Vista de Lectura

Emprender en Argentina: oportunidades y desafíos en un ecosistema en crecimiento

Ezequiel Calcarami es referente del ecosistema emprendedor y presidente de una asociación que agrupa al sector en Argentina (Foto: Movant Connection)

El ecosistema emprendedor argentino se caracteriza por su dinamismo y por la capacidad de adaptación frente a contextos económicos cambiantes. En ese escenario, distintos sectores productivos comienzan a mostrar nuevas oportunidades de desarrollo. Para Ezequiel “la logística tiene un potencial enorme en Argentina”, especialmente en un país con grandes distancias geográficas y sectores productivos que demandan cada vez más soluciones eficientes.

¿Cómo ves hoy la actualidad del emprendedurismo en Argentina?

Argentina tiene algo muy especial, que es su capacidad para generar emprendedores. Cuando uno viaja por otros países de Latinoamérica muchas veces te dicen que envidian esa capacidad que tenemos para crear proyectos nuevos en distintos sectores. Hay una cultura muy fuerte de emprender, de animarse a crear algo propio y de probar nuevas ideas. Eso es algo que como país deberíamos valorar mucho más.

Al mismo tiempo, hay otro factor que también influye mucho en el perfil del emprendedor argentino: la experiencia de haber atravesado distintos contextos económicos complejos. Esa volatilidad obliga a desarrollar una gran capacidad de adaptación, de flexibilidad y de creatividad para seguir adelante.

Esa combinación entre un fuerte espíritu emprendedor y la experiencia de haber atravesado distintos desafíos genera emprendedores muy resilientes, con mucha gimnasia para adaptarse a contextos cambiantes.

Cuando conversás con emprendedores, ¿cuáles son los principales problemas que aparecen?

El principal desafío está en las primeras etapas del emprendimiento. Muchas veces la parte más visible de emprender está muy romantizada. En los medios solemos ver al emprendedor que levantó inversión o que logró vender su empresa por millones de dólares, pero hay toda una etapa previa que es muy desafiante.

Los primeros años implican lograr que el proyecto sea rentable, encontrar financiamiento, conseguir capital de trabajo y construir un equipo. En Latinoamérica, además, no siempre existe el mismo acceso a capital que en otros mercados donde el venture capital está mucho más desarrollado.

Las estadísticas muestran que solo un 5% de los emprendimientos llegan al quinto año de vida. Eso habla de lo difícil que es sostener un proyecto en el tiempo. Por eso siempre digo que está bien entusiasmarse con emprender, pero también es importante conocer la otra cara del proceso.

Emprender implica incertidumbre, estrés y muchos momentos difíciles. Hay días en los que todo parece ir bien y otros en los que las cosas se complican. Esa es parte de la realidad del camino emprendedor.

Según Ezequiel, si la barrera idiomática se reduce o desaparece,

La logística es un sector lleno de emprendedores que enfrentan desafíos todos los días. ¿Qué mensaje les darías?

La logística tiene un potencial enorme en Argentina. Si uno mira los sectores que están creciendo o que pueden crecer en los próximos años, todos dependen de una buena logística.

Hoy vemos un desarrollo muy fuerte en energía, con todo lo que está pasando en Vaca Muerta. También vemos perspectivas muy importantes en minería, además del rol histórico del agro en la economía argentina. Todos esos sectores necesitan soluciones logísticas eficientes para funcionar.

Argentina además es un país muy extenso, lo que implica enormes desafíos de transporte y distribución. Eso abre una gran cantidad de oportunidades para emprendedores que puedan aportar soluciones innovadoras.

Creo que en los próximos años la logística va a ser un actor clave en el desarrollo de distintos sectores productivos. Por eso me parece un campo muy interesante para emprender.

En el caso de los emprendimientos vinculados a servicios o tecnología, ¿qué oportunidades existen para exportar desde Argentina?

Hay algunos factores que juegan muy a favor de Argentina en ese sentido. Uno es el talento. El nivel profesional y técnico de muchas personas en el país es muy alto. Otro factor interesante es el huso horario, especialmente en relación con Estados Unidos. Esa cercanía horaria facilita mucho el trabajo remoto o la prestación de servicios para empresas de otros países.

Además, creo que en los próximos años el tema del idioma va a dejar de ser una barrera importante. La tecnología ya está avanzando hacia soluciones que permiten traducir conversaciones en tiempo real en reuniones virtuales.

Si esa barrera se reduce o desaparece, el potencial para exportar servicios desde Argentina puede ser enorme. Hay mucho talento en todo el país, incluso en ciudades del interior, que podría trabajar para el mundo si se eliminan algunas de esas limitaciones.

Para cerrar, ¿qué aprendizaje te dejó tu experiencia dentro del ecosistema emprendedor?

Algo que aprendí con el tiempo es la importancia de trabajar en comunidad. Los emprendedores muchas veces estamos muy enfocados en nuestros propios proyectos y eso puede generar dinámicas muy individuales.

Sin embargo, cuando los emprendedores se organizan y trabajan juntos, el impacto puede ser mucho mayor. Lo vimos cuando se impulsó la ley de emprendedores y también cuando distintos actores del ecosistema se juntan para plantear mejoras regulatorias o para simplificar procesos.

Argentina todavía tiene desafíos importantes en materia de burocracia, acceso al crédito o estructura impositiva. Muchos emprendedores enfrentan esas dificultades en las primeras etapas de sus proyectos.

Si logramos organizarnos, trabajar en conjunto y plantear esas necesidades de forma clara, podemos generar cambios que faciliten la creación de nuevos emprendimientos. Creo que el futuro del ecosistema emprendedor argentino depende en gran parte de esa capacidad de colaborar, de dejar de lado algunos egos y de trabajar juntos para construir mejores condiciones para quienes quieren emprender.

  •  

Libros en movimiento: la logística que sostiene a la industria editorial

Marcela Luza es directora de la editorial activa más antigua de Argentina (Foto: Movant Connection)

La industria editorial atraviesa un momento de transformación marcado por cambios culturales, tecnológicos y en los hábitos de lectura. En ese escenario, el libro físico sigue manteniendo un lugar relevante, pero su circulación depende cada vez más de una cadena logística eficiente que conecte imprentas, centros de distribución, librerías y lectores en todo el país. Para Marcela, “un libro puede estar muy bien escrito, pero si no llega a la librería o al lector, todo ese trabajo pierde sentido”.

¿Cómo describirías el contexto actual de la industria editorial en Argentina?

Lo primero que se me ocurre es hablar de tres conceptos: movimiento, desafío e inquietud. La industria editorial está cambiando de manera muy vertiginosa. Las redes sociales, la tecnología y los nuevos formatos modificaron la manera en que se producen, se leen y se distribuyen los libros.

Hoy vemos que los hábitos de lectura son distintos. Los textos muy largos o muy densos generan más dificultad para captar la atención de los lectores, por lo que muchos libros se vuelven más fragmentados o más breves. También cambió la percepción social del libro. Durante mucho tiempo fue un objeto muy valorado dentro de los hogares; hoy compite con muchas otras formas de consumo cultural.

Sin embargo, también hay señales positivas. En los últimos años la literatura juvenil tuvo un crecimiento muy fuerte y aparecen fenómenos interesantes, como clubes de lectura o encuentros de personas que se reúnen a leer. Eso muestra que el libro sigue teniendo un lugar importante dentro de la cultura, aunque la industria deba adaptarse permanentemente.

Desde el punto de vista operativo, ¿qué rol cumple la logística dentro de la industria editorial?

La logística es absolutamente central. Nada de lo que hacemos tendría sentido si los libros no pudieran circular. Desde el momento en que recibimos el material original hasta que el libro llega a una librería o a un lector, todo depende de procesos logísticos.

Los libros salen de la imprenta, se trasladan al depósito o centro de distribución y desde allí se organizan los envíos de novedades a todo el país. También hay una logística vinculada a la prensa, a la promoción y a los eventos culturales. Todo requiere planificación y coordinación. En ese sentido, la industria editorial funciona como muchas otras industrias: sin logística no hay circulación del producto y, por lo tanto, tampoco hay acceso al libro.

¿Cómo funciona la distribución de libros en un país tan extenso como Argentina?

La distribución nacional implica desafíos distintos según la distancia y el tipo de cliente. No es lo mismo enviar libros a una librería del conurbano que hacerlo a provincias más alejadas.

Además, después de la pandemia cambiaron mucho los tiempos de entrega. El crecimiento de las ventas online hizo que los plazos se vuelvan más exigentes. Hoy una tienda que vende por internet necesita tener el libro disponible en muy poco tiempo; si no, la venta se pierde.

Para Marcela, el transportista es un actor clave de la cadena del libro, porque

Eso obligó a que nuestra logística sea mucho más ágil. En muchos casos debemos entregar los pedidos en 24 o 48 horas para los clientes que venden online. En otras ciudades importantes del país los tiempos también se acortaron mucho. Rosario, por ejemplo, puede resolverse en dos días y Córdoba en pocos días hábiles.

En promedio, en un servicio de novedades movemos alrededor de 85.000 ejemplares por mes a distintos puntos del país. La distribución completa puede llevar cerca de diez días, y uno de los mayores desafíos logísticos aparece en los envíos a Ushuaia, donde intervienen procesos aduaneros que hacen que el traslado sea más complejo.

Dirigir una editorial implica equilibrar cultura y negocio. ¿Dónde está hoy el principal desafío?

En general, quienes trabajamos en la industria editorial lo hacemos porque amamos los libros. Esa es una condición básica para formar parte de este mundo. Pero además existe una fuerte conciencia de la responsabilidad cultural y social que implica ser editor.

La editorial que dirijo, por ejemplo, realiza muchas acciones para promover la lectura. Una de las actividades implica visitar escuelas donde una narradora cuenta cuentos durante toda una jornada. Es una actividad gratuita que tiene como único objetivo acercar los libros a los chicos y despertar el interés por la lectura.

Por supuesto que vender libros es importante, pero lo que realmente necesitamos es formar lectores. El libro tiene una capacidad enorme para acompañar a las personas, abrir nuevas ideas y generar cambios. Por eso también incluimos libros sobre temáticas actuales como ansiedad, bullying, menopausia, dificultades de comunicación y tantos otros que buscan aportar herramientas para solucionar temas complejos.

¿Qué implica liderar equipos dentro de una industria cultural como la editorial?

Para mí es un gran placer. Como decía antes, quienes trabajamos en esta industria sentimos una gran pasión por lo que hacemos. El libro tiene una capacidad única para generar experiencias en los lectores y eso se refleja también en el trabajo cotidiano.

Muchas veces escuchamos testimonios de personas que cuentan que un libro les cambió la vida o que aprendieron algo importante gracias a una lectura. Ese tipo de devoluciones generan una motivación muy fuerte dentro de los equipos.

El desafío del liderazgo pasa más por coordinar esas energías y orientar el trabajo de todos hacia un mismo objetivo: que cada vez más personas tengan acceso a los libros y puedan vivir esa experiencia de lectura.

¿Qué mensaje le darías a los profesionales del sector logístico que participan en la distribución de libros?

Para nosotros la logística es fundamental. Un libro puede estar muy bien escrito, tener una gran estrategia de comunicación y una buena recepción del público, pero si no llega a la librería o al lector, todo ese trabajo pierde sentido.

Por eso el vínculo con los transportistas y con todos los profesionales que participan de la distribución es muy importante. En momentos como las ferias internacionales, por ejemplo, el movimiento es enorme y necesitamos contar con una logística muy rápida y confiable.

Siempre digo que el transportista que lleva libros no está transportando un paquete más. Está llevando historias, conocimiento, cultura y oportunidades para los lectores. Cuando alguien entiende eso, el trabajo logístico también se vuelve parte de la experiencia del libro.

  •