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Received yesterday — 14 Agosto 2026BC Sur

El costo ambiental de lo que no usamos: suscripciones digitales, energía y consumo en casa

14 Agosto 2026 at 18:22

Hay un archivo en algún servidor que usted subió hace años y que probablemente nunca volverá a abrir. No ocupa espacio en su casa, no hace ruido, no pesa. Y mientras lee esto, ese archivo sigue guardado, replicado en más de un lugar y refrigerado por máquinas que trabajan sin apagarse nunca. El uso mundial de internet consume alrededor de 416,2 TWh al año, más electricidad que todo el Reino Unido, según cálculos de Website Carbon recogidos por Iberdrola. Buena parte de esa energía sostiene cosas que ya no miramos.

La idea incomoda por lo simple que es: lo que dejamos encendido sin usar también contamina. No de forma visible, como un tubo de escape, sino a través de una cadena de infraestructura que rara vez asociamos con una chimenea.

Qué es la contaminación digital y por qué importa

Se llama contaminación digital a la huella de carbono y de recursos que genera toda nuestra actividad conectada: correos, streaming, búsquedas, respaldos automáticos, aplicaciones que nunca cerramos del todo. Es invisible porque el consumo no ocurre en el aparato que tenemos en la mano, sino a kilómetros de distancia, en instalaciones que casi nadie ve.

Las cifras dejaron de ser marginales. El sector de las Tecnologías de la Información y la Comunicación representa cerca del 7% del consumo mundial de electricidad, y la Unión Europea prevé que llegue al 13% en 2030, de acuerdo con Iberdrola. Entre 2013 y 2018, las emisiones de CO2 atribuidas a lo digital pasaron del 2,5% al 3,7% del total global, superando los 1.600 millones de toneladas anuales. Un estudio publicado en SciELO México ubica la responsabilidad de las TIC entre el 2,5% y el 3% de los gases de efecto invernadero, con una proyección que podría alcanzar el 14% hacia 2040.

Cómo funciona por dentro: centros de datos que no descansan

Detrás de cada servicio en línea hay centros de datos, edificios llenos de servidores que operan las 24 horas. No se apagan de noche ni en fin de semana. Necesitan electricidad para procesar y almacenar, y necesitan enfriarse todo el tiempo, porque el calor que generan los equipos degrada su rendimiento. Ese enfriamiento explica un dato que sorprende a muchos: los macrocentros de datos pueden consumir millones de litros de agua dulce, según reciclajeelectronicos.com.

El crecimiento de la inteligencia artificial añade presión. Entrenar y operar modelos exige cómputo intensivo, y ese cómputo se traduce en más servidores, más electricidad y más refrigeración. La demanda energética de la infraestructura digital no se estabiliza; se acelera.

La nube que se sigue replicando aunque nadie la mire

El malentendido más común es pensar que un archivo guardado y olvidado deja de tener costo. Ocurre lo contrario. Los servicios de almacenamiento conservan copias en varios servidores para garantizar que nada se pierda, y esas copias también se mantienen encendidas y refrigeradas. Un documento que subió en 2019 y jamás volvió a abrir sigue ocupando capacidad activa, con su parte proporcional de electricidad y agua.

Depurar lo que sobra es una de las decisiones ambientales más directas que puede tomar frente a una pantalla. Borrar duplicados, vaciar carpetas de respaldo automático que nunca revisa o incluso dar de baja el almacenamiento en la nube que ya no necesita reduce, gramo a gramo, la carga que soportan esos edificios. No es un gesto simbólico: menos datos activos significan menos capacidad que refrigerar.

El consumo fantasma dentro de casa

La huella digital no termina en los servidores lejanos. Empieza también en el enchufe de la sala. El consumo fantasma es la energía que gastan los aparatos en modo reposo: el televisor con la luz roja encendida, el módem que trabaja las 24 horas, los cargadores conectados sin nada que cargar. Suman poco por unidad, pero operan sin pausa durante todo el año.

Hay un factor que suele pasarse por alto: cuándo consumimos importa tanto como cuánto. El mix energético —la proporción de fuentes limpias y fósiles que alimentan la red en cada momento— cambia a lo largo del día. La misma hora de streaming pesa distinto si la electricidad viene de una hidroeléctrica o de una térmica que quema combustible. Y esos hábitos tienen equivalencias muy concretas: transmitir una hora de video puede emitir entre 56 y 114 gramos de CO2, y enviar un correo con adjunto equivale a dejar una bombilla encendida durante una hora, según datos de Consumopolis.

Bajar esa huella pasa por mirar el hogar completo, no solo la pantalla. Ajustar el uso de electrodomésticos, apagar de verdad lo que no se usa y aplicar algunas estrategias de ahorro en casa conecta el consumo cotidiano con la demanda que termina llegando a los centros de datos.

La situación en México

México se consolidó como uno de los destinos regionales para la instalación de centros de datos, empujado por la digitalización de empresas y el uso creciente de servicios en la nube por parte de hogares y negocios. Cada nueva instalación implica un compromiso energético de largo plazo, porque una vez encendida no se detiene.

A ese cuadro se suma el problema de los residuos electrónicos. En 2019 el mundo generó un récord de 53,6 millones de toneladas de e-waste, un 21% más en apenas cinco años, según el Global E-Waste Monitor 2020. Y fabricar cada dispositivo tiene un costo previo: producir un solo smartphone puede requerir hasta 85 kWh de energía, de acuerdo con reciclajeelectronicos.com. Alargar la vida útil de los equipos también es política ambiental.

Qué esperar y qué podemos hacer

La infraestructura digital seguirá creciendo, y con ella la tentación de tratar su consumo como un problema de otros. Pero muchas de las decisiones que aligeran esa carga son domésticas y gratuitas. Revisar qué servicios siguen activos en segundo plano sin que los aprovechemos es un buen punto de partida: cancelar las suscripciones que ya no usas retira demanda de plataformas que, mientras exista un usuario nominal, mantienen su parte de servidores en marcha.

La higiene digital funciona como cualquier otro hábito de consumo consciente. Vaciar lo que se acumula, apagar lo que descansa encendido y elegir cuándo y cómo usamos la red no resuelve la crisis climática por sí solo, pero corrige una contradicción cotidiana: pagar, con energía y agua, por cosas que dejamos de querer hace tiempo.

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De empleado a empresario: el salto que exige maestría y rigor

12 Agosto 2026 at 19:35

Dar el paso de ser un colaborador en nómina a convertirse en dueño y director de una empresa es una de las decisiones más complejas, fascinantes y arriesgadas que un profesional puede tomar. En la era de la inmediatez, donde las redes sociales nos venden la falsa narrativa del “éxito de la noche a la mañana”, son muchos los que saltan al ruedo empresarial con más entusiasmo que preparación. Sin embargo, la terca realidad del mercado no perdona los atajos. Convertirse en un empresario sólido no se logra únicamente registrando una marca o rentando una oficina; es un proceso de maduración profunda que exige dominar perfectamente el negocio y el producto antes de pretender liderar una industria. Si no conoces las entrañas operativas de tu propuesta, los costos reales de cada proceso y las verdaderas necesidades de tus clientes, el sueño del negocio propio se convierte muy rápido en una pesadilla financiera.

Esta maestría operativa no se improvisa en un curso de fin de semana. Para construir una base verdaderamente resistente, la curva de aprendizaje en cualquier sector requiere, cuando menos, unos cinco años de preparación constante. Son cinco años de picar piedra en las trincheras, de entender el comportamiento del cliente, de equivocarse en pequeño para aprender en grande y de descifrar cómo funcionan las dinámicas comerciales cuando las cosas se complican. Es en ese periodo de formación donde se forja el carácter del verdadero líder.

Quien pretende saltarse esta etapa para buscar el camino fácil, termina descubriendo que la falta de experiencia es un impuesto altísimo que se paga con el capital de la empresa. La paciencia y la observación minuciosa durante esos años de preparación son el cimiento que evita que la casa se caiga ante la primera tormenta.

Asimismo, existe un pilar invisible pero determinante que sostiene la reputación de cualquier empresario que aspire a jugar en las grandes ligas: los valores personales. La honestidad, la lealtad y la constancia no son adornos del discurso corporativo; son herramientas operativas de primer nivel. En el mundo de los negocios, la confianza se tarda años en construir y se destruye en tres segundos. Un empresario honesto con sus clientes, leal con sus socios y colaboradores, y constante en sus compromisos genera una autoridad moral que abre puertas que el dinero no puede comprar. Cuando el mercado sabe que tu palabra vale y que tu empresa cumple lo que promete bajo estrictos estándares éticos, la venta deja de ser una batalla de precios y se convierte en una alianza comercial de largo plazo.

Por supuesto, ningún empresario ha construido un imperio de forma aislada. Una de las diferencias más radicales entre pensar como empleado y actuar como dueño radica en la capacidad de rodearse de los colaboradores adecuados y debidamente perfilados. El error de muchos fundadores es contratar gente para que haga lo que ellos quieren dictar paso a paso, en lugar de atraer talento que domine áreas específicas mejor que ellos mismos. Liderar implica tener la humildad de armar un equipo multidisciplinario donde la disciplina del ejecutor y la intuición del talento nato se complementen. Cuando logras reunir a las personas correctas en las posiciones indicadas, la empresa deja de depender exclusivamente de tu presencia física y empieza a funcionar como una maquinaria colectiva ágil, profesional y orientada a resultados.

Con la casa ordenada, el producto dominado y el equipo correcto en la cancha, aparece la palanca de aceleración: el apalancamiento estratégico. Saber utilizar el crédito financiero, la tecnología de punta o las alianzas comerciales de forma inteligente es lo que le permite a un negocio dar el salto de escala. Sin embargo, el apalancamiento es un arma de doble filo; si se aplica sobre una estructura débil o sin procesos claros, solo sirve para multiplicar los problemas. El verdadero empresario utiliza el apalancamiento cuando la operación es sana y predecible, usándolo como un propulsor para conquistar nuevos mercados, optimizar tiempos de entrega y blindar la competitividad de la firma. La combinación entre un rigor operativo interno y un apalancamiento externo bien calculado es la fórmula que diferencia a un negocio sobreviviente de una corporación líder.

Dar el salto de trabajador a empresario es una transformación personal y profesional que demanda sacrificar la comodidad de la certeza por la pasión de construir algo propio. Los tropiezos en el camino van a ocurrir y la presión diaria pondrá a prueba tu temple, pero la satisfacción de generar empleos, aportar valor real a tu comunidad y ver crecer un proyecto cimentado en la ética es incomparable. El mercado global no necesita más improvisados; necesita empresarios maduros, con visión de largo plazo y el compromiso inquebrantable de hacer las cosas bien desde el primer día.

Para concluir, la transición hacia el mundo empresarial no es un evento fortuito, sino la consecuencia natural de años de disciplina, aprendizaje y constancia. Si dominas tu producto, actúas con lealtad intachable, te rodeas de gente más brillante que tú y utilizas el apalancamiento de manera responsable, el éxito dejará de ser una lotería para convertirse en un resultado inevitable. La estrategia sigue en constante evolución, y quienes tengan la audacia de asumir este reto con rigor, valores y profesionalismo, serán quienes construyan las empresas sólidas que dicten el rumbo del mercado en los años por venir.

Nota del autor:

Quiero dedicar de manera muy especial esta entrega a mi socio y gran amigo, Jesús Alberto Montalvo. Formar una empresa juntos va mucho más allá de un movimiento corporativo; es, en toda la extensión de la palabra, la construcción de un proyecto de vida. Todo el rigor, los años de curva de aprendizaje, la lealtad y los valores que hoy describo en esta columna cobran su verdadero sentido cuando encuentras a un socio de valor en el camino. Con Jesús he confirmado que emprender no se trata de asumir un riesgo a ciegas, sino de tener la certeza de ir hombro con hombro, con la misma visión y ética, a conquistar esa meta soñada. Gracias por la confianza, por la lealtad en las trincheras y por hacer posible que este negocio sea hoy una sólida realidad.

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Donald y el lobo

12 Agosto 2026 at 16:20

¡Está usted en lo correcto! Este título no se refiere, como todos mis colegas músicos lo imaginaron, a la magnífica obra del maestro ruso Serguéi Prokófiev. Hace alusión por supuesto, a la famosa fábula de Esopo sobre el pastor mentiroso. Que es justo como nos tiene el más estruendoso actor político a nivel mundial en la actualidad: Mr. Donald Trump.

Su estilo es así. El de un niño caprichoso y berrinchudo que, para salirse con la suya, amaga y amedrenta a sus aledaños, amenazando con lo que diplomáticamente es posible, y con lo que no, también.

Que si va a borrar de la faz de la tierra a Irán, que si se piensa quedar por sus purititas ganas con Groenlandia, que si va a hacer un mega complejo turístico en la franja de Gaza, que si va a venir a México a llevarse a carretadas a todos los delincuentes…

Esta última historia es la que a nosotros nos concierne y nos interesa sobremanera. Aunque hay una parte emocional de mí que constantemente me susurra al oído que a Trump los mexicanos le importamos tres cacahuates, también hay otra parte racional que me dice que, efectivamente, existen serias intenciones por parte del gobierno y las agencias de los Estados Unidos de América, con la firme intención de actuar en contra de este régimen bananero de quinto patio.

No escribiré desde mis emociones, puesto que terminaría llorando y pensando en irme en balsa a Miami. Por lo tanto, intentaré razonar al respecto:

A mí me parece de cierta lógica que, a los Estados Unidos no le convenga tener tres mil kilómetros de frontera con un país en plena desgracia política y social, porque hoy justo para allá vamos encaminados, a pasos agigantados. La falta de inversión tiene a la economía de un hilo. Si a esto sumamos los ingobernables territorios que ya están totalmente cooptados por el crimen organizado, pues resulta que nuestros vecinos del norte no tendrán a una Venezuela en su frontera, como tanto se ha dicho. Estamos en cambio ante algo así como una balcanización de los pueblos latinoamericanos, viviendo siempre en un constante punto de ebullición, justo al otro lado de ese muro que cada día es más grande y más cotizado.

Tenemos que entender una vez más que nuestra prisa porque esas cosas sucedan, no es la misma que la de los gringos. Nosotros estamos habituados a tener historias sexenales, por lo que vivimos constantemente apurados, porque, una vez llegado el año electoral, ya no podemos hacer absolutamente nada. En cambio, los tiempos de los países con visión a largo plazo, son muy distintos. No dependen de administraciones de un solo sexenio, y tienen agencias con sus propias agendas e intereses, que persiguen sus objetivos independientemente de quién sea el personaje que esté sentado en la silla.

En estos momentos, creo que esa agenda tiene varios propósitos regionales y políticos. Y, en definitiva, tener repúblicas autoritarias, regímenes dictatoriales, y países dominados por el crimen organizado, no les allanará el camino. Por eso, sí estoy muy optimista en que todos estos países con gobiernos populistas están en franca vía a la extinción.

Sí. Estoy de acuerdo que todos quisiéramos que un comando militar estilo Taylor Sheridan invadiera Palenque, Chiapas, y se llevaran al viejito ruin esposado y con los pantalones mojados. También que nos encantaría tener archivos de video de tantos otros políticos a los que deseamos que los lleven ante la justicia, con exactamente la misma severidad con que eliminan o capturan a algún miembro de una banda criminal en cualquier parte del mundo. Sin embargo, nos queda poco tiempo para que esa teatralidad le rinda algún fruto al Presidente de los Estados Unidos. Por lo que, si no tenemos material para película de aquí a que pasen las elecciones de noviembre en el país vecino, nos conformaremos con que nuestro país vuelva a virar un poco hacia la derecha, o nueva derecha, y para el próximo sexenio tengamos como Presidente de México a una persona previamente aprobada por el imperio.

En el inter, seguramente no dejaremos de ser testigos de los berrinches y rabietas del bully naranja de allá del norte. Esto significa que seguiremos escuchando una semana sí, y la otra también, amenazas tras amenazas.

A diferencia de la historia de Prokófiev, en el cuento de Esopo, a pesar de todas las falsas alarmas y las mentiras, finalmente el lobo, sí llega…

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Cuando explicar se vuelve trampa

11 Agosto 2026 at 13:55

Uno de los pilares de la comunicación es la explicación. Es dar información a la otra parte, para que entienda nuestra postura, nuestra perspectiva, lo que pensamos y sentimos. Es como una invitación. Invitamos al otro a ponerse en el lugar desde el cual nosotros vemos el mundo. Cuando alguien acepta esa invitación, cuando entiende nuestro punto de vista, nos sentimos conectados. Vistos. Reconocidos. Validados.

Pero para que eso suceda, tiene que haber en la otra parte un deseo de acudir a ese lugar. Tendemos a asumir que las personas importantes en nuestra vida tienen ese deseo. Por eso, cuando explicamos y el otro no nos entiende, hacemos lo mismo de siempre: damos más información. Ampliamos los ejemplos. Explicamos de otra manera, una y otra vez.

Pero hay un punto en el que hay que preguntarse algo cuando empezamos a sentirnos frustrados y no sea la primera vez que nos pasa con esa persona: ¿el problema es la explicación? ¿O el problema está en a quien se la damos?

Algo que a veces cuesta reconocer, es que no todos priorizan entender y conectar. Algunos tienen otros objetivos al comunicarse. Manipular. Controlar. Distorsionar. Defenderse. Invalidar. Atacar. Y entonces, nuestra explicación deja de ser el medio para darnos a entender, y se convierte en una trampa.

Entre más explicamos, más frustración sentimos con nosotros mismos, por no encontrar la explicación adecuada. Y damos más información… información que, tarde o temprano, distorsionada o sin contexto, usarán en nuestra contra. La otra parte ya nos entendió. Desde la primera vez. Pero no lo va a reconocer, porque tiene otras intenciones.

¿Cómo sabemos que esto está pasando?

Hay señales. La otra parte repite tus propias palabras, pero les da un sentido distinto al tuyo. Te voltea la tortilla, una y otra vez. Le dices que te molestó que te dejara esperando. Y te responde: “pues tú también me has dejado esperando”. O te dice que reaccionas así por tus traumas de abandono. Nunca vas a escuchar un “tienes razón”. Nunca un “yo en tu lugar sentiría lo mismo”. Nada que se parezca a validar tu punto de vista. En su lugar, puras evasiones. O puros ataques.

La sensación es la misma de estar hablando con una pared. Una pared que, además, usa tus propias palabras para golpearte. Es difícil aceptar que estamos ante alguien que no busca entendernos. Porque significa soltar la idea que tenemos de esa persona. La persona que queremos. Verla distinta. Nos aferramos a creer que conocemos sus intenciones. A creer que son buenas o que tienen potencial, por más que los hechos digan lo contrario.

Lo más difícil no es aceptar que te lastimó. Es renunciar a la esperanza de que algún día reaccione distinto. Una esperanza que te puede mantener años y años buscando explicaciones que por fin funcionen. Porque te niegas a aceptar que el problema no es la explicación. Es la persona a quien se la das.  Cuando por fin entiendes esto, dejas de gastar horas pensando qué decir y cómo decirlo. Dejas de escribir mensajes larguísimos, buscando la frase perfecta para que no lo sienta como un ataque. Mensajes que, lo más seguro, ni siquiera lee. Porque no le interesa el contenido. Le interesa mantenerte explicando. Y explicando.

Su objetivo es generar en ti un sentimiento de falta. De impotencia. De incapacidad. De culpa. Son personas que se mueven bien en el conflicto. Cuando sueltas esa esperanza, ya no te interesa convencer. Entiendes que tu tranquilidad vale más que tener la razón.

Qué hacer

Esta dinámica está identificada desde varias disciplinas. Y todas coinciden en el mismo patrón de comunicación: negar, atacar, dar vuelta a la tortilla. La próxima vez que te descubras preguntando “¿cómo explico esto mejor?”, después de haber explicado ya varias veces, pregúntate otra cosa: “¿esta persona ha mostrado, con hechos, que quiere entenderme?”

Cuando la respuesta sea no, ahí no hay comunicación posible. La sugerencia es simple: no justifiques. No discutas. No te defiendas. Ni expliques más. Frente a alguien con quien es imposible dialogar, porque además se pone agresivo o a la defensiva, mejor una frase corta para cerrar: “no estoy de acuerdo, y no voy a seguir discutiendo esto”. Y de ahí en adelante, solo escuchar, no caer en las provocaciones y no discutir más.

Reduce la información que entregas. Si notas que lo que dices se usa en tu contra, deja de dar detalles. Deja los ejemplos. Deja las explicaciones extensas. Responde con lo mínimo necesario. Informa. No expliques.

Nombra el patrón una sola vez. Y suelta el resultado. Puedes decir, con claridad, lo que observas: “veo que cuando explico, lo usas después en mi contra”. No lo digas para convencer al otro. Dilo para dejar constancia contigo mismo de que lo viste con claridad. No necesitas que el otro lo confirme. Establécelo para ti. Y listo.

Busca validación en las personas que sí sean capaces de dártela. Y esto es importante aclararlo: no está mal buscar validación externa. Es parte de las estrategias que aprendemos para sentirnos a salvo en un vínculo. El problema es buscarla en la persona que nunca te la va a dar.

Si no tienes a alguien cercano, el ejercicio de escribir lo que sientes puede ser suficiente para experimentar la sensación de ser reconocido. Y ten presenta algo, hay personas con las que ganar, no significa lograr convencerlas, sino dejar de gastar tu paz y energía en ellas.

El cargo Cuando explicar se vuelve trampa apareció primero en Tribuna de México.

México llega reprobado al examen de FAA para conservar Categoría 1

11 Agosto 2026 at 11:03

México llega esta semana al examen de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) con una tarea incumplida: el presupuesto de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) es 37% menor al que tenía cuando el país recuperó la Categoría 1 en 2023, pese a que el fortalecimiento financiero de la autoridad formó parte de los compromisos para obtener nuevamente la máxima clasificación de seguridad aérea.

La evaluación ocurre del 10 al 14 de agosto y pone frente a la FAA una contradicción difícil de esquivar. México tuvo que corregir deficiencias, modificar procesos y comprometer mayores recursos para recuperar la Categoría 1 después de permanecer más de dos años en la categoría inferior; tres años después, la autoridad encargada de supervisar la aviación civil opera con menos dinero que cuando obtuvo nuevamente la aprobación estadounidense.

Leer más: México llega a evaluación de FAA con 37% menos presupuesto que al recuperar Categoría 1

El recorte no es un dato aislado dentro del expediente. La AFAC ejerció 902 millones de pesos en 2023, mientras que para 2026 cuenta con 244 millones de pesos menos aprobados. La propia autoridad calcula que necesita al menos 2 mil millones de pesos para cumplir adecuadamente con sus responsabilidades, una brecha que coloca al presupuesto en el centro de las dudas sobre la capacidad de vigilancia del sistema aéreo mexicano.

La pregunta para la FAA no es únicamente cuánto dinero recibe México, sino qué capacidad real tiene la AFAC para hacer el trabajo que se comprometió a fortalecer. La autoridad debe contar con personal técnico suficiente, capacitación, sistemas de supervisión, procesos de certificación, licenciamiento y mecanismos eficaces para detectar y corregir deficiencias en las operaciones aéreas.

México ya entregó las respuestas a un cuestionario de 339 preguntas y ahora la FAA deberá determinar si las capacidades que llevaron al país de regreso a Categoría 1 siguen vigentes. La revisión contempla legislación, reglamentos, estructura institucional, personal técnico, procedimientos de certificación y vigilancia operacional, por lo que el deterioro presupuestal puede convertirse en algo más que una cifra incómoda.

Leer más: Controladores aéreos trabajan al límite por falta de personal en México

La historia reciente vuelve todavía más delicado el examen. El 25 de mayo de 2021, la FAA degradó a México a Categoría 2 al considerar que la autoridad aeronáutica no cumplía plenamente con los estándares internacionales de supervisión. La sanción no cerró el mercado estadounidense a las aerolíneas mexicanas, pero sí les impuso restricciones para abrir nuevas rutas, aumentar frecuencias y realizar determinadas operaciones.

La recuperación de la Categoría 1 llegó el 14 de septiembre de 2023, después de asistencia técnica, modificaciones regulatorias y medidas destinadas a corregir las deficiencias detectadas. Entre los compromisos asumidos estaba el fortalecimiento de la AFAC, precisamente para garantizar que la autoridad pudiera ejercer una vigilancia suficiente sobre las empresas que operan en el país.

Ahora México regresa al mismo escenario con una autoridad que tiene menos recursos. El problema adquiere mayor peso porque las organizaciones del sector también han señalado carencias de personal técnico, mientras la AFAC ha reconocido que necesita un presupuesto mucho mayor para cumplir sus funciones. La Asociación Sindical de Pilotos Aviadores y el Colegio de Pilotos Aviadores de México han advertido sobre las consecuencias de mantener una autoridad debilitada financieramente.

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La situación se suma a otro frente de presión: el déficit de controladores de tránsito aéreo y las condiciones laborales de quienes sostienen la operación cotidiana del espacio aéreo. Mientras la AFAC enfrenta cuestionamientos por sus recursos para supervisar, SENEAM arrastra sus propios problemas de personal, capacitación y presupuesto, dos piezas distintas de un mismo sistema que necesita capacidad institucional para funcionar.

Una eventual degradación tendría consecuencias económicas para las aerolíneas mexicanas. Durante la anterior Categoría 2, las compañías nacionales no pudieron abrir nuevas rutas ni incrementar frecuencias hacia Estados Unidos, además de enfrentar restricciones para incorporar aeronaves nuevas en determinados servicios. Perder nuevamente la máxima clasificación limitaría la expansión de un mercado fundamental para la aviación mexicana.

Por eso, el examen de esta semana no llega en el mejor momento para México. La FAA no está revisando una autoridad que apenas comienza a construir sus capacidades: está verificando si el país mantuvo las condiciones que prometió fortalecer para recuperar la Categoría 1. Y el primer dato que aparece sobre la mesa es precisamente el contrario: menos presupuesto para la AFAC.

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La FAA todavía no ha emitido una decisión y México conserva formalmente la Categoría 1. Decir que Estados Unidos ya degradó al país sería falso. Pero desde una perspectiva editorial, México llega al examen con una calificación pendiente: prometió fortalecer financieramente a la autoridad que supervisa la aviación civil y hoy presenta una reducción presupuestal de 37% respecto del año en que recuperó la categoría.

El Gobierno mexicano tendrá ahora que convencer a la FAA de que puede garantizar la misma capacidad de vigilancia con menos recursos. La discusión deja de ser solamente contable: si la autoridad responsable de certificar, supervisar y sancionar a los operadores no cuenta con el presupuesto que se comprometió a obtener, la pregunta inevitable es cómo pretende México conservar una categoría que exige precisamente demostrar capacidad institucional suficiente.

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