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Celebración de la Marina

31 Mayo 2026 at 05:02

Uno de mis primeros trabajos, en mi época de estudiante de periodismo, fue realizar coberturas para la Marina. Una etapa fascinante y formadora.

Me tocó desde simulacros en el muelle de la Armada, visitas a astilleros, entrevistas a personajes ligados al gremio, congresos e incluso la cobertura a la fiesta oficial que mañana se celebra.

Aprendí mucho: desde los primeros secretos del periodismo hasta la urgencia de la carretera Mazatlán-Durango para ofrecer a las navieras conexión veloz con Monterrey y la costa este de los Estados Unidos, así como el conflicto del impuesto a los activos fijos, principal tope al crecimiento de nuestra industria naval.

El de la Marina es un mundo muy complejo y vivo, con intensas ramificaciones en la vida en tierra y el campo internacional.

Pero mañana lunes, en su día, alcemos en alto la bandera del festejo para conmemorar el día de nuestra Marina, jornada en la que se celebra a los hombres y mujeres que no pudieron negarse a una vocación esencialmente acuática, ligada al aliento del mar y el enigma de sus navegaciones.

Aires de memoria, el espíritu aventurero por lo general encuentra como primera inclinación el llamado de las mareas y las corrientes submarinas, canto de sirenas que no proviene de los arrecifes, sino del horizonte henchido de velas, arboladuras y estelas fosforescentes.

Por costumbre, a veces los profanos - y más ahora- confundimos el concepto de Marina con la fuerza armada marítima. El Día de la Marina incluye también a las embarcaciones civiles y mercantes que navegan con pabellón mexicano.

No hay que confundirlo con el Día de la Armada de México, cuya fecha conmemora la consolidación de la Independencia de México, ocurrida en el mar el 23 de noviembre de 1825.

En esa fecha, la recién integrada Marina de Guerra mexicana, bajo el mando del Capitán de Fragata Pedro Sainz de Baranda, logró la rendición del último reducto de tropas españolas que se encontraba atrincherado en la Fortaleza de San Juan de Ulúa, Veracruz.

Mañana por nuestros puertos se inicia un leve recorrido en que se levan anclas y se marcha avante, ese evocador término que nombra el avance de un navío mientras rompe el oleaje con la proa airosa.

Sinaloa tiene varios motivos para compartir este orgullo. No olvidemos que la única batalla naval de la Revolución Mexicana se llevó a cabo en Sinaloa.

Por ello, dos de las calles más antiguas del puerto de Mazatlán llevaron los nombres de “Cañonero Tampico” e “Hilario Rodríguez Malpica”, quien fuera capitán de dicha nave... aunque ya está calle ahora se llama “Liverpool” y está consagrada a cuatro músicos ingleses de los años 60.

Otra particularidad náutica de Mazatlán es el edificio de la primaria General Ángel Flores: única institución educativa construida con forma de ancla, en homenaje al revolucionario quien se ganara su sustento en el mar. Y, visto de frente, el plantel nos recuerda a un navío en marcha.

No olvidemos que en Topolobampo se rescató la historia del primer combate aeronaval de la historia y lo suelen celebrar con un simulacro. Teacapán hace también una fiesta que involucra bastante a la población.

La impronta marina se respira incluso en más motivos arquitectónicos. Fijándonos bien, veremos la existencia de varias casas en el centro de Mazatlán con líneas y giros que evocan más a un buque en dique seco que a una vivienda familiar. Art Decó.

La poeta Julieta Montero vivió en una casa familiar que parece un barco ascendiendo la cresta de una ola, con escalerillas, cubiertas y puente de mando. Otros viven en fincas con claraboyas inmensas y ruedas de timón por ventanas.

Las generaciones de marinos que han surgido del puerto y su escuela han dejado huellas. Hagamos una mención especial para los tripulantes del “Potrero del llano” y el “Faja de oro”, hundidos durante la Segunda Guerra Mundial que llevaban marineros de esta zona. Me tocó incluso reportear un homenaje al último sobreviviente de esa tripulación.

Siguiendo con las calles no muy conocidas de Mazatlán, ¿sabía usted que la calzada Joel Montes Camarena, que comunica al faro con el cerro del Vigía, se llama así en homenaje al último marino del mundo que tomó la difícil decisión de hundirse con su barco? Era egresado de la Escuela Náutica de Mazatlán.

Más allá de las circunstancias del hecho, sólo quisiera asentar que me parece una verdadera justicia poética que se nombre así a una calzada construida en un sitio que antes fuera el mar rompiente. En efecto, me refiero a la ruta que nos lleva al faro en cuya vera se encuentran las flotas deportivas.

Hoy esperemos que nuestra industria marina siga avante y, como decía Robert Luis Stevenson, con viento de popa y la mar en calma.

Escuchando a Bach entre la tormenta

24 Mayo 2026 at 05:02

“Me gusta tocar con el coro a mis espaldas. Me siento en un mar inmenso, mientras resuena esa bestia de gloria detrás de mi”.

Eso me comentaba un amigo músico, solista de violín, y en verdad no muy religioso, pero que decía sentirse exaltado cada vez que tocaba la música de Johann Sebastian Bach.

Vale la pena explicarlo: en algunas salas de concierto que no son teatro para representaciones escénicas, sino exclusivas para experiencias auditivas, detrás de la orquesta suele haber un graderío para los integrantes del ensamble de voces.

Por ello, debe ser grandioso ser parte de una orquesta sinfónica y escuchar detrás de nosotros las resonantes y educadas voces de los otros artistas uniéndose al concierto.

Bach, el compositor ciego de la vieja Alemania, es un epítome y guía para los amantes de la música y su sensibilidad llega en vastedad a quienes aun no identifican su obra.

“Si alguien le debe todo a Bach es Dios”, decía el filósofo Emil Cioran.

Hay quien afirma que Johann Sebastian Bach fue el quinto evangelista. Aunque su música sacra ha tenido más auge en el mundo protestante posterior a Lutero, a nivel mundial resuenan melodías suyas como “Jesús, alegría de los hombres” o “La pasión según San Mateo”.

Bach fue un hombre feliz. Se casó dos veces por amor; la segunda, al enviudar, con una joven cantante que admiraba, tuvo veinte hijos y vivió rodeado de ellos, además de alumnos que lo visitaban y tocaba él mismo el órgano en su iglesia los domingos.

Algunos sociólogos sostienen que Alemania se volvió el país de la música por sus grandes inviernos, por los largos periodos de reclusión que exigía el clima. Eso volvía necesario sacarle brillo al violín, la armonía familiar como fuente de comunión con los signos religiosos cantados frente a la chimenea.

Sentir así, la emoción más profunda ante el misterio de la vida con la armonía de las voces o un piano bien afinado.

Lo sagrado es el primer sentimiento del ser humano y la emoción fundamental ante el asombro del mundo.

Yo aprendí las bases de la música en secundaria y tuve dos maestros con puntos diferentes sobre el tema. Rivales.

Los primeros dos años, uno de ellos nos enseñó a tocar melodías populares, algunas incluso bastante remotas, con el fin de que se pudiese articular una rondalla o estudiantina pronto, usando su método silábico.

Lo más elevado fue el “Himno a la alegría”, que acababa de ser popularizado en versión pop por Miguel Ríos. O el vals “Los patinadores”.

Sin embargo, en la vastedad de la escuela, sobre todo en las cansadas horas vecinas del mediodía, a veces me llegaba el sonido de los otros grupos avanzados que, con sus flautas dulces, acometían la pureza de Bach.

Hasta el tercer año nos dio otro profesor, que era mas formal y fantoche, y nos exigió leer por nota y ahí sí entramos directo a esa llama de amor viva, aunque no estábamos preparados para descifrar tan rápido el pentagrama.

El rimbobante tipo pasaba más tiempo denostando el método facilista de su antecesor y gustaba humillarnos por esa ignorancia. Como nos hizo daño, pero al menos no enseñó el famoso y sencillo minueto. Espero que reciba un Purgatorio con música de Yuri y los Xochimilcas.

El minueto de Bach quizás nos llegó porque una cantante española, llamada Karina, lo puso de moda en versión vocal como “Concierto para enamorados”... (“Hoy, ya no sale el sol, el cielo se ve nublado” etc...)

No me apena confesar que llegué a los grandes vía interpuesta la cultura popular. ¿En qué momento se detuvo esa tendencia y quedamos franqueados por la corriente de lo demasiado corriente y recurrente?

A veces, los seres humanos se achatan en su alma cuando no están en contacto con algo más poderoso que sus referentes inmediatos.

Nos hace mal la ausencia de una energía desbordante como la de Bach, los poderosos capítulos de una novela como Crimen y Castigo o incluso una representación parroquial de un misterio religioso o danza telúrica como la del venado, aunque sea la versión alterada de Amalia Hernández.

Hay que ser capaces de elevarse con algo que no sean las drogas, el dinero bien habido o mal habido y esos corridos que más parecen un sistema de programación mental.

La cultura de las bellas artes -lo sabemos bien- no detiene las balas, pero también es lo que podemos anteponer a la barbarie. Y no se trata de seamos acomplejados pueblos conquistados ante superioridades raciales falsas.

Fue en Alemania, un país de una gran cultura con una gran crisis económica y moral, donde una parte de la población decidió que otra parte de su población no tenía derecho a existir ni ser respetada.

Sí, el campo de concentración de Buchenwald estaba a pocos pasos del sitio donde Goethe, el escritor, entonaba elegías a un árbol prodigioso. La gran catedral de Colonia vio marchar frente a su fachada a las botas del nazismo.

A pesar de su grandeza cercana, los cultos germanos no estuvieron exentos de las contradicciones que provoca nuestra cambiante condición humana.

El ser humano es igual aquí en Sinaloa y en Alemania, al margen de su substrato social o educativo. Ambas culturas tienen acceso a Bach, a Haendel, a Friedrich Nietszche o la loca doctrina nazi que llevó a un tipo a dispararle a gente inocente en Teotihuacán.

Debemos asumir más que nunca lo mejor y más prodigioso de las otras culturas. Cuando Bach se detiene, aún sigue sonando dentro de nosotros.

Y aún sigue soñando entre nosotros... Dejemos que ese mar inmenso resuene como un coro al frente y detrás de nosotros, en especial en estos momentos de incertidumbre, duda y ausencia de futuro.

Si la música despeja el alma, entonces que suene.

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