problema aparece cuando esa aspiración se convierte en un objetivo permanente. “Pero la pregunta sería: ¿se puede pasar por la vida sin tener estas emociones?”, plantea la especialista. “Si la vida te es sumamente monótona, sencilla y fácil, pues a lo mejor sientes muy poco de estas emociones. Pero, si tu vida es como la del 90 % de la población, en algún punto lo vas a pasar mal”.

Ni evitar a todo costa el malestar ni recrearse en él

Para explicar cómo solemos relacionarnos con esos estados emocionales incómodos, Peñaranda utiliza la siguiente metáfora: “Imagina que todas estas emociones que se producen son como un montón de balones que van apareciendo sobre tu cabeza. Unos te gustan y otros no”, describe.

La especialista recomienda no evitar el malestar, pero tampoco recrearse en él. (Freepik)

Según explica, la reacción habitual consiste en intentar deshacerse de los que resultan desagradables. “Lo que tendemos a hacer es coger aquellos que no nos gustan y tratar de quitarlos, de hundirlos”, afirma. Cada persona lo hace de formas distintas: evitando ciertas conversaciones, reprimiendo lo que siente, distrayéndose constantemente o buscando mecanismos para no enfrentarse al malestar. Estos son, según señala la psicóloga, los problemas con los que se va a consulta.

Sin embargo, el intento de mantener esas emociones fuera de la superficie rara vez funciona durante mucho tiempo. “¿Qué pasa si coges uno de esos balones que no te gusta y tratas de hundirlo todo el tiempo debajo del agua, meterlo en lo más profundo a ver si dejas de verlo?”.

La respuesta, según explica, solo puede ir en dos direcciones. “O estás todo el tiempo con la mano debajo del agua o, en el momento en el que te descuides, la pelota va a subir a flote”. Y, en ocasiones, lo hará con más intensidad de la esperada. “Si no llevas cuidado, lo mismo te da un golpe en la cara”, advierte.

La metáfora resume una dinámica habitual en consulta psicológica: el esfuerzo constante por mantener enterrado el malestar. Un esfuerzo que consume energía y que, a largo plazo, no evita que esas emociones reaparezcan.

Por eso, la especialista plantea una alternativa distinta. “Imagina cómo sería dejarlos aquí, que floten. Ya está, déjalos, sin estar todo el tiempo mirando aquellos que no te gustan”. La idea no consiste en recrearse en el malestar, sino en aceptar su presencia sin convertirlo en una batalla permanente.

Desde su perspectiva, el aprendizaje emocional no se basa en evitar lo incómodo, sino en desarrollar herramientas para convivir con ello. “¿Y si las estrategias que tenemos que aprender no tienen que ver con eliminar el malestar, sino con aprender a vivir aún con ese malestar?”, plantea.

Received yesterday — 11 Marzo 2026

Los proyectos eólicos franceses en el Mediterráneo amenazan a la pardela balear de España: se encuentra en peligro crítico de extinción

11 Marzo 2026 at 03:44
Ejemplar de pardela balear. (admss/iNaturalist CC BY-NC 4.0)

En el golfo de León, un amplio entrante del mar Mediterráneo que se ubica frente a la costa sur de Francia, se planea construir dos parques eólicos flotantes, denominados Narbonnaise Sud-Hérault 1 y Narbonnaise Sud-Hérault 2.

Sin embargo, la organización ornitológica SEO/BirdLife ha denunciado recientemente que este enclave es un “área de máxima sensibilidad ecológica” y que este proyecto podría generar impactos significativos en la biodiversidad marina española.

El sector occidental del golfo de León es una de las principales zonas de alimentación durante la época de cría de la pardela balear (Puffinus mauretanicus), un ave marina endémica de España que se encuentra gravemente amenazada: SEO/BirdLife destaca que su población se encuentra en torno a 3.000 parejas reproductoras. Por ello, la especie está catalogado como “en peligro crítico de extinción” —el nivel más elevado antes de su desaparición en estado silvestre— en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el Libro Rojo de las Aves de España (2021).

Mapa en el que se muestra la ubicación del Golfo de León. (Norman Einstein/Wikimedia Commons)

“El golfo del León no es un espacio abstracto en un mapa: forma parte del ciclo vital de una especie que solo nidifica en España”, subraya Paul Wawrzynkowski, técnico de la Unidad de Incidencia para una Transición Verde de SEO/BirdLife. “Ignorar esa realidad ecológica sería difícilmente compatible con una planificación responsable en el Mediterráneo. La transición energética debe realizarse de una manera responsable y no agravar la situación crítica de la pardela balear.

Según defiende la organización, estas aves se verían afectadas por la presencia de aerogeneradores flotantes, la subestación eléctrica, el incremento del tráfico marítimo y la iluminación nocturna. Estos factores obligarían a la pardela balear a realizar desvíos energéticamente costosos y alterar procesos esenciales para su supervivencia y éxito reproductor. La zona, además, es frecuentada regularmente por la pardela mediterránea (Puffinus yelkouan), catalogada como “vulnerable”.

Los proyectos podrían afectar a las ZEPA de Baleares

La organización SEO/BirdLife ha presentado observaciones en el marco de la consulta transfronteriza para los proyectos Narbonnaise Sud Hérault, Este proceso está previsto en la normativa europea de evaluación ambiental y en el Convenio de Espoo, que se inicia cuando un proyecto en un país puede generar impactos en otro.

Ejemplar de pardela balear. (Mar Cabrera/Wikimedia Commons)

Así, han solicitado a España que requiera a Francia una evaluación “rigurosa, completa y basada en el principio de precaución”, como exige la Directiva de Hábitats en caso de que un proyecto de otro país pueda afectar de forma apreciable a colonias o áreas funciones vinculadas a espacios Natura 2000 en España.

En este caso en concreto las ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) marinas y costeras de Baleares, que se encuentran estrechamente conectadas con las áreas de alimentación del golfo de León, podrían verse afectadas por la pérdida funcional de hábitat de alimentación y por un aumento del riesgo de desplazamiento de las especies asociadas.

“Las decisiones sobre eólica marina en el Mediterráneo no pueden analizarse país por país sin considerar impactos acumulativos y sinérgicos entre proyectos dentro de una misma región”, apunta Wawrzynkowski. “Por ejemplo, la pardela balear, el ave marina más amenazadas de Europa, depende críticamente de las aguas occidentales del golfo del León para alimentarse. Cualquier deterioro en esa zona repercute directamente en las colonias españolas”.

Delfines, tortugas y arrecifes

Además de las consecuencias en la biodiversidad marina española, SEO/BirdLife apunta impactos en Francia: según señala la organización, los proyectos de eólica marina se sitúan dentro de la ZEC (Zona Especial de Conservación) Grands dauphins du golfe du Lion, lugar Natura 2000 designado específicamente para la protección del delfín mular, la tortuga boba y el hábitat 1170 arrecifes. Además, Narbonnaise 2 invade parcialmente el perímetro del Parque natural marino del golfo del León.

Junto a esto, SEO/BirdLife recuerda que la franja 0-50 km desde la costa está identificada como el principal corredor migratorio del Mediterráneo noroccidental, según el programa científico MIGRALION. Por esta zona pasan decenas de millones de aves cada temporada y la Directiva de Aves recoge que deben prevenirse las perturbaciones significativas para especies migratorias en todo el territorio europeo, incluidos corredores y áreas funcionales que no cuentan con protección formal.

“La superposición directa entre este corredor de máxima intensidad y los polígonos de los proyectos Narbonnaise incrementa los riesgos de colisión, atracción lumínica, pérdida de hábitats, efecto barrera y desviaciones”, explican.

Es por estos motivos por los que desde SEO/BirdLife reiteran su apoyo al desarrollo de energías renovables bien planificadas para combatir la crisis climática, pero matizan que estas deben ser compatibles con la conservación de la biodiversidad.

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El salmón atlántico se encuentra en una “situación crítica” en España: ecologistas piden que se declare en peligro de extinción

10 Marzo 2026 at 03:50
Ejemplar de salmón atlántico. (Fyn Kynd/iNaturalist - CC BY-SA)

El salmón atlántico (Salmo salar) es uno de los peces más emblemáticos de los ríos del norte de España. De gran valor cultural y económico en esta zona, la especie gozó históricamente de una gran abundancia; sin embargo, desde el siglo XX el salmón ha visto gravemente reducida su presencia, hasta el punto de haber desaparecido en algunos de los ríos que pobló en el pasado.

Catalogado como “casi amenazado” a escala internacional por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), su situación en España es mucho más grave. Así lo destaca la asociación por la conservación de la biodiversidad Saxífraga, que recientemente ha presentado ante el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) una solicitud formal para que se incluya el salmón atlántico en el Catálogo Español de Especies Amenazadas (CEEA) en la categoría “en peligro de extinción”.

Según destacan, la especie sufre en nuestro país un colapso poblacional y una reducción en su área de distribución. Esto en parte está motivado por el hecho de que España es el límite septentrional de las poblaciones europeas, por lo que esta zona es “especialmente vulnerable a los efectos del cambio climático”.

Estado de conservación de las poblaciones de salmón en España. (NASCO (2019) y Álvarez et al. (2010)/Saxífraga)

“Los datos muestran que el salmón atlántico en España se encuentra en una situación crítica. La tendencia es clara y acelerada”, destacan, señalando que, mientras que en el siglo XX las capturas se contaban por miles, en la actualidad las cifras son de tres o dos dígitos. Así, los cupos y las temporadas limitadas serían insuficientes para proteger la especie.

La devastadora situación del salmón atlántico en España

Para llevar a cabo la petición formal, Saxífraga explica que se han basado en “una argumentación científica sólida y en la aplicación de los Criterios Orientadores aprobados por el propio Ministerio”. Así, “los datos disponibles muestran que el salmón atlántico cumple inequívocamente los requisitos para su catalogación en la máxima categoría de amenaza en el ámbito estatal”.

“En las últimas décadas el salmón ha desaparecido como reproductor en una parte muy significativa de los ríos donde estaba presente”, destacan. “Hoy el salmón se reproduce únicamente en ríos de Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco y Navarra, desde el Miño hasta el Bidasoa, con desapariciones locales ya consolidadas”.

Detalle de la caña de pescar de un hombre durante el comienzo de la campaña de pesca de salmón, en el río Eo, a 13 de abril de 2025, en San Tirso de Abres, Asturias (España). (Carlos Castro/Europa Press)

La situación, que defienden que es “devastadora”, se debe a una suma de presiones que sufre el salmón atlántico. En primer lugar, la fragmentación fluvial por presas e infraestructuras hidroeléctricas, “que actúan como barreras infranqueables para el acceso a zonas de reproducción”. También la contaminación agrícola industrial y urbana; los efectos genéticos y sanitarios derivados de la acuicultura por escape de ejemplares, y al sobrepesca histórica, “evidenciada por la tendencia de las capturas, que muestran números de colapso”.

Desde Saxífraga apuntan además a las repoblaciones sin control científico, que motivan la transmisión de enfermedades, de problemas genéticos y la liberación de individuos no aptos para su supervivencia en el medio natural. Las especies invasoras también operan en este declive: es el caso del salmón pacífico (Oncorhynchus gorbuscha), “que compite y depreda al salmón atlántico y altera su hábitat”.

Por último, el cambio climático, que provoca el aumento de las temperaturas, “pone en grave riesgo a las poblaciones españolas por ser el límite septentrional de distribución del salmón en Europa”.

Una especie de gran valor ecosistémico

La asociación, además, detalla que la supervivencia del salmón atlántico resulta fundamental por su importante papel en los ecosistemas. La especie comunica ecosistemas de montaña, ríos y océanos al transportar nutrientes hacia tramos fluviales oligotróficos (ecosistemas con baja concentración de nutrientes).

También refuerza la conectividad ecológica entre espacios protegidos, es una especie de interés comunitario según la Directiva Hábitats (92/43/CEE) y ha sido un elemento de referencia en la designación de espacios Red Natura 2000.

Con todo ello, Saxífraga defiende que su inclusión en el CEEA permitiría obligar a elaborar una Estrategia Estatal de Conservación, establecer planes de recuperación coordinados entre comunidades, priorizar la eliminación de barreras y la restauración fluvial, reorientar las políticas de repoblación bajo criterios científicos, integrar la conservación del salmón en la planificación hidrológica y climática y, por último, eliminar la mortalidad de reproductores causada por la pesca fluvial deportiva.

Tres maneras prácticas de abordar conversaciones difíciles, según una psicóloga

10 Marzo 2026 at 01:56
Evitar las conversaciones difíciles e incómodas puede resentir los vínculos emocionales. (Freepik)

En las relaciones cercanas —ya sean de pareja, amistad o familia— hay momentos en los que surge la necesidad de hablar de algo incómodo: ya sea un gesto que ha generado molestia, un comportamiento repetido o una preocupación que se ha ido acumulando con el tiempo.

Sin embargo, muchas personas optan por no abrir ese tipo de conversaciones: el temor a generar un conflicto mayor o a herir a la otra persona suele pesar más que el deseo de aclarar las cosas. Esa evitación puede parecer una solución prudente a corto plazo, pero, cuando el silencio se convierte en una estrategia habitual, la relación empieza a resentirse. Lo que no se dice no desaparece: se acumula y modifica la manera en que las personas se relacionan entre sí.

Los vínculos cercanos necesitan cierto grado de honestidad emocional para mantenerse saludables. La cuestión, por tanto, no es solo si hablar o no, sino cómo hacerlo. Existen formas de plantear conversaciones difíciles que rebajan la tensión y favorecen que ambas partes puedan expresarse sin sentirse atacadas.

La psicóloga clínica Lisa Firestone aborda este problema en un artículo publicado en Psychology Today. Según explica, el miedo que sentimos antes de iniciar una conversación delicada suele empujarnos a evitarla. “Nos preocupa generar más tensión, ya sea hiriéndolo innecesariamente o sintiéndonos heridos y más cerrados”.

La psicóloga Lisa Firestone explica tres estrategias para abordar las conversaciones difíciles. (Freepik)

Sin embargo, esta estrategia tiene un coste. Según la experta, evitar hablar de los temas importantes no solo agota emocionalmente, sino que también cambia la naturaleza del vínculo. “Evitar hablar de asuntos que te importan no solo consume mucha energía, sino que, en última instancia, reduce una relación que antes era cercana a una en la que debes ser cuidadoso y no puedes ser abierto ni honesto”.

Para evitar que una conversación difícil derive en un enfrentamiento, Firestone propone centrarse en tres elementos clave: recordar el afecto que existe en la relación, reflexionar sobre uno mismo antes de hablar y escuchar con verdadera curiosidad.

Consejos para tener conversaciones difíciles

El primer paso consiste en crear un clima seguro antes de abordar el problema. La psicóloga insiste en que es fundamental mantener presente el cariño que se siente por la otra persona, ya que el tono emocional marca el rumbo de la conversación. “La ira genera ira”, advierte.

Por eso recomienda comenzar dejando claro el valor que tiene la relación. Un ejemplo podría ser decir: “Te quiero y me preocupo por ti, y eso no va a cambiar. Me importas y por eso necesito decirte lo que me preocupa para que podamos seguir unidos”. Expresar ese afecto ayuda a que la otra persona no perciba la conversación como un ataque, sino como un intento de cuidar el vínculo.

Hablar desde el respeto y escuchar a la otra persona es fundamental para tener conversaciones difíciles sin caer en la ira o los reproches. (Freepik)

El segundo paso tiene que ver con examinar las propias motivaciones. Antes de iniciar la conversación, Firestone propone preguntarse cuál es el verdadero objetivo. “¿Quieres demostrar que tienes razón o conseguir una disculpa?”, plantea. Si ese es el propósito, advierte, es probable que el resultado sea más distancia emocional.

En cambio, si la intención es acercarse y eliminar una barrera en la relación, la conversación puede convertirse en un esfuerzo compartido. También recomienda reconocer las propias sensibilidades o reacciones exageradas. Ser consciente de los propios desencadenantes emocionales ayuda a evitar respuestas impulsivas.

Por último, el tercer elemento consiste en abrir la puerta a la perspectiva del otro. Firestone subraya la importancia de no asumir que se conocen los motivos o sentimientos de la otra persona. En lugar de eso, propone preguntar directamente qué opina al respecto.

“No asumir que conoces los motivos o sentimientos de la otra persona, sino preguntar realmente y luego escuchar lo que te revela sobre cómo vio la situación, cómo se sintió en ella y qué pretendía”. Escuchar con interés real cambia el tono de la conversación. Cuando una persona se siente escuchada, es más probable que responda con apertura en lugar de ponerse a la defensiva.

“Incluir estos tres elementos en tu enfoque permite que la otra persona se sienta atendida en lugar de atacada”, explica. El resultado es un espacio que invita a la comprensión mutua y no a la confrontación.

Además del enfoque, el contexto también importa. Firestone recomienda elegir bien el momento y el lugar para abordar la conversación, asegurándose de que exista tiempo suficiente para hablar sin prisas. A veces, señala, estos diálogos terminan derivando en otros temas relacionados o incluso en momentos de cercanía una vez que la tensión inicial desaparece.

Icíar Navarro, psicóloga: “Si siempre acabas en relaciones que te hacen daño, escucha esto”

10 Marzo 2026 at 00:52
La psicóloga Icíar Navarro explica que muchas personas

Muchas personas encadenan relaciones sentimentales que terminan de forma parecida. Cambian los nombres y algunas circunstancias, pero el resultado suele ser el mismo: vínculos que acaban causando malestar, decepción o desgaste emocional. Para quienes lo viven, la explicación más inmediata suele ser la mala suerte o la sensación de haber elegido mal una y otra vez.

Sin embargo, especialistas en psicología relacional señalan que, en muchos casos, estas repeticiones no responden únicamente al azar. A menudo existen patrones de comportamiento o de elección que se repiten sin que la persona sea plenamente consciente de ellos. Son dinámicas que se construyen con el tiempo y que pueden influir en la forma en que alguien se vincula con los demás.

En ese contexto, cada vez más profesionales insisten en mirar más allá de las circunstancias externas y prestar atención a los procesos internos que influyen en las relaciones afectivas. La psicóloga Icíar Navarro (@bibepsicologia en TikTok) explica en uno de sus vídeos que detrás de la repetición de vínculos dañinos pueden existir creencias profundas que condicionan la manera en que una persona interpreta el amor y la intimidad.

La manera en la que se interpreta el amor que se cree merecer influye en la elección de unas relaciones u otras. (Freepik)

“Nuestro cerebro muchas veces no busca lo sano”

“Siempre acabas en relaciones que te hacen daño. ¿Te identificas con esto? Si esto te resuena, hoy quiero compartir algo contigo”, plantea la especialista. Según explica, es habitual que quienes atraviesan este tipo de situaciones interpreten su experiencia como una sucesión de casualidades negativas.

“Muchas veces escucho a gente que me dice: ‘Icíar, es que qué mala suerte tengo. Es que siempre me fijo en el mismo tipo de persona’”, señala. Sin embargo, para Navarro esta explicación resulta insuficiente. “Siento decirte que esto no es cuestión de suerte”.

La psicóloga apunta a un elemento más profundo: las llamadas creencias nucleares, ideas que se forman desde la infancia y que influyen en la forma en que una persona se percibe a sí misma y se relaciona con los demás. Entre esas creencias, Navarro menciona algunas que aparecen con frecuencia en consulta: “‘No soy suficiente, me van a abandonar, no merezco la pena, tengo que ganarme el amor del otro’”. Estas ideas, señala, no siempre son evidentes para quien las sostiene, pero pueden marcar de forma significativa la manera de vincularse.

Cuando una persona crece interiorizando ese tipo de mensajes, su percepción del amor puede quedar asociada a determinadas sensaciones emocionales. “Tu cuerpo aprende que el amor va unido a cierta incomodidad, cierta tensión, inseguridad, como sensación de lucha”, afirma. Este aprendizaje emocional puede tener consecuencias inesperadas en la vida adulta, como puede ser la dificultad para sentir interés por relaciones que, en principio, son más sanas y estables.

Quienes se identifican con este patrón, suelen ser aburrimiento cuando se topan con relaciones estables. (Freepik)

“Cuando conoces a alguien estable, disponible, divertido, respetuoso, dentro de ti no se activa nada”, explica. En algunos casos, la persona puede experimentar sensaciones como aburrimiento o desconexión, “o incluso le puedes decir a tus amigas frases como esta: ‘Sí, me gusta, pero es que es demasiado bueno’”, señala la psicóloga.

En cambio, el interés puede surgir con mayor intensidad hacia perfiles emocionalmente más impredecibles. “Cuando alguien actúa de manera más intermitente, es un poco más frío, parece que es más difícil, te encanta”, explica Navarro.

La razón, según la especialista, no tiene que ver con una voluntad consciente de sufrir, “sino porque eso te encaja más con una historia que tú ya conoces”. Este mecanismo se relaciona con la forma en que el cerebro procesa la seguridad y la incertidumbre. “Nuestro cerebro muchas veces no busca lo sano, busca lo familiar, porque la incertidumbre no la lleva nada bien”, afirma.

La familiaridad, incluso cuando implica malestar, puede resultar más reconocible que una dinámica completamente nueva. “Por eso tener relaciones más sanas no es cuestión de suerte”, subraya. “Hace falta trabajar, ver cómo te miras, qué has aprendido, qué creencias tienes sobre ti, qué crees que mereces y desde dónde te vinculas”.

De esta manera, la psicóloga Navarro señala que “cuando tu relación contigo cambia, también cambia lo que aceptas, lo que dejas pasar y las personas a las que eliges”.

Javier de Haro, psicólogo: “Cinco cosas muy importantes que no te recomiendo hacer con tu hijo”

10 Marzo 2026 at 00:22
El psicólogo Javier de Haro recomienda evitar ciertas conductas durante la crianza. (Freepik)

En la crianza cotidiana, muchas de las decisiones que toman los adultos responden a hábitos heredados o a fórmulas educativas que se repiten generación tras generación. Padres, madres y cuidadores recurren a menudo a frases o normas que escucharon en su propia infancia, convencidos de que forman parte del aprendizaje básico para desenvolverse en sociedad.

Sin embargo, en los últimos años la psicología infantil ha puesto el foco en cómo ciertas prácticas educativas, aparentemente inofensivas, pueden tener efectos menos positivos de lo que se pensaba. Algunas de ellas están tan normalizadas que apenas se cuestionan: gestos cotidianos, exigencias de comportamiento o formas de corregir a los niños que se consideran necesarias para educar en el respeto, la convivencia o la disciplina.

Lo que muchos expertos señalan es que la intención de los adultos, que es generalmente buena, no siempre coincide con el impacto que esas acciones tienen en el desarrollo emocional de los menores. La manera en que se gestionan los límites, las emociones o las relaciones sociales durante la infancia puede influir en la autoestima, en la forma de relacionarse con los demás o en la capacidad para expresar lo que sienten.

En este contexto, el psicólogo Javier de Haro (@psicologo_teayudoaeducar en Instagram) enumera en uno de sus vídeos cinco conductas muy habituales en la crianza que, según explica, conviene replantearse. “Cinco cosas muy importantes que no te recomiendo hacer con tu hijo. Y la última, como a mí y como a muchos, es la que más te va a costar”, señala.

Ciertas frases como

De obligar a saludar con un beso al “deja de llorar”

La primera tiene que ver con una escena muy común en reuniones familiares o encuentros sociales. “Primero, obligarles a dar besos. No educa en el respeto, sino en complacer”, afirma. Para el psicólogo, el problema no es enseñar normas básicas de cortesía, sino imponer una forma concreta de hacerlo.

“Saludar es necesario, es educación y también seguridad para ellos. Pero no siempre en forma de beso si no quieren“, explica. ”Enséñale diferentes formas de saludar y respetemos la que elijan porque así le expresamos a que se puede ser educado sin tener que incomodarse para agradar a los demás”.

Otra de las situaciones habituales aparece cuando un niño ha hecho algo que molesta o perjudica a otra persona. Muchos adultos reaccionan pidiendo una disculpa inmediata. Sin embargo, De Haro considera que esta reacción puede vaciar de sentido el gesto. “Segundo, obligarles a pedir perdón. No enseña empatía. El ‘¿qué se dice?’ enseña un perdón que realmente no sientes. El ‘perdón automático’”.

En su opinión, el aprendizaje emocional requiere más tiempo. “Primero hay que ayudarles a entender qué ha pasado y a conectar con la emoción, y eso muchas veces requiere esperar a que baje la frustración. A partir de ahí, es mucho más fácil que conecte y que su perdón sea para reparar heridas en vez de para evitar consecuencias”.

El psicólogo recomienda no obligar a los niños a saludar con un beso, sino enseñar distintas formas de saludo para que ellos elijan con la que se sienten cómodos. (Freepik)

La tercera recomendación apunta a otro clásico de la infancia: compartir los juguetes. Aunque suele presentarse como una lección de generosidad, el psicólogo cree que la imposición puede provocar el efecto contrario. “No enseña generosidad. Esta nace cuando uno siente que puede decidir. Nadie comparte de verdad cuando se siente invadido”.

En lugar de imponer la acción, propone cambiar el enfoque de la conversación. “No le hables de qué quiere el otro, ni tampoco le impongas, háblale de qué necesita el otro y pregúntale qué puede hacer él para ayudarle. Seguro que así te sorprende”.

La gestión del llanto es otro de los puntos en los que, según el especialista, los adultos suelen reaccionar con prisas. “Cuarto, obligarles a dejar de llorar. No calma emociones, las reprime”. Frente a frases habituales como “no llores” o “deja de llorar”, De Haro defiende una actitud distinta: “Tú no quieres que aprenda a guardarse lo que siente, sino a expresarlo contigo. Un buen ‘te entiendo’ o un ‘cómo te sientes’ calma y ayuda más que un ‘deja de llorar’”.

La última recomendación se refiere a una norma muy extendida en muchas familias: la idea de que los niños no deben responder a los adultos. “Quinto, obligarles a no contestarte porque a los mayores no se les contesta. No educa en el respeto, sino en el silencio o en la rabia contenida”.

Para el psicólogo, la clave está en enseñar cómo expresar el desacuerdo. “Se puede contestar, claro que sí, pero enseñando a hacerlo bien. Porque a poner límites, a ser asertivo y a hacerse respetar se empieza aprendiendo en casa”.

En conjunto, De Haro propone sustituir la imposición por un acompañamiento más consciente del desarrollo emocional. “Legitimar, comprender, enseñarles a ver necesidades en lugar de posturas, valorando positivamente los avances y siendo un buen ejemplo, siempre serán opciones más recomendables y pedagógicas que obligar”.

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