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Cada vez es más habitual encontrarse medusas en las playas del Mediterráneo antes del verano. Y es una mala señal

Cada vez es más habitual encontrarse medusas en las playas del Mediterráneo antes del verano. Y es una mala señal

El pasado fin de semana y el anterior intenté bañarme en la playa. Sin embargo, al ver unas cuantas medusas acabé decidiendo pasar el rato leyendo en la arena. Lo peor de la tarde no fue eso. Me resultaron más molestos unos cuantos adolescentes jugando al fútbol a pocos metros de mi toalla. Las medusas, al fin y al cabo, están en su hábitat. Pero sí que es cierto que nunca en toda mi vida había visto medusas en el mes de mayo. Me informé y descubrí que en los últimos años se está haciendo cada vez más frecuente su llegada al Mediterráneo a estas alturas de la primavera. Incluso empiezan a aparecer en otras aguas en las que normalmente no abundan tanto. 

Lógicamente, el primer pensamiento que me vino a la cabeza fue que tenga relación con el calentamiento global. La temperatura del Mediterráneo ha subido en los últimos años a un ritmo vertiginoso. No obstante, tenía la sensación de que debe haber algo más. Al fin y al cabo, el agua lleva muchos años calentándose, pero ese boom en las poblaciones de medusas (conocido como bloom, por cierto) me parece más reciente. Para responder a mis preguntas, me he puesto en contacto con Jose Carlos Báez, Investigador Jefe de Programa del Instituto Español de Oceanografía, CSIC. Como me temía, el calentamiento del agua influye, pero aún hay más factores que afectan a esta proliferación descontrolada que cada vez se hace más notable. 

Tres fases para dar lugar a las medusas adultas

Aunque hay pequeñas variaciones entre unas especies y otras, en general el ciclo reproductivo de las medusas consta de tres fases. Por un lado están las larvas, que flotan en el agua hasta encontrar un lugar al que aferrarse en el fondo marino. Cuando lo logran, pasan a la fase de pólipo, que puede llegar a durar un año. En el momento en el que las condiciones son propicias, el pólipo se fragmenta, liberando las éfiras, que son pequeñas medusas inmaduras que, con el tiempo, se acaban convirtiendo en la medusa adulta. 

El paso de pólipo a medusa se conoce como estrobilación y depende de factores como la temperatura del agua, el oxígeno disuelto en la misma o la disponibilidad de alimento. Las medusas solo se liberan al agua si van a poder vivir en ella. La temperatura superficial del agua es un factor determinante. De hecho, se ha observado que con un incremento de 1,7°C la tasa de reproducción asexual en los pólipos de algunas especies se acelera en un 20%. Por eso, normalmente la estrobilación suele producirse a principios de verano. Puede variar entre especies. En algunas ocurre a finales de primavera, pero es más habitual que tenga lugar a partir de junio.

Según señala José Carlos Báez, esto está provocando “una dilatación del periodo reproductor”, por lo que estamos viendo más generaciones de medusas en una sola temporada. Llegan antes y se van más tarde. 

Ciclo Reproductivo De Las Medusas

No todo va a ser el calentamiento global

Las proliferaciones masivas que estamos viendo con cada vez más frecuencias en las playas se conocen como blooms. Como hemos visto, el calentamiento global está provocando que empecemos a ver medusas antes y dejemos de verlas más tarde, pero no parece que sea la causa de los blooms. 

“Es difícil afirmar con total certeza que la biomasa total de medusas en el Mediterráneo haya aumentado debido al cambio climático, principalmente porque no disponemos de series históricas suficientemente largas y homogéneas que permitan comparar la situación actual con la de décadas pasadas”, relata Báez. “Sin embargo, sí existe evidencia de que los blooms de medusas, así como la llegada de grandes enjambres a las zonas costeras, parecen ser cada vez más frecuentes y prolongados”.

El problema de la sobrepesca

“En un ecosistema sano, los peces teleósteos se comen sobre todo el zooplancton, en el que se encuentran las éfiras”, explica Báez. Entre esos peces que se comen las éfiras destacan, por ejemplo, las sardinas. Por otra parte, las medusas adultas son típicamente depredadas por las tortugas, pero también por peces grandes como los túnidos, a los que pertenece el atún. Todo esto, en su conjunto, ayuda a mantener las poblaciones de medusas más o menos estables.

A causa de la sobrepesca, hay cada vez menos depredadores para las medusas. Hay, por ejemplo, menos sardinas que se las coman en su fase de éfira y menos atunes comiendo medusas adultas. Si a todo eso le sumamos que en una temporada nacen más generaciones de medusas a causa del calentamiento del agua, tenemos el cóctel perfecto para la aparición de blooms.

La pescadilla que se muerde la cola (nunca mejor dicho)

En 2022, el equipo de José Carlos Báez publicó un estudio en el que se describía otra relación menos conocida entre las poblaciones de medusas y de sardinas o anchoas. Ya hemos visto que los peces se alimentan del zooplancton en el que se encuentran las éfiras, por lo que pueden ayudar a regular las poblaciones de medusas. 

Sin embargo, no es tan conocido lo que pasa después. Y es que las medusas adultas también se pueden alimentar de los huevos de las sardinas y las anchoas. Por eso, si hay demasiadas medusas, pueden mermar la población de sardinas, de modo que habrá menos de estos peces adultos para seguir alimentándose de las éfiras. Como resultado, hay aún más medusas y vuelta a empezar. Se rompe el equilibrio entre un depredador y otro y claramente se decanta hacia la proliferación de las medusas.

Además, en ese estudio también se encontraba una relación entre la proliferación de las medusas y la disminución del peso de las sardinas adultas. Y es que, a su vez, las medusas adultas también se alimentan de zooplancton, por lo que compiten con las sardinas y anchoas por alimento. Si hay muchas, no permiten que se alimenten adecuadamente. 

No todo son medusas en la gelatinización del agua

Con la proliferación de medusas se está produciendo algo conocido como gelatinización del agua. Lógicamente, estos animales, con su aspecto gelatinoso, tienen una gran influencia. Pero no son los únicos que favorecen ese aspecto. También proliferan otros animales gelatinosos, como los ctenóforos. Además, el agua se ve más turbia por el exceso de algas. Esto se debe a que en el Mediterráneo se está produciendo una gran eutrofización. Es decir, la acumulación de un exceso de nutrientes como el fósforo y el nitrógeno, que a menudo llegan al mar por la escorrentía procedente de explotaciones agrícolas en las que se usan como fertilizantes. 

Ese aumento de nutrientes causa, a su vez, una mayor proliferación de algas, que enturbian el agua y dificultan la llegada de luz solar hacia el fondo marino. Si las algas del fondo marino no pueden realizar la fotosíntesis por falta de luz, tampoco habrá suficiente oxígeno disuelto en el agua. 

Además, volviendo a las medusas, hay estudios que demuestran que cuando estas mueren y son descompuestas por microorganismos en el fondo del mar ese proceso de descomposición puede alterar la difusión de oxígeno hacia el interior de los sedimentos. Si hay una cantidad razonable de medusas, esto entra dentro de lo esperable, pero cuando hay demasiadas se rompe el equilibrio que normalmente hay y sí pueden verse afectados otros organismos.

En definitiva, tenemos un agua turbia con restos de algas, medusas y otros organismos gelatinosos. Incluso puede haber algunas células urticantes sueltas en el agua, de modo que al bañarnos sentimos el picor sin que haya medusas. Para colmo, hay tal desequilibrio en el ecosistema que también se ven afectados los organismos que se encargan de fijar la arena del fondo marino. Las playas tienen más piedras que arena y ya no son tan cómodas. Además, si te quieres comer un espeto en el chiringuito, posiblemente sea menos carnoso de lo habitual. 

La solución no es la que crees

Lo último que debemos hacer es caer en el error de culpar a las medusas de todos estos problemas. Ellas están en su hábitat. No son una especie invasora a la que haya que sacrificar o esterilizar para evitar que se reproduzca. En este caso, bajo la opinión de Báez, la solución pasa sobre todo por controlar la pesca

Sin sobrepesca, el mecanismo natural que ayuda a mantener las medusas en equilibrio volvería a restablecerse. Es cierto que las veríamos en nuestras playas durante más tiempo a causa del calentamiento del agua, pero no se encontrarían en cantidades tan altas. El problema más grave, hoy por hoy, no es que haya medusas durante más tiempo en nuestras playas. Es que se encuentran en cantidades desproporcionadas. Pero eso no es culpa suya. Como casi siempre, la culpa es nuestra. 

Imágenes | andre oortgijs |Wan et al. 

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El Hubble nos hizo creer que este exoplaneta era imposible. El James Webb acaba de explicar por qué nos equivocamos

El Hubble nos hizo creer que este exoplaneta era imposible. El James Webb acaba de explicar por qué nos equivocamos

En 2014 se descubrió el exoplaneta WASP-94A b, un Júpiter caliente con una cantidad anómala de oxígeno y carbono en su atmósfera. Las primeras observaciones apuntaban a cientos de veces más de estos dos gases que en la atmósfera del Júpiter del Sistema Solar. Esto no cuadraba con los modelos estándar de formación planetaria. Podría ser que haya algún error en los modelos. Sin embargo, según lo que se acaba de comprobar con el Telescopio Espacial James Webb, más bien el problema era que no se estaba usando el telescopio adecuado. 

Una observación más exhaustiva ha demostrado que, en realidad, los niveles de oxígeno y carbono son mucho más bajos, coherentes con la física conocida. Además, de propina, se ha descubierto algo muy curioso: que el planeta tiene nubes rocosas durante el día que desaparecen al llegar el atardecer. 

Un tránsito muy aprovechado. Los autores de un estudio publicado recientemente en Science aprovecharon un tránsito del planeta frente a su estrella para estudiar su atmósfera con el telescopio James Webb. Anteriormente, las observaciones se realizaron con el telescopio Hubble. Con él se pudieron analizar los espectros de luz procedentes de la atmósfera y, con ellos, establecer su composición. Sin embargo, dado que no era un telescopio capaz de distinguir las nubes del resto de la atmósfera, los cálculos eran un promedio de los gases de todo junto. 

Dicho por uno de los autores del estudio, con el Hubble el resultado era algo así como mirar por una ventana empañada. Ahora, tras darle un buen repaso al cristal de la ventana, han podido ver exactamente la composición tanto de la atmósfera como de las nubes.

Bloqueo por marea. Este exoplaneta está bloqueado por marea. Esto significa que tarda lo mismo en dar una vuelta alrededor de su estrella que sobre sí mismo. El resultado es que siempre tiene una misma cara mirando hacia la estrella, por lo que en medio planeta siempre es de día y en el otro medio es siempre de noche. Es algo así como nos pasa en la Tierra con la Luna, que siempre tiene un lado oculto para nosotros. 

A pesar de tener días y noches perpetuos en cada cara, en este tipo de planetas se puede distinguir entre el amanecer y el atardecer, según el flujo de gases de la atmósfera. El límite en el que los gases fríos del lado nocturno pasan al diurno se considera el amanecer del planeta, mientras que el limbo en el que ocurre justo lo contrario es el atardecer. 

Distintas composiciones. Al observar el planeta en pleno tránsito, no se ha podido ver el lado diurno, ya que estaba mirando hacia la estrella. En cambio, el James Webb sí que ha podido captar las emisiones de los dos límites con el lado nocturno, considerados amanecer y atardecer. De este modo, ha podido comprobar dos datos importantes. Por un lado, lo que comentábamos: los niveles de carbono y oxígeno en la atmósfera son solo cinco veces superiores a los de Júpiter. Es algo que se corresponde con otros Júpiter calientes y no desafía la física conocida. 

Por otro lado, se ha visto que en el lado del amanecer hay nubes compuestas por silicatos. Es decir, nubes rocosas. Sin embargo, estas se van disipando hasta desaparecer en el lado vespertino. Gracias a esa dualidad, se ha podido explorar la atmósfera pura, sin apenas nubes, en la zona del planeta cercana al atardecer.

Causas desconocidas. Los autores del estudio no saben a qué se debe este comportamiento tan extraño de las nubes. No obstante, tienen dos hipótesis. La primera sería algo parecido al proceso que da lugar a la niebla en la Tierra. Las nubes se formarían en la oscuridad del lado nocturno, para después adentrarse en el calor intenso de más de 1.000 grados del lado diurno. Las sustancias que componen las nubes hervirían y las nubes se vaporizarían a lo largo del día, desapareciendo por completo al llegar a la noche. Después, en el lado nocturno, el proceso comienza de nuevo. 

La otra hipótesis, en cambio, apunta a que en el planeta puede haber vientos intensos que estén arrastrando las nubes hacia el interior del planeta y sacándolas fuera de la vista para el atardecer. 

¿Y ahora qué? Estos científicos ya están estudiando otros júpiter calientes. De momento, ya han detectado otros dos con el mismo ciclo de nubes distintivo: WASP-39 b y WASP-17 b. No hay nada como una buena muestra para estudiar adecuadamente cualquier fenómeno científico. Cuantos más planetas se detecten con las mismas circunstancias, mejor se podrán esclarecer los motivos. 

Imagen| John Hopkins

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Los científicos occidentales llevan años debatiendo el origen de Kamo’oalewa. China se fue a buscarlo

Los científicos occidentales llevan años debatiendo el origen de Kamo’oalewa. China se fue a buscarlo

Si todo va según el calendario, la misión china Tianwen-2 estará a punto de llegar a Kamo’oalewa, el objeto coorbital de la Tierra al que se dirige para discernir de una vez por todas si se trata de un asteroide o un fragmento lunar. En realidad este no es el único coorbital de nuestro planeta. Existen otros objetos que tardan exactamente lo mismo que nosotros en dar una vuelta al Sol, por lo que pueden decirse que son nuestros compañeros de viaje. Sin embargo. z

Kamo’oalewa ha sido uno de los mejores caracterizados desde que se descubrió en 2016. Desde entonces, científicos europeos y estadounidenses han estado esforzándose en averiguar su origen, dejando la balanza más decantado en unas ocasiones hacia el fragmento lunar y en otras hacia el asteroide. Pero está claro que para tener una respuesta definitiva necesitamos analizar muestras de su superficie. Con el fin de obtenerlas, China se lanzó al rescate.

Una misión para responder de una vez por todas. La misión Tianwen-2 se lanzó en mayo de 2025 con destino Kamo’oalewa. En los próximos días debería llegar hasta el satélite, para empezar a tomar las muestras el próximo mes. Más tarde, las muestras emprenderán el viaje de vuelta y aterrizarán en nuestro planeta en 2027 para que los científicos de la Academia China de Ciencias puedan investigarlas. Entonces sabremos por fin de dónde viene nuestro compañero de viaje.

Dos hipótesis, muchos cambios de opinión. Kamo’oalewa fue observado por primera vez en abril de 2016, gracias al telescopio Pan-STARRS, del Observatorio Haleakala de Hawái. Ese mismo año, un equipo de científicos europeos realizó su primera caracterización. Gracias a ellos tuvimos información muy concreta sobre este objeto. Por ejemplo, se calculó su órbita y se analizó su inercia térmica. Es decir, la rapidez con la que su superficie responde a los cambios de temperatura. Después de aquella caracterización, se llevaron a cabo más investigaciones en el Instituto de Ciencias Planetarias de Arizona. 

De aquellos análisis surgieron dos hipótesis para su origen: podría ser un asteroide que escapó del cinturón de asteroides o un fragmento de Luna que saltó desde allí a causa de un gran impacto. Esta última hipótesis surgió de las observaciones espectroscópicas realizadas con el Large Binocular Telescope (LBT) y el Lowell Discovery Telescope (LDT). Los espectros indicaban que este objeto es muy rico en silicatos, como las muestras lunares recogidas en las misiones Apolo. Además, había una banda rojiza que parecía corresponderse con el espectro de un suelo lunar que ha recibido muchos impactos de micrometeoritos y viento solar. 

Vuelve la primera hipótesis. Este mismo año, un equipo de científicos europeos ha llevado a cabo un nuevo estudio en el que se analizan las probabilidades de ambas hipótesis. Claramente, la opción del asteroide gana a la de fragmento lunar.

Ruta Tianwen 2 China al rescate

China al rescate. A medida que Tianwen-2 se acerca a Kamo’oalewa, los científicos chinos han empezado a realizar sus propias caracterizaciones en la distancia. Por ejemplo, recientemente se ha publicado un estudio en el que comparan el espectro que midieron en Arizona con el de una condrita bombardeada mediante láser. Las condritas son asteroides rocosos que han impactado en la Tierra en forma de meteoritos. 

El bombardeo con láser imita los efectos de varios millones de años de impactos. Al analizar el espectro de esta condrita manipulada, vieron una banda rojiza muy parecida a la de Kamo’oalewa. Por lo tanto, es posible que se trate de un asteroide rico en silicatos. No tiene por qué haberlos solo en la Luna. Concretamente, creen que puede ser de la familia Flora, procedente del cinturón de asteroides

La hipótesis que va ganando. Actualmente gana la hipótesis del asteroide, aunque no habrá una respuesta clara hasta que las muestras de Tianwen-2 lleguen a la Tierra. Tras muchos debates de científicos de Europa y Estados Unidos, la respuesta la traerá una nave china. Esto, una vez más, nos demuestra lo importante que es trabajar en equipo para responder a las grandes preguntas del Universo. 

Imagen | 中国新闻社

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La Tierra tuvo suerte: Júpiter apareció justo a tiempo para retener los elementos que permitirían la vida

La Tierra tuvo suerte: Júpiter apareció justo a tiempo para retener los elementos que permitirían la vida

Júpiter es un planeta grande e inhóspito, pero es bastante posible que le debamos la vida en la Tierra. Y es que, según un estudio publicado recientemente por científicos de la Universidad de Rice con el apoyo de la NASA, el planeta más grande del Sistema Solar actuó como una especie de presa gravitacional para retener en nuestro vecindario algunos de los ingredientes esenciales para la proliferación de organismos vivos.

Fósforo y nitrógeno. Estos científicos se han basado en la medición de la proporción entre fósforo y nitrógeno (P/N), dos elementos que se consideran esenciales para la vida en unas proporciones adecuadas. Gracias al análisis de la composición de dos tipos distintos de meteoritos, se pudo comprobar que, inicialmente, la proporción adecuada de P/N se concentraba en la parte externa del sistema solar, muy lejos de donde terminó formándose la Tierra. 

Sin embargo, cuando nació el gigante Júpiter, su gran masa provocó una especie de barrera gravitacional que impidió que el fósforo siguiera fluyendo hacia fuera y se concentrara en el interior, de tal manera que la Tierra tuvo la proporción correcta de esas piezas que, unidas a otras, pudieron poco a poco dar lugar a la vida que hoy alberga nuestro planeta.

4.500 millones de años de historia. El sistema solar se formó a partir de una gran nube de gas y polvo hace 4.500 millones de años. En primer lugar, el gas y el polvo se fusionaron para dar lugar a unos objetos celestes conocidos como planetesimales. Estos fueron colisionando entre sí, liberando pequeñas piezas que con el tiempo se fueron convirtiendo en los planetas y lunas que hoy alberga el Sistema Solar. Algunas, en cambio, no constituyeron ninguno de estos dos objetos, sino que siguieron vagando en forma de asteroides. 

Además, si esos asteroides impactan en la Tierra pasan a considerarse meteoritos, que pueden ser de dos tipos. Por un lado tenemos los meteoritos de hierro, que son densos, metálicos y compuestos mayormente por hierro y níquel. En segundo lugar tenemos las condritas, que son rocosas. Estas últimas constituyen la mayor parte de meteoritos que se han recuperado en la Tierra.

Unos más antiguos que otros. Hoy en día sabemos que los meteoritos de hierro son más antiguos que las condritas, ya que se formaron a partir de una primera tanda de planetesimales. Las condritas se constituyeron unos 2-3 millones de años más tarde. Tener esto en cuenta es muy importante, pues justamente es lo que se analizó para comprobar cómo se distribuyeron el nitrógeno y el fósforo durante los albores del Sistema Solar.

Otros dos elementos entran en acción. Hay otros dos elementos que indican la procedencia de los meteoritos que han impactado en la Tierra. Analizando los ratios de isótopos de níquel y molibdeno se puede saber si los meteoritos proceden de la parte externa o interna del Sistema Solar. Esto es importante, ya que gracias a una serie de experimentos de laboratorio y modelos geoquímicos se pudo comprobar exactamente de dónde provenían los meteoritos y cómo fluctuaron los niveles de fósforo y nitrógeno entre ellos.

Sistema Solar El cinturón de asteroides separa la parte externa e interna del Sistema Solar

De fuera hacia dentro. Ya sabemos que las primeras fases del sistema solar se pueden estudiar en los meteoritos de hierro y las más nuevas en las condritas. También sabemos que tanto unos como otros pueden venir de la parte externa o interna del sistema solar y que eso se averigua analizando los isótopos de níquel y molibdeno. Así, estos científicos vieron que la mayor P/N alta se concentraba inicialmente en la parte externa del sistema solar. Sin embargo, más tarde cambiaron las tornas y pasó a concentrarse en la región interna, justamente en la que se constituyó la Tierra. 

Las causas. En sus fases iniciales, el disco protoplanetario en el que se formaron los planetas estaría muy caliente y turbulento. Estas turbulencias provocan un fuerte flujo de materiales hacia el exterior. Con el aumento de temperaturas, el fósforo se condensa en el interior del disco, como parte de un mineral llamado schreibersita. Después, a causa de las turbulencias, fluye hacia el exterior del disco, bastante más frío. El resultado es una acumulación de fósforo en el exterior. 

En cuanto al nitrógeno, mediante oxidación se libera de algunos minerales que lo contienen, pero es muy volátil, por lo que se mantiene en niveles más bajos. Eso significa que en las capas externas hay una proporción P/N alta. Es decir, mucho más fósforo que nitrógeno.

Cambio de tornas. En las condritas se observa que las tornas cambian. Los elementos de la vida fluyeron hacia el interior. Esto se debe en parte a que el disco ya está más frío después de 3 millones de años, de manera que hay menos turbulencias. Pero no es suficiente para explicar lo que han visto estos científicos. Por eso, consideran que también hay una gran influencia de Júpiter. Los cambios ocurren más o menos a partir del momento en el que se formó este planeta gigante. La sospecha principal es que, al ser tan grande, ejerce una gran influencia gravitacional que actúa como barrera impidiendo que la schreibersita escape hacia fuera. 

Por otro lado, a causa del enfriamiento del disco, los minerales portadores de nitrógeno se estabilizan en el exterior. Eso quiere decir que el exterior se enriquece en nitrógeno, mientras que el interior se empobrece. Sumado a la retención de fósforo interior, el resultado es una proporción P/N interna alta, que coincide con la que hoy en día tenemos en la Tierra y, posiblemente, sirvió como pistoletazo de salida para la formación de vida. En definitiva, Júpiter nos echó un cable. No nos regaló los ingredientes para vivir, pero sí evitó que se escapasen de nuestro vecindario. Ahí estuvo la clave. 

Imagen | Comparación del tamaño de Júpiter y la Tierra (NASA) | Sistema Solar (NASA)

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Un científico quiere construir un escudo espacial contra las tormentas solares. Su arma secreta: litio y bario

Un científico quiere construir un escudo espacial contra las tormentas solares. Su arma secreta: litio y bario

Predecir la llegada de tormentas solares muy fuertes es importante por muchos motivos. No solo para estar ojo avizor y no perdernos las auroras más bonitas. También porque estas podrían afectar a los satélites o los sistemas de comunicaciones terrestres, de modo que es importante tomar precauciones. El problema es que, por mucho que hayan mejorado los métodos de prevención, no podemos hacer mucho más que estar preparados para lo que se viene. Hoy por hoy no hay formas de detener esas tormentas solares. Sin embargo, un científico de la Universidad de Boston ha anunciado que está trabajando en un método para reforzar el escudo natural de la Tierra frente a este tipo de fenómenos.

Un escudo más fuerte. El científico en cuestión se llama Brian Walsh y está trabajando en lo que él mismo ha bautizado como un muro contra las tormentas solares. Su objetivo es enviar seis naves a puntos estratégicos de una órbita geoestacionaria, para que liberen elementos químicos capaces de reforzar el campo magnético. Estos deben ser elementos como el litio o el bario, ya que se convierten fácilmente en iones de carga positiva cuando las radiaciones ultravioleta solares inciden sobre ellos. En ese punto, la carga liberada por las naves se convierte en plasma. 

Precisamente, lo que llega hasta la Tierra con las tormentas solares es plasma también. Sin embargo, hay una gran diferencia. El que proviene del astro rey consta de partículas cargadas que se mueven a muchísima velocidad, con una gran energía. En cambio, el que se liberaría en la magnetosfera sería plasma frío y estático, que actúa como una especie de pared, evitando que ese plasma a gran velocidad atraviese la magnetosfera. 

Un buen escudo cuando la actividad no es demasiado intensa. La Tierra tiene un gran escudo contras las tormentas solares. Generalmente, nuestro campo magnético evita que esas partículas cargadas provenientes del Sol crucen hasta nuestra atmósfera. Eso es así porque generalmente el campo magnético actúa como una especie de raíles sobre los que circula el plasma. Las partículas cargadas eléctricamente quedan retenidas sobre esos raíles, pero no cruzan al otro lado. Solo pueden llegar hasta la atmósfera en los polos, donde la inclinación de las líneas del campo magnético actúa como una especie de embudo

Aun así, ahí puede que las partículas cargadas que provienen de la superficie del Sol ya lleguen algo debilitadas. Interaccionan con los gases de la atmósfera, excitando los átomos y provocando la liberación de la luz que conforma las auroras. Pero no suele haber efectos muy perjudiciales sobre las comunicaciones. En cambio, si la tormenta solar es muy intensa, puede que las partículas consigan deformar los raíles del campo magnético, filtrándose en los polos, pero también en otros lugares de la magnetosfera.

Esquema Pared Solar

Consecuencias históricas. Las consecuencias de este tipo de eventos se han visto en numerosas ocasiones a lo largo de la historia. El caso más dramático posiblemente fue el del Evento de Carrington, que tuvo lugar en 1859. Se considera la tormenta solar más potente que se ha registrado en la historia con consecuencias en la Tierra. A causa de esta gran liberación de plasma desde el Sol se vieron auroras en lugares tan alejados de los polos como Hawái y Cuba, pero también hubo consecuencias menos vistosas, como el incendio de líneas telegráficas en muchas partes del mundo. Otro caso muy sonado y peligroso tuvo lugar en plena Guerra de Vietnam, en 1972, cuando una tormenta solar provocó la detonación accidental de varias minas submarinas magnéticas. 

Y mucho más reciente es la Tormenta de Gannon, que en 2024 afectó a los sistemas de GPS de los tractores de siembra de varios puntos de Estados Unidos, provocando pérdidas de 500 millones de dólares entre los agricultores. Pero la situación podría ser peor. Se calcula que una gran tormenta como la de Carrington podría darse una vez al siglo. No se ha dado ninguna tan grande desde entonces, así que podría darse en un futuro no demasiado lejano. Y hoy en día dependemos mucho más de las tecnologías que entonces. Se calcula que las pérdidas podrían ser de más de 2 billones de dólares.

Un proceso natural. Esta pared artificial que quiere crear Walsh se inspira en un proceso que ocurre de forma natural. Y es que, de vez en cuando, se desprenden pequeños fragmentos de atmósfera terrestre y se unen al campo magnético, reforzándolo ante la llegada de partículas cargadas procedentes del Sol. El litio y el bario harían algo similar, de forma artificial. 

Solo simulaciones: De momento, Brian Walsh ha hecho solo simulaciones de su invento, no lo ha probado en el espacio ni mucho menos. Él mismo reconoce que es un proceso complejo, por lo que debe hacerse perfectamente para que cause más beneficios que problemas. Liberar elementos ionizables al azar podría ser perjudicial si no se hace en el lugar adecuado. Además, se deben buscar las formas de poner las naves en el lugar correcto de su órbita antes de que llegue la tormenta, por lo que es importante agilizar el proceso a la vez que se mejoran los métodos de predicción. 

Hándicaps. Aunque podría parecer que se requiere mucha masa para llevar a cabo este procedimiento, Walsh insiste en que las necesidades de carga entran dentro de las capacidades de lanzamiento actuales. No obstante, reconoce que sí que es un proceso caro. Por eso, sería necesario buscar formas de optimizarlo para que la inversión necesaria no sea tan grande. Por ejemplo, quiere trabajar en la liberación pulsada para que no se despilfarre el material ionizable. 

En definitiva, este método para controlar el clima espacial no es para nada algo que se vaya a utilizar inminentemente, pero está claro que en un futuro necesitaremos algo así. Si no este método, otro, pero nos hace mucha falta algo que nos proteja de las inclemencias más duras del Sol. 

Imagen | NASA | Walsh et al. 

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Combustible sólido reiniciable: el santo grial de la propulsión espacial está más cerca gracias al plasma

Combustible sólido reiniciable: el santo grial de la propulsión espacial está más cerca gracias al plasma

Durante muchos años, la industria aeroespacial ha trabajado en el desarrollo de cohetes impulsados por combustibles sólidos. Estos cuentan con muchas ventajas, como su sencillez, larga vida útil y alta relación empuje-peso. Sin embargo, tienen un grandísimo inconveniente. Una vez que estos combustibles empiezan a arder, sigue haciéndolo hasta que se gastan. No hay manera de parar y reiniciar la reacción, como suele hacerse normalmente en las maniobras espaciales. 

A pesar de todo, un grupo de científicos de Aerospace Corporation, la Universidad del Sur de California y la Escuela de Posgrado Naval ha estado trabajando en el desarrollo de combustibles sólidos de nueva generación, en los que haya soluciones para cada uno de esos inconvenientes. De momento, solo tienen una prueba de concepto en el laboratorio, pero ese primer desarrollo experimental ha dado muy buenos resultados. 

El problema. Los combustibles sólidos son bloques de propelente sólido que incluyen ya en su interior la sustancia oxidante que, con el chispazo necesario, pone en marcha la reacción de combustión. El problema de estos combustibles es que, una vez que empiezan a arder, no hay nada que los pare y los reinicie. Sería útil utilizar electricidad para disponer cuándo empieza y cuándo se para la combustión, pero hasta ahora eso no ha sido posible.  

Un ingrediente y un mecanismo. Estos científicos han desarrollado su combustible sólido con ayuda de un polímero líquido iónico. Aunque este se manipula para formar parte de una matriz sólida, conserva las propiedades de conductividad eléctrica de las sales fundidas con las que se fabricó. 

Por otro lado, este nuevo combustible sólido se somete a un proceso conocido como descarga de plasma pulsado en nanosegundos (NPPD por sus siglas en inglés). En este proceso se generan pulsos de altísimo voltaje muy cortos, de menos de 100 nanosegundos, dando lugar a un proceso de ionización en el que se obtiene plasma como producto. 

¿Luego qué? El plasma del NPPD se genera en el gas de la zona de combustión. Durante la ionización se generan electrones y radicales libres que, gracias a la conductividad iónica del propelente, pueden interactuar con el frente de llama y controlar la combustión. Esta se puede detener o reactivar activando o interrumpiendo los pulsos eléctricos .

Otras ventaja. Otras de las grandes ventajas de estos combustibles es que, debido a su forma compacta, se pueden integrar en todo tipo de plataformas espaciales, desde CubeSats hasta grandes naves.

Los más beneficiados. Aunque muchas agencias y compañías podrían subirse al carro de los combustibles sólidos si llegan a ser viables, los más beneficiados serán los pequeños operadores de satélites, ya que normalmente no pueden permitirse en sus cohetes una etapa superior compleja de base de propelentes líquidos. 

Aunque sean más simples, también necesitan maniobrar, encendiendo o apagando la combustión en pasos como la inserción en órbita. Los motores de combustibles sólidos son más simples y pueden llegar a ser baratos. Si se solucionan los problemas que ya tienen, se convertirán en una verdadera revolución para peces gordos y pequeños. 

Imagen | 中央通訊社

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Hemos pasado años desentrañando una señal del espacio que no debería existir. Y al fin tenemos una "piedra Rosetta" para descifrarla

Hemos pasado años desentrañando una señal del espacio que no debería existir. Y al fin tenemos una "piedra Rosetta" para descifrarla

Corría el año 2018 cuando un equipo de científicos australianos detectó una extraña señal de radio en el plano de la Vía Láctea. El pulso de radio era demasiado lento para cualquier objeto astronómico conocido. Parecía más bien algún tipo de anomalía o error de los telescopios que un nuevo descubrimiento. Sin embargo, en 2025 se localizó otra señal similar. Y luego otra y otra más. Actualmente, hay registradas al menos 12 de estas señales, que han sido bautizadas como transitorios de radio de largo periodo (LPTs). 

Cada una de ellas incluye una nueva característica que hace imposible encontrar un hilo conductor. O al menos había sido así hasta ahora, pues un nuevo grupo de investigadores australianos ha localizado una señal que reúne varias de las piezas del rompecabezas. Ha sido tan útil que coloquialmente la han bautizado como una piedra Rosetta del espacio.

Todas las piezas juntas. La señal localizada en 2018 (aunque se publicó en 2022) ocurría cada 18,18 minutos. Con esa periodicidad, una estrella de la Vía Láctea aumentaba su brillo durante 30-60 segundos, para luego reducirlo de nuevo. Más tarde se localizó un fenómeno similar, en el que se pudo ver más allá. Se identificó un sistema binario formado por una enana blanca y una enana roja. La interacción entre ambas producía la emisión de ondas de radio. Sin embargo, cuando se detectó otro LPT, las emisiones no eran de ondas de radio, sino de rayos X. ¿Cómo se iba a definir un solo fenómeno si cada cual era distinto al anterior? 

La clave, finalmente, ha sido otro LPT, localizado inicialmente por el telescopio ASKAP, de la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth  (CSIRO). Con él, y con la colaboración de otros telescopios, se ha identificado un sistema binario compuesto por una enana blanca y una enana roja, cuya interacción da lugar a un cambio de brillo periódico, acompañado de la emisión de ondas de radio y rayos X. Todo en uno. Con todas las piezas, ya sí se ha podido reconstruir el evento. 

Cuatro telescopios para reconstruir la historia. El nuevo LPT ha sido bautizado como ASKAP J1745-5051. No se puede saber exactamente a qué distancia está, aunque las estimaciones lo sitúan entre una distancia de 1.300 a 30.000 años luz. Las observaciones realizadas con el radiotelescopio ASKAP permitieron localizar una emisión periódica de ondas de radio cada 81 minutos, que se correspondía con un posible LPT. 

Con el fin de comprobar si se daban el resto de condiciones que se habían observado individualmente, se observó con otros tres telescopios. Por un lado, los telescopios espaciales Swift y Einstein Probe, con los que se detectaron emisiones de rayos X. Por otro lado, con el Telescopio de Investigación Astrofísica del Sur (SOAR). Con este se identificó un sistema binario compuesto por una enana blanca y una enana roja que orbitan entre sí con un periodo de 81 minutos. Todo cuadra. 

La historia completa. La conclusión al unir todas las piezas es la siguiente. En cada órbita, la enana blanca, que tiene una gran masa concentrada en muy poco espacio, atrae gravitatoriamente a la enana roja y le extrae material. Este es canalizado por el campo magnético de la propia enana blanca hasta llegar a su superficie, donde choca, produciéndose un aumento de temperatura de millones de grados centígrados. Además, esta interacción tan violenta provoca la liberación de energía en forma de rayos X. Por otro lado, el gas acelerado por los campos magnéticos en choque de ambas estrellas es el que parece producir las señales de radio. 

Una piedra Rosetta. El investigador principal de este nuevo estudio se llama Kovi Rose. Podríamos pensar que esto ha tenido que ver en el hecho de que se hable del hallazgo como una piedra Rosetta espacial. Y quizás haya influido un poco, pero la realidad es que hay más motivos. La piedra Rosetta original fue un fragmento de roca egipcia en el que había un texto escrito en tres idiomas distintos: griego antiguo, jeroglíficos y escritura demótica. 

Gracias a que los arqueólogos de la época sabían hablar griego, pudieron usarlo como base para entender los jeroglíficos. Un idioma les permitió reconstruir otro. En este caso, el nuevo hallazgo también está en tres idiomas: las ondas de radio, detectadas por ASKAP, los rayos X, con los que trabajan Swift y Einstein Probe, y la luz visible de SOAR. Tres idiomas, tres piezas que al leerse juntas pueden ayudar a entender mucho mejor el conjunto. Con esta piedra Rosetta, los autores del estudio esperan poder desentrañar muchas de esas señales misteriosas del Universo. 

Imagen | Hans Hillewaert (Wikimedia Commons)/Magnific

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China tiene un nuevo "cerebro de IA": la tecnología necesaria para espiar y tomar decisiones militares desde el cielo

China tiene un nuevo "cerebro de IA": la tecnología necesaria para espiar y tomar decisiones militares desde el cielo

La Inteligencia Artificial (IA) conlleva muchos beneficios, pero también muchos riesgos. Por eso, eliminar la supervisión humana puede ser una malísima idea. Es un tema bastante recurrente que se ha vuelto a poner sobre la mesa después de que China anuncie que está probando el uso de la IA para avanzar en sus sistemas de vigilancia basados en satélites. 

Muchos expertos han mostrado su preocupación por la posibilidad de que dichos sistemas se empleen con fines militares. Otros países, como Estados Unidos e Israel, han sentado un precedente preocupante, por lo que hay cierto temor a que se pueda hacer un uso indebido de estas tecnologías que termine siendo letal.

Los pasos de China. Durante mucho tiempo, China ha insistido en la importancia de que la IA cuente siempre con supervisión humana. Sin embargo, el anuncio que han recogido medios como Interesting Engineering sigue una premisa distinta. El país asiático pretende que sus sistemas de IA satelitales sean capaces de desglosar tareas complejas, coordinar flujos de trabajo y recuperarse independientemente de posibles fallos. 

Dicho muy resumidamente, usarían algoritmos capaces de analizar información, tomar decisiones y actuar sin necesidad de humanos. La observación satelital puede tener muchos usos, desde analizar el comportamiento animal hasta ayudar a las previsiones meteorológicas. Sin embargo, ese énfasis en que la IA pueda actuar por sí misma recuerda inevitablemente a lo que ya estamos viendo en Estados Unidos con fines militares.

El caso de Estados Unidos. Se sospecha que el ejército estadounidense cuenta con varios sistemas de puntería basados en IA, aunque hay mucha información clasificada al respecto. A grandes rasgos, estos emplearían datos obtenidos mediante cámaras ópticas, infrarrojas, radar, LIDAR y otros sensores para localizar objetivos militares y, posteriormente, disparar si se considera necesario. El pasado mes de febrero, el ataque a una escuela clasificado como erróneo abrió el debate sobre este tema. En él murieron 175 personas, la mayoría niñas. Puesto que se reconoció que fue un ataque equivocado, aumentaron las sospechas sobre la posibilidad de que la IA estuviese detrás. Al tratarse de información clasificada, no puede saberse con seguridad, pero es un riesgo más que tangible. 

Estados Unidos ha contratado actualmente a SpaceX para mejorar la conectividad de los tiradores y que reciban cuanto antes la información de disparar o no. Está claro que quieren seguir avanzando en este aspecto y es algo que, lógicamente, preocupa mucho a los expertos.

El caso de Israel. No es exactamente lo mismo, pero Israel también ha dejado decisiones bélicas en manos de la IA, con resultados preocupantes. Por ejemplo, cuentan con un sistema que utiliza datos procedentes de llamadas telefónicas, redes sociales, metadatos, información visual o contactos, entre otras fuentes, para determinar quiénes pueden ser objetivos. Según una investigación de +972 Magazine, en las primeras semanas de la guerra contra Palestina detectó a 37.000 objetivos como miembros de Hamás. El propio ejército reconoció que el algoritmo tiene un 90% de probabilidad de acertar. Esto nos da pistas de lo catastrófico que puede resultar.

¿Más transparencia? China ha asegurado que tendrá más transparencia que otros países al introducir la IA en el manejo de sus satélites. No obstante, esto no minimiza la preocupación de los expertos. De momento, parece ser que los algoritmos han logrado esquivar obstáculos de forma independiente en la fase de pruebas. Para que sean capaces de disparar, si se llegan a usar con ese fin, aún queda mucho camino por recorrer. Pero resulta viable. Por eso, es urgente que se tomen medidas para regular lo máximo posible el uso de IA sin supervisión humana. 

Hay demasiados seres humanos con pocos escrúpulos, pero incluso esos puede que tengan algún reparo más que las máquinas. Una IA no puede mostrar preocupación, ni conciencia ni ética. Tampoco pregunta antes de disparar si no se le indica que tiene que hacerlo. Por eso, si queremos que maneje satélites capaces de observar y controlar lo que hacemos en el planeta, sería aconsejable que nos aseguremos de que alguien con escrúpulos siga estando al mando. Aunque en algunos contextos eso sea difícil de encontrar. 

Imagen | Kevin Stadnyk (Unsplash)/Magnific

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El James Webb ha encontrado algo que no debería existir: una barra estelar en una galaxia demasiado joven y gaseosa

El James Webb ha encontrado algo que no debería existir: una barra estelar en una galaxia demasiado joven y gaseosa

El telescopio espacial James Webb lo ha vuelto a hacer. Ha encontrado en el Universo un fenómeno que contradice la física conocida hasta el momento. En este caso, el hallazgo consiste en una barra estelar en una galaxia que no debería albergar una estructura de este tipo. Lo bueno es que, bien entendido, este hallazgo puede ayudar a desentrañar un misterio para el que no había explicación. Habrá que modificar lo que sabíamos sobre galaxias, pero a cambio tenemos respuestas a preguntas que antes no la tenían.

Una barra estelar en GN20. Se conocen muchas barras estelares en el Universo cercano. Incluso se sabe que hay algunas en nuestra Vía Láctea. Sin embargo, no se encuentran en puntos cercanos al Big Bang porque son de formación lenta, de modo que no podrían haber nacido tan pronto. Además, en esas primeras etapas del Universo había mucho gas en las galaxias, cuyo movimiento se cree que inhibiría la formación de barras estelares. 

Todo esto es lo que hace tan raro el hallazgo descrito recientemente por un equipo de científicos de la Universidad de Leiden. Y es que, gracias al James Webb, han encontrado una de estas estructuras en GN20, una galaxia masiva muy antigua y rica en gases, que se formó unos 1.500 millones de años después del Big Bang. Es una galaxia demasiado joven y con demasiado gas para albergar ya una barra estelar formada. Nada cuadra.

Aclaremos conceptos. Las barras estelares son disposiciones alargadas de estrellas que se encuentran en el centro de las galaxias, girando como una unidad rígida. Con este giro arrastran el gas a su alrededor y lo conducen al núcleo galáctico como si de un embudo se tratase. Esto, posiblemente, sirve para alimentar el agujero negro central de la galaxia. 

La detección está clara. Los autores del estudio han confirmado que están ante una barra estelar mediante tres métodos distintos. Para empezar, se llevó a cabo una técnica llamada análisis isofocal. Esto consiste en dibujar sobre una galaxia una serie de líneas imaginarias que unen puntos con el mismo brillo. Es algo parecido a lo que se hacen en los mapas topográficos con las curvas de nivel. Una vez hecho esto, se pueden detectar cambios en el brillo que indiquen la presencia de estructuras concretas. 

En este caso, la luz de la galaxia se estira y gira de un modo que se corresponde con una barra estelar. Pero eso no es todo, también se ha comprobado su existencia con un análisis matemático independiente y con las observaciones del telescopio NOEMA. Una vez detectada esta estructura, había que verla con la mayor nitidez posible. Ahí entra en juego el James Webb, cuya cámara de infrarrojo cercano es capaz de ir más allá del velo de gas y polvo que dificulta las observaciones en las etapas más antiguas del Universo. 

Barra Estelar

Un tamaño imposible. Con todas estas observaciones también se pudo medir la galaxia, que se extiende a lo largo de 7 kilopársecs o, lo que es lo mismo, 22.800 años luz. Es demasiado grande para la física conocida. Por un lado, por lo que ya hemos visto. Para llegar a crecer tanto debería haber empezado a formarse hace mucho tiempo y, supuestamente, en las etapas más jóvenes del Universo no se podría formar una estructura así. Y, por otro lado, porque una barra estelar tan grande debería colapsar según la descripción de los modelos actuales. 

Gas al rescate. Estos científicos han descubierto que, curiosamente, esta galaxia ha sobrevivido tanto tiempo gracias al gas. Hemos visto que, normalmente, el gas dificulta su formación. Pero eso ocurre cuando el gas se mueve de forma lenta y ordenada. En cambio, en este caso en el disco interno de la galaxia hay gas altamente turbulento que actuaría como escudo gracias a un fenómeno conocido como cizallamiento radial.

¿Cizallaqué? Normalmente, el gas en las galaxias se mueve en círculos concéntricos, de tal manera que los del centro se mueven más deprisa y los de fuera más despacio. Esto se conoce como rotación diferencial. En este caso, en cambio, hay movimientos turbulentos, con el gas moviéndose de forma desordenada, de tal manera que en distintos anillos se roza, arrastra y mezcla. Esa es la cizalladura radial. Esto, a grandes rasgos, ayuda a que la barra crezca en lugar de entorpecer su formación. 

Dos puntos clave. Al entrar con el James Webb a observar de cerca la barra estelar se vieron dos detalles importantes. Por un lado, en el punto en el que esta coincide con el disco externo de la galaxia, al sur, hay una gran acumulación de gas que actúa como punto caliente para la formación de muchas estrellas. Por otro lado, en el centro la barra contribuye a barrer mucho material hacia el interior del agujero negro del núcleo galáctico. 

Lo que nos enseña. Todo esto nos hace replantearnos la física de las barras estelares, pero también ayuda a los científicos a entender algo que hasta ahora era un misterio: los gigantes elípticos inertes. Estas son galaxias muy grandes y jóvenes que ya están inactivas. Es decir, ya no se están formando nuevas estrellas en su seno. 

Con todo lo descubierto en GN20, los autores del estudio que se acaba de publicar consideran que las barras estelares podrían ser el motivo. Al crear puntos calientes de formación de estrellas y barrer material hacia el agujero negro, básicamente hacen que la galaxia viva muy deprisa. Crea muchísimas estrellas muy rápido y gasta su combustible antes de tiempo. Viven deprisa, mueren jóvenes y dejan un enigmático cadáver que, quizás, ya no sea tan enigmático. 

Imagen | NASA | Leindert A. Boogaard et al (2026).

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Le han preguntado a 1.600 expertos cómo funciona el Universo. No se ponen de acuerdo en casi nada

Le han preguntado a 1.600 expertos cómo funciona el Universo. No se ponen de acuerdo en casi nada

Continuamente leemos noticias sobre nuevos hallazgos que desafían la física conocida del Universo. Esto puede llevarnos a preguntarnos algo: ¿tan poco sabemos sobre el Universo como para que absolutamente todo lo desafíe? Para responder a esta pregunta es importante dar un poco de contexto. Sí que se sabe muchísimo sobre astrofísica, pero cuando hablamos de algo tan inmenso como el Universo incluso ese “muchísimo” se puede quedar corto. 

Además, buena parte de esa información se basa en hipótesis que se han aceptado como consenso, pero no en verdades absolutas. Por eso, no es raro que en la encuesta más amplia que se ha realizado nunca a astrofísicos y aficionados a la astrofísica se haya comprobado que existe bastante desacuerdo en casi todo lo relacionado con el cosmos.

La encuesta más amplia. En 2024, durante una conferencia de astrofísica en Copenhague, se llevó a cabo una encuesta en la que participaron 85 expertos. Todos ellos tuvieron que contestar una serie de preguntas sobre algunas de las teorías más conocidas de la astrofísica. Con esta encuesta se vio que hay bastante desacuerdo, incluso en aquellas teorías en las que se supone que hay un gran consenso. 

Con el fin de comprobar si esos desacuerdos eran fruto del tamaño de la muestra, en 2025 se llevó a cabo una nueva encuesta, esta vez con 1.600 personas que tuvieron que responder a 11 preguntas. Algunos participantes eran expertos de la Sociedad Americana de Astrofísica. Otros eran aficionados lectores de la revista Physics Magazine. Con una muestra mayor, los resultados fueron muy parecidos. Hay muy poco consenso. 

De hipótesis a certezas. La ciencia en general, y la astrofísica en particular, se construye a base de hipótesis que van evolucionando a medida que se hacen avances científicos. Por eso, muchas veces está más llena de probabilidades que de certezas. Es importante diferenciar distintas ramas de la ciencia. En ciencias de la salud, sí hay certezas. Por ejemplo, sabemos que los antibióticos atacan a las bacterias y que no son útiles frente a los virus, por mucho que muchas personas se empeñen en tomarlos para la gripe. También sabemos que ese abuso de los mismos puede ser muy perjudicial, ya que contribuye al desarrollo de resistencias en las bacterias. Esas sí son certezas, aunque lógicamente también hay información que va evolucionando con el tiempo. 

En astrofísica, las hipótesis aceptadas por consenso a menudo abundan más que las certezas. Hay certezas clarísimas, como que la Tierra no es plana o que gira alrededor del Sol. Pero también algunas hipótesis con las que ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo.

Gana la inflación cósmica. La cuestión en la que hubo un mayor consenso en la encuesta de 2025, cuyos resultados se han publicado recientemente, fue la inflación cósmica. Es decir, la hipótesis que apunta a una expansión exponencial del Universo que comenzó en sus primeros momentos, después del Big Bang. El 51% de los encuestados estuvo de acuerdo en que esta teoría explica muchos problemas de la cosmología de golpe y, por lo tanto, tiene una gran probabilidad de ser cierta.

Big Bang

Hablando del Big Bang. La existencia del Big Bang fue otra de las teorías con mayor consenso en la encuesta, aunque lo cierto es que la cifra tampoco es para tirar cohetes. Un 25% de los participantes estuvo de acuerdo en que este evento dio origen al Universo hace 13.800 millones de años. En cambio, hubo un 68% de personas que señalaron que el Universo nació en un momento en el que se produjo un gran aumento de temperatura y densidad, pero no señalan cuándo ocurrió eso. 

Desacuerdos con la materia oscura. En el Universo se han observado comportamientos gravitacionales que no responden a la masa observada. Es decir, parece como si hubiese objetos masivos ejerciendo una atracción gravitatoria sobre otros, pero no se detectan esos objetos, ni siquiera grandes acumulaciones de átomos. No hay nada. Un 27% de los encuestados considera que esto puede explicarse con la existencia de materia oscura. Sin embargo, hay un 12% que creen que todo esto puede deberse a cambios en el comportamiento de la gravedad a escalas cósmicas. Es decir, que cuando hablamos de la inmensidad del Universo, la gravedad que ejercen los objetos no es la misma. 

Por otro lado, hay un 5% de personas que consideran que la clave está en los agujeros negros primordiales. Aunque aquí debemos incidir en que una de las hipótesis sobre el origen de la materia oscura es que esté formada en parte por agujeros negros primordiales, así que estos no estarían negando su existencia.

La teoría de cuerdas para solucionar incompatibilidades. La teoría de la relatividad general se planteó a escalas cósmicas, de gran tamaño. En cambio, la mecánica cuántica habla del comportamiento de la materia a escala subatómica. Ambas cuestiones parecen incompatibles, pero para comprender el Universo necesitamos obrar a ambas escalas. Por eso, durante mucho tiempo se ha pensado en una teoría que ayude a unificar ambas cuestiones. Esta, para el 19% de los encuestados, es la teoría de cuerdas. En ella, las partículas subatómicas, en vez de tratarse como puntos, se consideran estados vibracionales de un objeto extendido más básico, llamado cuerda. 

Normalmente, cuando intentamos calcular la energía de una partícula considerándola un punto matemático, sin extensión, nos vamos  acercando más a ella eternamente. Podemos hacer una especie de zoom infinito. En cambio, cuando los puntos se sustituyen por cuerdas con una longitud mínima, debe obtenerse necesariamente un resultado. No se tiende al infinito. Por otro lado, en la teoría de cuerdas la gravedad, que normalmente no se considera a escala cuántica, surge naturalmente.

Otra hipótesis. La cuestión es que, en la encuesta de la que estamos hablando, hay un 12% de personas que consideran que la teoría de cuerdas no resuelve el problema, sino que lo hace otra teoría: la de la gravedad cuántica en bucle. Esta, básicamente, actúa de una forma totalmente opuesta. La teoría de cuerdas surge con la mecánica cuántica como partida e intenta buscar formas de que la gravedad tenga sentido. 

En cambio, la teoría de la gravedad cuántica en bucle parte de la Teoría de la Relatividad General y se intenta cuantizar de manera que tenga sentido. Dicho de otro modo, la teoría de cuerdas va de lo más pequeño a lo más grande y la de la gravedad cuántica en bucle va de lo más grande a lo más pequeño. Son opuestas y las opiniones sobre ellas están muy divididas. 

Los aficionados también controlan. Algo interesante de esta encuesta, en comparación con la de Copenhague, es el hecho de que también incluye aficionados. Y lo más curioso es que los resultados no varían demasiado. Sigue habiendo los mismos desacuerdos. Los aficionados tienen las mismas dudas que los expertos. Y es que, en astrofísica, hay muchísimas dudas. Pero precisamente eso es lo que hace tan emocionante cada hallazgo que ayuda a disipar unas pocas de ellas. 

Imagen| NASA/Magnific | NASA

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Elon Musk no quiere solo llegar a la Luna, también quiere convertirla en una fábrica de satélites lanzados con catapultas

Elon Musk no quiere solo llegar a la Luna, también quiere convertirla en una fábrica de satélites lanzados con catapultas

¿Qué tienen en común China, SpaceX, Auriga Space y Electromagnetic Launch? Bueno, posiblemente varias cosas, pero una de ellas es que han manifestado su interés en usar cañones de masa para hacer lanzamientos desde la Luna. Dicho a muy grosso modo, quieren emplear catapultas electromagnéticas cargadas con satélites o materiales de construcción hacia otros puntos del espacio. 

Hoy por hoy, las tecnologías existentes no están optimizadas para lanzar grandes cargas, pero con tanta potencia interesada no sería raro que finalmente se consiguiese. Las implicaciones éticas serían muchísimas incluso si solo se centraran en la ciencias y las comunicaciones. Sin embargo, podría ser aún peor; pues, según el análisis recién publicado por un experto, la llegada de las aplicaciones militares sería solo cuestión de tiempo.

De las rocas lunares a las ojivas nucleares. La idea del cañón de masa lunar la propuso inicialmente un científico llamado Gerard O’Neill en los años 70. Su idea era usarlos para extraer minerales de la Luna y lanzarlos al espacio para construir con ellos colonias espaciales. Con el tiempo, muchas agencias espaciales, públicas y privadas, se han interesado en su uso. Por eso, el analista independiente especializado en seguridad cislunar Andre Sonntag acaba de publicar un informe en el que relata los riesgos que conllevarían estas catapultas. 

Si la tecnología necesaria se optimiza para lanzar grandes cargamentos, podrían usarse para lanzar sondas dirigidas a destruir satélites, proyectiles inertes e incluso naves cargadas con ojivas nucleares. Además, si los lanzamientos se hacen desde la Luna pueden ser más difíciles de detectar por los sistemas de alerta temprana convencionales, por lo que muchos ataques pasarían desapercibidos. 

Un diseño ingenioso. En realidad, los cañones de masa son sistemas muy interesantes para el lanzamiento espacial. Consisten en una pista en la que se coloca un electroimán tras otro. Por encima se hace circular un carro metálico que va siendo atraído por dichos imanes. Cada uno de esos electroimanes se activa justo cuando el carro pasa sobre él, dándole un nuevo impulso, de manera que se acelera cada vez más y más. 

El objetivo es llegar a los 2,4 kilómetros por segundo, ya que esta es la velocidad necesaria para escapar de la Luna. Cuando esto se consigue, la carga a bordo del carro sale disparada hacia el espacio. En definitiva, se consigue catapultar lo que hay dentro del carro sin necesidad de consumir propelente. 

Mejor en la Luna. Este sistema se ha planteado históricamente para su uso en la Luna por dos razones. Para empezar, al contrario de lo que ocurre con un cohete convencional, se alcanza una velocidad muy alta muy pronto. Si el proceso se hiciese en la Tierra, el cohete llegaría tan acelerado a la atmósfera que se incendiaría por la fricción al cruzarla. En cambio, en la Luna no hay atmósfera clásica. Por otro lado, como la gravedad en la Luna es muchísimo más baja, se necesita una velocidad más baja que la que haría falta para escapar por este sistema en la Tierra.

El caso de Elon Musk. En su informe, Sonntag no ha mencionado a ninguna empresa ni agencia. Sin embargo, es bien sabido que Elon Musk habló del uso de estos cañones de masa el pasado mes de febrero. Lleva mucho tiempo manifestando su interés por establecer centros de datos en el espacio y fabricar satélites de IA directamente en la Luna. Con ello se evitarían las limitaciones de energía, gestión térmica y logística de lanzamientos que le supone la Tierra para su ambicioso plan. El vacío del espacio serviría como refrigerante y se podría usar la energía solar para obtener electricidad. 

La lista de espera de lanzamientos, además, estaría mucho más despejada que en la Tierra. Para no tener que andar llevando grandes cantidades de combustible a la Luna, su idea es hacer los lanzamientos de esos satélites directamente desde nuestro satélite. Por eso ha hecho ya mención en varias ocasiones a las catapultas electromagnéticas.

Hay legislación, pero es difícil de asegurar. El Tratado de las Naciones Unidas sobre el Espacio Exterior prohíbe terminantemente la construcción de instalaciones militares en los cuerpos celestes. También prohíbe hacer lanzamientos nucleares desde el espacio. Sin embargo, Sonntag señala en su informe que sería algo bastante difícil de comprobar. Por eso, incide en su preocupación si este tipo de sistemas avanzan, dado el interés de magnates como Elon Musk. 

Las cargas útiles que se podrían lanzar con las tecnologías actuales son minúsculas. De hecho, lanzar satélites funcionales directamente con uno d estos cañones es ciencia ficción. No obstante, la tecnología avanzará. Para entonces, deberemos estar preparados, pues quienes no tienen escrúpulos en la Tierra tampoco los tendrán en el espacio. 

Imagen | SpaceX/xAI

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El robot con el que quieren explorar los túneles de Marte es un bicho bola relleno de drones diente de león

El robot con el que quieren explorar los túneles de Marte es un bicho bola relleno de drones diente de león

El ser humano lleva 30 años enviando rovers a Marte. Sabemos bastante sobre su superficie, pero aún hay muchas regiones inexploradas. Un buen ejemplo son sus túneles. El planeta rojo tiene la mayor red de túneles conocida del sistema solar, pero no ha habido ningún vehículo capaz de entrar en ellos y explorarlos desde dentro. Por eso, un equipo de científicos del Instituto de Minería y Tecnología de Nuevo México lleva varios años trabajando en una solución de lo más original: enviar a las cuevas un robot bicho bola, relleno de drones diente de león. Suena rarísimo, pero tiene sentido.

Biomimética para entrar a los túneles. El profesor Mostafa Hassanalian, de New México Tech, lleva varios años trabajando en este proyecto, pero recientemente el tema ha vuelto a las redes después de que este le conceda unas declaraciones a Space. En ellas les cuenta, a grandes rasgos, el objetivo de su investigación. Esta se basa en la biomimética. Es decir, en el desarrollo de tecnologías inspiradas en la naturaleza. Concretamente, pretende desarrollar dos tipos de drones: uno inspirado en las cochinillas y otro que funciona como las plantas de diente de león. 

La cochinilla, conocida coloquialmente como bicho bola, puede entrar en sitios pequeños y proteger su propio cuerpo al encogerse en forma de bola. En este caso protege su interior, porque lleva escondidos un montón de pequeñísimos robots que se esparcen por el aire como las semillas de diente de león. 

El problema. Marte está lleno de túneles de origen volcánico. Se han encontrado algunos extendidos hasta por 1.200 kilómetros, con tubos de lava de más de 250 metros de diámetro. No son precisamente túneles pequeños. Los rovers que actualmente se encuentran en Marte, como Curiosity o Perseverance, no tienen la capacidad de introducirse en estos túneles. Por eso, si hay algo interesante, no podremos saberlo hasta que los humanos viajen al planeta rojo. Si lo que hay es peligroso, mejor verlo antes de entrar. Se necesitan métodos para ver el interior de esos túneles.

La solución. El equipo de Hassanalian ha ideado dos tipos de robots. Por un lado, el que imita a la cochinilla es una esfera que se puede introducir por un agujero cavado en el techo de los túneles. Una vez dentro de estos, la bola se abre, como una cochinilla que deja de hacerse bolita, y libera su contenido: miles de pequeños drones muy ligeros, que se pueden desplazar a kilómetros de distancia gracias al viento. 

Robots Para Tuneles Marcianos

Limitaciones superadas. Este tipo de dispositivos se encontrarían con varios obstáculos, para los que Hassanalian ya ha pensado una solución. El primero sería que no tenemos ni idea de si habrá viento suficiente en el interior de los túneles. Sabemos que Marte sí puede ser muy ventoso, llegando a alcanzarse los 100 kilómetros por hora. Sin embargo, los túneles podrían estar resguardados. Por eso, este científico planea incorporar un ventilador en el robot principal que ayude a impulsar los mini drones dientes de león. 

Además, los propios agujeros que se harían en el techo para introducir el robot ayudarían a impulsar las semillitas. Por otro lado, la luz del Sol no puede acceder al interior de los túneles, por lo que no podrían alimentarse con energía solar. Esto se soluciona usando piezoelectricidad. Es decir, materiales que generan electricidad al ser sometidos a presión mecánica.

Multitud de sensores. Los drones irán cargados con sensores de humedad y temperatura que permitan analizar las condiciones internas de los túneles. Además, también ayudarían a mapear los conductos y hacer un plano de la red de túneles marcianos. Todo eso se enviaría a los investigadores a través de señales de radio. De momento, estos dos tipos de robots no se han llegado a construir ni probar, pero la idea es de lo más prometedora. Con la financiación suficiente para que pueda llevarse a cabo, tendríamos una solución muy ingeniosa para mirar en esos puntos ciegos del planeta rojo. Y todo gracias a un animal y una planta de nuestro propio planeta. 

Imagen | Magnific/Dave Huth | Nex México Tech. 

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