Vista de Lectura

Cómo la internacionalización de las empresas redefine decisiones productivas y logísticas

Ignacio Sarmiento es licenciado en comercio exterior y consultor independiente (Foto: Movant Connection)

Al referirse al sector, Ignacio comenta que “hoy tiene una incidencia muy grande en el resultado financiero y en la competitividad de las organizaciones”. En esta entrevista, comparte su mirada sobre la apertura económica y el crecimiento de la competencia internacional en distintas industrias.

¿Cómo estás viendo la actualidad del sector del comercio exterior?

Hoy Argentina está en un proceso de cambio bastante paradigmático frente a un modelo que veníamos quizás un tanto más restrictivo. Estamos observando una mayor apertura, una mayor internacionalización y también mayor transparencia en los procesos.

Además estamos viendo la firma de tratados tanto bilaterales, como es el caso de Argentina con Estados Unidos, como multilaterales, por ejemplo el acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea. Al mismo tiempo hay sectores que están traccionando fuerte, como el gas, la agroindustria o las economías del conocimiento.

Muchos de estos sectores están demandando tecnología, bienes e insumos para producir, y también están recibiendo inversión extranjera. Creo que se están generando bases para que sea más simple invertir y para que haya una mejora en la producción a nivel local.

Esto también trae una mayor competencia. Hoy empezamos a encontrar competidores en sectores donde antes no era habitual verlos, algo que forma parte del proceso de internacionalización que está atravesando la Argentina.

¿Qué tipo de competidores comienzan a aparecer en sectores donde antes no era habitual verlos?

Esto se puede ver tanto en sectores pequeños como en industrias más grandes. Por ejemplo, en la industria textil se observa claramente una tendencia hacia el abastecimiento internacional.

También ocurre en sectores como la industria metalúrgica, donde antes había empresas muy consolidadas liderando determinados segmentos y hoy aparecen competidores externos con propuestas importantes.

En el sector energético también se está viendo un fuerte movimiento. En oil & gas hay muchas empresas con intención de invertir y explorar el rubro. Algo similar ocurre con la minería, particularmente con el litio, donde aparecen nuevos proyectos, inversiones y áreas de desarrollo muy interesantes.

Mencionabas el caso del sector energético. ¿Qué particularidades logísticas aparecen?

En el último tiempo, con distintos incentivos a la inversión, el sector empezó a traccionar muy fuerte. Eso generó una demanda muy grande de insumos, maquinaria y distintos recursos para poder sostener el crecimiento de la actividad.

Incluso aparecen necesidades logísticas que no siempre son convencionales. Por ejemplo, en algunos casos se importan módulos habitacionales o estructuras para alojar trabajadores en campo, porque el volumen de personal creció y las empresas necesitan resolver rápidamente esa infraestructura.

Además se están demandando maquinaria e insumos porque muchas empresas llegaron a un punto donde necesitan ampliar su capacidad instalada y sumar mano de obra para poder cumplir con los niveles de producción que se están solicitando.

Eso genera competencia en distintos niveles: en maquinaria, en insumos y también en la provisión de soluciones logísticas. Hay empresas locales que importan y luego comercializan, y también compañías que compran directamente en el exterior, donde cada vez encuentran más alternativas.

¿Qué diferencias aparecen entre abastecerse en el mercado local o importar desde el exterior?

Hoy la decisión no pasa necesariamente por elegir una sola opción. Tanto el abastecimiento local como la importación tienen beneficios propios. El primero suele ofrecer mayor simplicidad operativa, menores riesgos logísticos y en muchos casos un mejor servicio de postventa. Esto es particularmente importante cuando hablamos de maquinaria o equipos que requieren mantenimiento o repuestos.

Por otro lado, la importación permite acceder a economías de escala que reducen el costo total de la operación y también a tecnologías que muchas veces no están disponibles en el mercado local.

Por eso creo que hoy es importante que las empresas desarrollen una matriz de abastecimiento diversificada, combinando proveedores nacionales con proveedores internacionales. Eso permite reducir riesgos, optimizar costos y tener mayor previsibilidad en el futuro.

Para Ignacio,

¿Qué habilidades profesionales considerás clave hoy para trabajar en comercio exterior?

Creo que hoy uno de los principales desafíos es que muchas organizaciones comprendan que el comercio exterior dejó de ser un área puramente operativa para transformarse en un área estratégica dentro de las empresas.

Hoy tiene una incidencia muy grande en el resultado financiero y en la competitividad de las organizaciones. Por eso los profesionales del sector necesitan combinar habilidades técnicas —como conocimiento logístico, normativo o aduanero— con una visión estratégica de largo plazo.

También se requiere una capacidad fuerte de análisis financiero, previsibilidad de costos y comprensión integral del impacto que tiene el comercio exterior dentro de la empresa. Cuando una organización integra realmente este sector con su estrategia general, logra posicionarse mejor frente a la competencia. En cambio, cuando se lo ve como un área aislada o meramente operativa, muchas veces se pierde competitividad.

Además, la comunicación interna entre áreas es fundamental. Un error en un cálculo, en la previsión de costos o en la planificación del abastecimiento puede tener un impacto muy grande en los resultados.

¿Qué perspectivas ves para el comercio exterior argentino en los próximos años?

Mi perspectiva es bastante optimista. Creo que Argentina tiene condiciones para convertirse en un actor importante dentro del comercio internacional. El país tiene mucho potencial, pero el desafío está en sostener en el tiempo las reglas que hoy se están planteando para favorecer el comercio, la inversión y la producción.

Si esos lineamientos se mantienen, Argentina puede avanzar hacia un escenario con mayor inversión extranjera, mayor producción local y sectores que traccionen con fuerza el crecimiento económico. También estamos viendo cadenas de suministro cada vez más tecnológicas, más regionalizadas y con mayor acceso a distintas alternativas de abastecimiento.

En ese contexto, tanto el desarrollo del abastecimiento local como la integración con proveedores internacionales van a ser claves para que las empresas puedan posicionarse mejor y competir en el mercado global. Pero para que todo ese potencial realmente se materialice, es fundamental que exista un marco normativo claro y sostenido en el tiempo.

Ignacio Sarmiento es licenciado en comercio exterior y consultor independiente (Foto: Movant Connection)
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La reconfiguración del comercio exterior textil frente a nuevos flujos de abastecimiento global

Nilda Rotela es despachante de aduana (Foto: Movant Connection)

Al analizar el funcionamiento del sector, Nilda sostiene que “en el rubro textil, donde la moda es dinámica y los plazos se miden en temporadas, prever cada etapa de la importación es clave para llegar a tiempo al mercado”. En esta entrevista, repasa los cambios regulatorios de los últimos años, el rol de la logística en las operaciones y el escenario que atraviesan las empresas locales frente al crecimiento de la oferta internacional.

A partir de tu amplia experiencia, ¿cómo definirías las características del comercio exterior de productos textiles desde Argentina?

Desde que ingresé en 2009 al ámbito del comercio exterior, especialmente en despachos aduaneros y consultorías vinculadas a productos textiles —tanto telas como productos terminados— he visto una transformación profunda del sector. Durante muchos años, las importaciones estuvieron marcadas por barreras arancelarias y no arancelarias como LAPI, DJAI, SIMI o SEDI, que generaban tiempos, costos y trámites adicionales para cumplir con los requisitos previos obligatorios.

Especialmente en el rubro textil, las intervenciones previas como DJCP relacionadas con rotulado y etiquetado eran una constante, como así también las licencias no automáticas, en muchos casos exigidas en formato físico y con presentación presencial, lo que complicaba la operatoria diaria de importadores y fabricantes.

En los últimos años, el comercio exterior cambió de forma significativa: bajaron los derechos de importación y se eliminaron muchas trabas administrativas, quedando vigentes principalmente los requisitos de rotulado y etiquetado, lo que agilizó la operatoria. Sin embargo, esta mayor apertura coincidió con un fuerte crecimiento de los envíos courier, intensificando la competencia y generando un impacto directo sobre la industria local, que atraviesa un contexto problemático.

¿Qué importancia tiene la previsión y la planificación en el rubro para cumplir con las necesidades del mercado?

La planificación en comercio exterior no es una formalidad: es una necesidad estratégica. En el rubro textil, donde la moda es dinámica y los plazos se miden en temporadas, prever cada etapa de la importación —desde la clasificación arancelaria hasta la logística y el cumplimiento normativo— es clave para llegar a tiempo al mercado.

Una clasificación arancelaria mal interpretada o una omisión en la documentación puede traducirse en costos adicionales, demoras, multas o incluso el rechazo de mercadería. Además, el rotulado, las obligaciones documentales correctas, los tiempos de tránsito y la gestión de los retiros en puertos o zonas francas son factores que impactan directamente en la competitividad de las operaciones.

En suma, la previsión no solo reduce riesgos, sino que protege márgenes y permite responder a la estacionalidad y exigencias del mercado argentino con más eficacia y menor incertidumbre.

¿Cuáles son los países o mercados de origen que hoy lideran las importaciones?

En términos actuales y reales, las importaciones textiles en Argentina están fuertemente concentradas en China, que representa cerca del 70% de los productos importados del sector y mantiene una participación dominante en prendas, tejidos y artículos terminados.

Otros países que aportan volumen relevante son Brasil, India, Estados Unidos, Vietnam y Pakistán, aunque con participaciones menores comparadas con el gigante asiático. Según estimaciones de comercio exterior, China puede representar entre 40 % y más del 70 % de las importaciones de productos textiles y prendas, seguido por estos mercados secundarios.

Este patrón refleja tanto las ventajas de escala de la industria asiática como las cadenas globales de suministro que eligieron mercados como Argentina para proveer insumos y productos terminados.

¿Se importan más productos terminados o telas para confección?

Los datos de importación más recientes muestran una mayor proporción de productos terminados (indumentaria y prendas listas para vender) frente a telas o insumos para confección, especialmente en el año 2025. Por ejemplo, entre Enero y Abril de ese año, las importaciones de indumentaria aumentaron un 83 % respecto al año anterior, alcanzando valores superiores a los de telas, que también crecieron, pero en menor proporción.

Esto refleja un cambio estructural donde las cadenas de valor internacionales desplazan producción intermedia y final a mercados con menor costo, y Argentina se encuentra en una dinámica donde la llegada de prendas terminadas supera a la de insumos como telas, lo cual tiene implicancias tanto para la producción local como para la oferta al consumidor final.

Para Nilda,

¿Cómo describirías hoy la problemática relacionada con los productores locales y la importación?

La apertura comercial tiene aspectos positivos: permite que las industrias puedan acceder con mayor rapidez a insumos, repuestos y productos que en el pasado estaban restringidos por barreras burocráticas o límites de cupos, lo que es especialmente importante para evitar interrupciones de producción o para abastecer nichos puntuales.

Sin embargo, en el sector textil argentino la contracara de esa apertura es la fuerte entrada de productos importados a costos muy competitivos, particularmente prendas provenientes de mercados con estructuras de producción masiva. En 2025 las importaciones textiles alcanzaron cifras récord de volumen y valor, y esto ha generado presiones adicionales sobre varios sectores de industria Nacional.

La problemática real —y urgente— es que muchas pymes textiles, que sostienen empleo genuino en el país, están en una situación cada vez más difícil y angustiante frente a la competencia importada, que ingresa con ventajas de escala, precios y, en algunos casos, menores costos logísticos.

Por eso, desde mi experiencia operativa, considero imprescindible que las cámaras sectoriales, actores productivos y el Gobierno trabajen en conjunto en políticas que equilibren la apertura comercial con mecanismos de protección inteligente, como incentivos a la producción local, salvaguardas temporales y medidas que promuevan inversión y empleo. Este equilibrio es clave para que el comercio exterior no solo beneficie al consumidor final con precios competitivos, sino que también nutra y sostenga una industria textil nacional viable y sostenible a largo plazo.

Y para cerrar, no quería dejar pasar la relevancia del acuerdo firmado el 17 de Enero entre la Unión Europea y el Mercosur. Esta integración comercial, que abarca a más de 700 millones de personas, proyecta un crecimiento de las exportaciones de más del 70% en cinco años y superior al 120% en diez años, con impacto directo en el ingreso de tecnología, maquinaria, insumos de calidad, producción y empleo. El desafío es estar preparados para lo que viene.

Nilda Rotela es despachante de aduana (Foto: Movant Connection)
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Escalar sin perder identidad: liderazgo y logística en la era del comercio electrónico

Juan Pablo Núñez Losada es director ejecutivo y co-founder de una compañía de comercio electrónico (Foto: Movant Connection)

De procesar los primeros envíos diarios a gestionar miles de pedidos en jornadas de alta demanda, la evolución del sector ha posicionado a la logística como el factor decisivo y la columna vertebral del negocio. “El boom del comercio electrónico vino de la mano del boom logístico, resume Juan Pablo, al describir una etapa de expansión donde escalar la operación fue tan crítico como generar la venta.

¿Qué experiencias personales y profesionales sentís que más moldearon tu enfoque de liderazgo?

Creo que de chico aprendí a ser misericordioso y tolerante con la gente. Aprendí a valorar a la persona, a todas las personas. Soy un convencido de que todos tenemos algo bueno para aportar y de que la gente da su mejor versión. Para mí, las relaciones son humanas antes que laborales. Creo en la persona como una unidad: cuerpo, alma y espíritu. Cada uno tiene distintos roles, laboral, familiar, personal, y es importante que estén en equilibrio para que puedan brillar y trabajar en unidad.

Intento ser un líder cercano, centrado en los valores. Creo en un liderazgo de servicio, empático, exigente también, pero entendiendo que trabajamos con personas y no con máquinas. Busco construir relaciones humanas tanto con quienes lidero como con proveedores y colaboradores.

En tu rol actual, ¿qué objetivos te parecen prioritarios para los próximos años?

Me especializo en comercio electrónico desde que empezamos en 2007, acercando productos innovadores y novedosos, y buscando brindar una experiencia extraordinaria. En estos años el mercado cambió muchísimo. Cuando empezamos, el comercio electrónico era apenas un 2% de lo que es hoy. No era normal comprar por internet ni recibir en el domicilio. En esos primeros tiempos muchos pagaban en efectivo y retiraban pero, con el tiempo, el envío a domicilio fue creciendo hasta que hoy el 97% elige recibir por diferentes medios.

Argentina también atravesó políticas económicas muy distintas. Para nosotros fue central mantener una empresa ágil y dinámica, con capacidad de adaptación. El desafío hacia adelante es seguir adaptando los sistemas, incorporar nuevas tecnologías y sostener la escalabilidad. No es lo mismo hacer 20 envíos en un día, como al principio, que 15.000.

Estamos en una economía más abierta, lo cual celebro. Hay más competencia y más productos disponibles, y eso nos exige eficiencia. En comercio electrónico hay muchos costos ocultos. El desafío es tener la data correcta, mirar las variables adecuadas y sostener una empresa sana y optimizada.

Juan Pablo comenta que, en las grandes ciudades,

¿Cómo fue tu experiencia con la logística en todo este desarrollo?

La logística fue central en todo lo que ocurrió. El boom del comercio electrónico vino de la mano del boom logístico. Desde la importación de productos hasta la entrega final, necesitamos operadores eficientes que cumplan plazos y permitan que todo fluya.

Lo que más consumimos son las entregas al cliente final: decenas y cientos de miles por mes. Fue clave acompañar el crecimiento con buena ubicación, especialmente para las entregas en el día en Capital y GBA. Vivimos en una cultura de lo inmediato: el “te llega hoy” es fundamental. Tuvimos que adaptar distintas metodologías de entrega, hacer foco en procesos internos para preparar pedidos rápido y generar alianzas correctas.

Cerca del 40% de las compras se concentran en Capital Federal y GBA. Quien vive en el AMBA quiere rapidez. Por eso la logística de entrega en el día fue y es un pilar. También lo son las alianzas con correos capaces de responder a picos de volumen, como en eventos masivos online, donde las ventas pueden multiplicarse por diez en pocos días. Todo ese caudal hay que gestionarlo con excelencia.

¿Fue un proceso de prueba y error o más planificado?

Siempre observamos mucho la data y las curvas de crecimiento. No fue que un día aparecieron miles de envíos de golpe, aunque sí hubo momentos de aceleración muy fuerte. El ejemplo más claro fue la pandemia. Hasta marzo de 2020 ya vendíamos miles de unidades por día y estábamos cerca del 80% de capacidad. De pronto, las ventas crecieron por cuatro.

Tuvimos que reaccionar rápido. Fue un desafío enorme, no solo operativo sino cultural. Cuidar la cultura mientras la cantidad de personas crecía exponencialmente fue central. Preferimos lanzar, estar en beta y luego corregir, pero sin perder nuestra identidad.

¿Te gustaría dejar un mensaje para los nuevos emprendedores?

A los emprendedores les diría, hablando en primera persona, que en mi caso fue fundamental confiar en mí mismo y en mi pasión. Estudié economía con una beca en una muy buena universidad y tenía un camino seguro en relación de dependencia. Sin embargo, decidí animarme. Empecé con muy poco capital, con 100 dólares, y fui construyendo con compromiso y pasión. Mucha gente te transmite sus miedos en esos momentos. Yo decidí confiar en lo que creía, rodearme de personas con las que pudiera transitar el camino, formar equipo y construir relaciones genuinas con clientes y proveedores.

Me parece fundamental animarnos a vivir con dicha y con coraje, entregar lo mejor de nosotros mismos y planificar qué queremos que nos pase en la vida. No sé exactamente qué va a ocurrir, pero si uno se anima a vivir con pasión y compromiso, el resultado seguramente será mejor que si no lo hace.

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El rol del despachante de aduana en un comercio exterior que busca mayor apertura

Fernanda Vaquera es despachante de aduana (Foto: Movant Connection)

Al referirse al funcionamiento del comercio exterior argentino, Fernanda comenta que “es importante avanzar hacia reglas de juego claras y sostenidas en el tiempo”. En esta entrevista, reflexiona sobre la necesidad de previsibilidad para las operaciones internacionales, el impacto que tienen los cambios normativos en importadores y exportadores, y por qué la coordinación entre los distintos actores del proceso resulta clave para que una operación pueda concretarse sin inconvenientes.

¿Cómo fue tu recorrido profesional dentro del comercio exterior?

Actualmente trabajo de forma independiente realizando despachos tanto de importación como de exportación. A lo largo de mi carrera también trabajé dentro de empresas vinculadas al comercio internacional. Esa experiencia me permitió conocer la operatoria desde distintos lugares, tanto desde el sector privado como desde el ejercicio profesional.

Hoy desarrollo mi actividad de manera independiente, acompañando operaciones de comercio exterior de distintas empresas.

¿En qué rubros solés especializarte?

Principalmente trabajo con electricidad, maquinaria, tecnología y robótica. Son los sectores con los que más opero desde hace aproximadamente veinte años. También he trabajado con productos químicos y, en otra etapa de mi carrera, operé bastante con el rubro textil: telas y ropa confeccionada.

Sin embargo, en los últimos años mi actividad está mucho más concentrada en tecnología, maquinaria y equipamiento industrial.

¿Qué particularidades tiene la logística en estos sectores?

La logística es una parte del proceso de comercio exterior, pero en realidad todo está completamente concatenado dentro de la operación. Cada actor cumple un rol específico dentro de ese circuito: el forwarder, el agente de carga, el despachante de aduana y el importador o exportador. Todos forman parte del mismo engranaje y el proceso funciona cuando cada uno cumple su parte.

Entre los distintos actores también existe un trabajo de colaboración permanente. Nos ayudamos, revisamos documentos, controlamos procedimientos y cuando detectamos algo que no está correcto lo señalamos para que se pueda corregir.

Puede tratarse de un documento mal confeccionado, de una cuestión vinculada al embalaje o de algún detalle operativo, como por ejemplo mercadería que requiere cadena de frío o cuidados especiales. Todo ese trabajo conjunto permite que la operación se desarrolle correctamente.

¿Cómo ves la actualidad del comercio exterior argentino?

Veo que en los últimos tiempos hubo y siguen habiendo actualizaciones y desregulaciones dentro del comercio exterior argentino. Muchos de estos cambios apuntan a una mayor apertura del comercio y al desarrollo de nuevos mercados. También buscan facilitar que la importación pueda complementarse con la exportación.

Muchas empresas necesitan importar insumos, materias primas o bienes de capital para poder producir. Esos bienes luego pueden transformarse en productos que se exportan o que se comercializan en el mercado interno.

Hoy muchas veces se habla del volumen de importaciones como algo negativo, pero una gran parte corresponde justamente a insumos o equipamiento necesario para producir. Por eso creo que el foco principal debería estar puesto en apoyar el desarrollo de las exportaciones.

¿Qué rol juegan los acuerdos comerciales en ese escenario?

Los acuerdos internacionales y los convenios comerciales que se están discutiendo o negociando apuntan justamente a esa apertura. Si Argentina logra integrarse a más mercados y ampliar su alcance comercial, las empresas locales van a tener más oportunidades para exportar.

Para que eso suceda también es importante reducir ciertas presiones impositivas o laborales que afectan la competitividad del exportador. Cuando una empresa puede salir al mercado internacional con un precio competitivo, tiene más posibilidades de ganar mercados.

¿Cualquiera puede importar?

No, no es exactamente así. Es cierto que en los últimos tiempos hubo desregulaciones y algunos procesos se simplificaron. También hay más información disponible y muchas personas aprenden sobre comercio exterior a través de videos o contenidos en redes sociales.

Eso puede ser útil para entender algunos aspectos básicos o recibir ciertos consejos prácticos. Pero importar o exportar correctamente requiere asesoramiento profesional.

No cualquiera puede importar cualquier cosa y además intervienen distintos organismos de control, no solo la Aduana. Existen regulaciones vinculadas a áreas como Industria o Comercio que también deben cumplirse.

Por eso siempre recomiendo asesorarse con un despachante de aduana con experiencia. Incluso diría que es importante buscar profesionales que tengan experiencia en el rubro específico con el que se quiere operar. Es similar a lo que sucede con otras profesiones: uno busca al especialista que conoce el tema que necesita resolver.

La logística es una parte del proceso de comercio exterior, pero en realidad todo está completamente concatenado dentro de la operación (Foto: Shutterstock)

¿Qué perspectivas ves para el comercio exterior argentino este año?

Creo que el escenario apunta a una mayor apertura de mercados. Los acuerdos comerciales que se están discutiendo o negociando pueden ser muy positivos si finalmente se concretan.

También considero que es importante avanzar hacia reglas de juego claras y sostenidas en el tiempo. En el comercio exterior la previsibilidad es fundamental. Durante muchos años ocurrieron situaciones en las que los importadores tenían fechas definidas para realizar pagos al exterior y, cuando llegaba ese momento, las reglas cambiaban.

Eso generaba problemas con los proveedores internacionales, porque desde afuera muchas veces no se entiende por qué una empresa no puede pagar si tiene la voluntad y los fondos para hacerlo. Por eso la estabilidad es clave para generar confianza en las operaciones internacionales.

¿Qué es lo que te atrae de este trabajo?

Ser despachante de aduana es una actividad muy motivadora y también muy exigente. Es un trabajo que puede resultar más estresante de lo que muchos imaginan, porque uno tiene que estar atento a cada etapa del proceso.

Hay momentos en los que no se puede avanzar porque el proceso todavía no lo permite. Pero cuando llega el momento de actuar, hay que hacerlo de inmediato.

A eso se suman situaciones operativas que forman parte de la realidad del comercio exterior: sistemas que no funcionan, turnos difíciles de conseguir en terminales o procesos burocráticos que pueden demorar ciertas gestiones.

Muchas veces también hay que explicar estas situaciones al cliente, que naturalmente quiere resolver su operación lo antes posible. A pesar de todo eso, es una actividad muy apasionante. Tiene desafíos constantes y cada operación es distinta. Es una profesión muy dinámica y eso es justamente lo que la hace tan interesante.

Fernanda Vaquera es despachante de aduana (Foto: Movant Connection)
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Logística energética: el desafío de sostener una operación que no se detiene

Ignacio Valle García es gerente de compras y abastecimiento en una compañía de servicios petroleros (Foto: Movant Connection)

Al referirse al rol de la cadena de abastecimiento en la industria del oil & gas, Ignacio comenta que “es una actividad de capital intensivo y alto riesgo, donde la planificación tiene que ser extremadamente rigurosa”. En esta entrevista, explica cómo se integran logística, inventarios, compras y comercio exterior dentro de una actividad donde la planificación y la coordinación entre múltiples actores resultan determinantes para sostener la operación.

¿Qué funciones abarca el abastecimiento en la industria?

Dentro del área de abastecimiento hay cuatro sectores principales que conforman la cadena de suministro: logística, warehouse o gestión de depósitos, manejo de inventarios y stocks, compras y comercio exterior.

Estas cuatro áreas forman parte de lo que se conoce como supply chain y tienen una integración muy fuerte con la operación. A diferencia de otras industrias donde pueden funcionar como áreas más separadas, en el sector del oil & gas están completamente conectadas entre sí.

La cadena de abastecimiento necesita estar permanentemente en contacto con la operación para entender la demanda, comprender los requerimientos y poder planificar en consecuencia.

¿Cómo describís el desarrollo reciente de Vaca Muerta?

Vaca Muerta tuvo en los últimos años un crecimiento y un desarrollo muy importantes. Si bien la actividad comenzó hace más de una década, esta última etapa forma parte de una curva de aprendizaje en la que la industria fue evolucionando rápidamente.

El incremento fue muy significativo en todas las áreas: en las compañías que operan los bloques, en las empresas de servicios petroleros y también en los proveedores de insumos y materiales.

Gran parte de ese desarrollo se explica porque la actividad migró desde los yacimientos convencionales —como los del Golfo San Jorge o la cuenca austral— hacia la explotación no convencional, que hoy está principalmente concentrada en Vaca Muerta, en Neuquén, y en menor medida en Mendoza. Ese cambio marcó el rumbo de la industria en los últimos años.

¿Qué desafíos aparecen hacia el futuro para esta industria?

Los desafíos son muchos. Si pensamos específicamente en la cadena de abastecimiento, uno de los principales es lograr niveles cada vez mayores de eficiencia y estandarización en los procesos.

La actividad en Vaca Muerta se está volviendo cada vez más masiva, sobre todo en lo que respecta a la perforación y a la completación de pozos. Eso exige una estrategia muy precisa en cada una de las áreas que participan de la operación. Es una actividad de capital intensivo y alto riesgo, donde la planificación tiene que ser extremadamente rigurosa.

Además, es una operación que prácticamente no se detiene. Hoy los equipos de fractura están operando entre 20 y 22 horas por día y el objetivo de la industria es llegar a bombear de manera continua las 24 horas. Para que eso suceda, toda la cadena que abastece esa operación tampoco puede detenerse.

¿Qué sucede si algún eslabón de esa cadena falla?

Siempre existe ese riesgo, pero por eso las compañías trabajan con planes de contingencia. La idea es anticipar distintos escenarios para evitar que la operación se detenga.

El objetivo principal es mantener la continuidad operativa, pero siempre priorizando la seguridad. La industria del petróleo y el gas tiene un foco muy fuerte en la seguridad del personal y de los equipos. Esto no se considera un gasto, sino una inversión. Todos los planes operativos contemplan este aspecto como un eje central.

¿Qué particularidades tiene la logística en un entorno como Vaca Muerta?

La logística es particularmente compleja. Para dimensionarlo, tiene una superficie aproximada de 30.000 kilómetros cuadrados. Eso equivale a unas 150 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires o a la extensión de países como Bélgica.

Además, se trata de operaciones que se desarrollan en zonas remotas, alejadas de los centros urbanos, muchas veces en ambientes desérticos o con condiciones climáticas extremas.

La logística en este contexto no implica solo transportar materiales. También requiere coordinar una enorme cantidad de servicios. Cuando uno observa un pozo en producción, detrás de eso existe una cadena enorme interconectada. Si uno de esos eslabones falla, puede afectar toda la operación. A eso se suma que hay miles de camiones moviéndose constantemente entre los yacimientos y los distintos puntos de abastecimiento.

Añelo funciona como un punto neurálgico, pero además existen múltiples centros de acopio donde las compañías almacenan materiales clave, como arena o agua para la fractura hidráulica.

Refiriéndose a la industria del oil & gas, Ignacio comenta que

¿Qué oportunidad representa Vaca Muerta para la Argentina?

Argentina tiene una oportunidad muy grande. Vaca Muerta es un activo energético de clase mundial. Además, en el contexto geopolítico actual los recursos energéticos tienen un valor estratégico muy importante. Por eso el interés de inversores y compañías internacionales en el desarrollo de esta formación. Hoy muchas miradas del sector energético global están puestas en Argentina.

¿Cómo se gestionan equipos y operaciones que trabajan prácticamente de manera continua?

Cuando hablamos de operaciones que trabajan más de 20 horas por día, el objetivo final es llegar a lo que se conoce como “continuous pumping”, es decir, operaciones continuas. Eso implica que los equipos se trasladan constantemente entre locaciones. Cuando finaliza la operación en un grupo de pozos, el mismo set de fractura se mueve hacia otra locación.

Mover esos equipos implica trasladar maquinaria pesada, personal y múltiples servicios asociados. Es una logística enorme y requiere una coordinación extremadamente precisa. En ese contexto hay muy poco espacio para la improvisación. Todo tiene que estar planificado y diagramado con mucha anticipación.

Para cerrar, ¿por qué es tan importante el desarrollo de Vaca Muerta?

Porque el desarrollo de un país está profundamente ligado al acceso y la disponibilidad de energía. Argentina está atravesando una etapa de transformación económica y la energía va a tener un rol central en ese proceso.

En los próximos años el país puede convertirse en un exportador relevante dentro del mercado energético global. Ya se están cerrando acuerdos internacionales vinculados al suministro de gas natural licuado y petróleo.

Por eso gran parte del crecimiento futuro de Argentina estará asociado al desarrollo de Vaca Muerta.

Ignacio Valle García es gerente de compras y abastecimiento en una compañía de servicios petroleros (Foto: Movant Connection)
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